Rosalía vuelve y lo hace envuelta en luz. ‘LUX’ no es solo un álbum, es un manifiesto espiritual, un viaje sonoro que mezcla rumba, electrónica, flamenco y poesía. Tras el huracán de MOTOMAMI, la artista catalana se desnuda emocionalmente para explorar el alma, la feminidad y la conexión divina.
Rosalía canta sobre el amor, el ego, la pérdida y la fe, pero lo hace desde un nuevo punto de equilibrio: el de quien ha encontrado paz entre la vulnerabilidad y el poder.
El renacer de Rosalía en LUX: explicación canción por canción
1. Sexo, Violencia y Llantas
Rosalía abre el disco como quien enciende una vela en una catedral moderna. La percusión insiste como un corazón que late entre el cielo y el asfalto, y su voz (entre susurros y plegarias) marca el tono confesional del álbum. Aquí, Rosalía plantea su tránsito del cuerpo al alma: la redención a través de la materia:
‘En el primero, sexo, violencia y llantas
Deportes de sangre, monedas en gargantas
En el segundo, destellos, palomas y santas’
2. Reliquia
Una plegaria pop que suena a mapa emocional. Con violines etéreos y coros casi litúrgicos, Rosalía recorre ciudades como si fueran heridas o recuerdos sagrados. La estética recuerda al barroco contemporáneo que siempre la acompaña: exceso, emoción y pureza.
‘Pero mi corazón nunca ha sido mío, yo siempre lo doy, oh
Coge un trozo de mí, quédatelo pa’ cuando no esté
Seré tu reliquia’
3. Divinize
Cantada en catalán e inglés, esta canción se siente como un ritual de transformación. Rosalía juega con lo abstracto, con texturas vocales que se pliegan y repliegan como plegarias electrónicas. Aquí, “divinizar” no es un acto religioso sino artístico: el poder de convertir lo humano en arte.
‘A través de mi cuerpo, puedes ver la luz
Me lastimaré, me comeré todo mi orgullo
Sé que fui hecho para divinizar’
4. Porcelana
Una joya sonora. Rosalía recita en latín, canta en japonés y flota sobre un piano cristalino. Porcelana habla de fragilidad y luz, del arte como piel que se puede romper. Es una de las piezas más cinematográficas del álbum, donde el silencio tiene tanto peso como la voz. Es un retrato de la vulnerabilidad: una figura de porcelana que brilla incluso al borde de romperse.
‘Mi piel es fina, de porcelana
Y de ella emana
Luz que ilumina, o ruina divina’
5. Mio Cristo Piange Diamanti
Una ópera en miniatura. Rosalía canta en italiano, con tono de soprano barroca, sobre un Cristo que llora diamantes. Es la consagración de su fe estética: el lujo entendido como elevación espiritual. La producción orquestal envuelve la voz en un aura divina: pura teatralidad sacra.
‘Sei l’uragano più bello
Che io abbia mai visto
Il migliore dei dolmen’
6. Berghain (ft. Björk y Yves Tumor)
El corazón oscuro del disco. Inspirada en el club berlinés, la canción fusiona lo místico con lo carnal. Björk y Rosalía se confunden en un mantra futurista que suena a misa techno. Los coros, las distorsiones y la orquesta convergen en una pieza que parece una liturgia nocturna: la espiritualidad a través del exceso, la redención en la pista de baile.
‘Yo sé muy bien lo que soy
Ternura pa’l café
Solo soy un terrón de azúcar’
7. La Perla (ft. Yahritza y su Esencia)
Aquí el alma se vuelve terrenal. Rosalía dialoga con el desamor desde un tono casi ranchero, entre violines, guitarras y piano. La letra, mordaz y femenina, ridiculiza al amante como si lo exorcizara. Es Rosalía riéndose del dolor con elegancia.
‘La decepción local, rompecorazones nacional
Un terrorista emocional, el mayor desastre mundial
Es una perla, nadie se fía’
8. Mundo Nuevo
Interludio de respiro. Trompetas y armonías vocales que abren una ventana luminosa entre tanta intensidad. ‘Mundo Nuevo‘ es una metáfora del renacer artístico: una artista que deja atrás su ego para abrazar una nueva era.
‘De este mundo por entero
Volver de nuevo a habitar
Madre de mi corazón’
9. De Madrugá
Flamenco en estado puro. Taconeos, palmas y guitarra marcan el regreso a sus raíces. Pero no es nostalgia: es evolución. Rosalía convierte la madrugada (la hora del alma) en escenario para una confesión. Canta desde la vulnerabilidad, pero con poder.
‘La cruz en el pecho calibra mi cuerpo
Para desquitarme yo tengo derecho
Me pesan las cadenas’

10. Dios Es Un Stalker
Rosalía canta en ucraniano un tema que combina humor, teología y crítica cultural. Dios aquí es observador, omnipresente y, sobre todo, femenino. La artista reformula la idea de divinidad como presencia amorosa pero intrusiva: un ojo que todo lo ve, pero también que todo lo siente. La mezcla entre lo sacro y lo pop recuerda a una misa cibernética.
‘No me gusta hacer intervención divina
Pero a mi baby hoy lo voy a stalkear
Pa’ poderle enamorar’
11. La Yugular
Un lamento árabe-flamenco donde el cuerpo se convierte en metáfora del alma. La yugular como punto vital, donde vida y voz se encuentran. Rosalía recita versos en árabe, casi como una invocación. Es una de las canciones más místicas: una plegaria corporal, donde el dolor se canta con dulzura.
‘Aquí me han arrastrado
Tu amor es una avalancha
Cae por su propio peso al existir’
12. Sauvignon Blanc
En esta canción, Rosalía alza su copa y brinda con el pasado, despidiéndose de él a través del vino que reposa en el fondo del cristal. Una balada confesional y delicada, donde la artista transforma la nostalgia en redención.
‘Sauvignon Blanca tu lado
Mi futuro será dorado
Ya no tengo miedo del pasado’
13. La Rumba del Perdón (ft. Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz)
Una cumbre emocional. Tres voces femeninas, tres generaciones, tres modos de entender el alma. Flamenco y espiritualidad se entrelazan para hablar de la traición, pero desde la redención. Es la canción más humana del álbum: el perdón como gesto revolucionario. Pura emoción contenida.
‘Tú y tu compa’re de corazón
Inseparables, pero algo pasó
Había un quilo sin corte en tu cajón’
14. Memória
Un eco del pasado. Rosalía canta sobre lo que queda de una misma después de tanto cambio. El sonido es minimalista, el tono melancólico. Funciona como confesión y cierre emocional del viaje interior.
‘Y la falta de pasado es el olvido
Cuando muera solo pido
No olvidar lo que he vivido’

15. Magnolias
Cierre celestial. Las magnolias, símbolo de pureza y renovación, representan el final de un proceso espiritual. La voz se eleva entre coros y cuerdas, hasta desaparecer. Es el “Amén” del disco: Rosalía ascendiendo, dejándonos con silencio y luz.
‘Ella a mí me desarmó y yo le estoy agradecida
Y lanzará azúcar moreno sobre mi ataúd
Y quedaros despiertos hasta que vuelva otra vez la luz’
LUX brilla sin pretensiones. Es más íntimo, más maduro y más libre. Un álbum que no busca ser tendencia, sino trascender el ruido. Y, como siempre, Rosalía no solo marca un sonido: redefine una era.

