En una industria que idolatra la juventud, las actrices mayores de 60 resisten, se reinventan y alzan la voz para contar las historias que el sistema aún se niega a mirar.
En esta conversación íntima y sin concesiones, Claudette Maillé reflexiona sobre el valor de edad en la industria audiovisual, los estereotipos sobre las mujeres maduras y la necesidad urgente de crear nuevas narrativas donde la edad no sea sinónimo de declive, sino de profundidad, deseo y poder.
Hoy, desde tu experiencia y tu trayectoria, ¿qué significa para ti ser una actriz en esta etapa de la vida dentro de la industria audiovisual?
‘Ser actriz en esta etapa es, para mí, un acto de resistencia y también de libertad. Resistencia porque el sistema sigue siendo profundamente joven-céntrico, sobre todo con las mujeres. Y libertad porque no estoy buscando demostrar nada: ahora busco la verdad.
Con los años me he ido despojando de la ansiedad por encajar o agradar. Tengo más experiencia en el oficio, más herramientas, pero también más claridad sobre lo que no estoy dispuesta a hacer. Ser actriz hoy, significa elegir con más cuidado y sostener con más firmeza mi lugar, aunque ese lugar no esté claramente definido por la industria’.

A lo largo de los años, ¿has sentido que la industria privilegia la juventud en las mujeres?, ¿qué tipo de personajes están llegando hoy para actrices mayores y qué miradas o estereotipos crees que todavía se repiten?
‘Sí, sin duda la industria privilegia la juventud femenina. A los hombres se les permite envejecer; a las mujeres se nos exige permanecer deseables y cuando dejamos de cumplir ese estándar, muchas veces dejamos de ser narrativamente ‘interesantes’.
Los personajes que llegan para mujeres maduras suelen estar marcados por roles tradicionales: la madre abnegada, la suegra incómoda, la mujer amargada, la que perdió algo. Se explora muy poco la vida erótica, intelectual, profesional de las mujeres en esta etapa con verdadera complejidad.
En contadas ocasiones llegan propuestas distintas, y cuando sucede es un regalo, pero son excepciones. Siento que lo que se repite es una mirada reductiva: como si la madurez fuera sinónimo de declive y la verdad es que la madurez puede ser una etapa vibrante y llena de vida’.
En ‘¿Quieres ser Mi Novia?’ y en ‘Doc’, ¿sentiste que tus personajes aportan una visión distinta o más amplia sobre la mujer madura?, ¿qué encontraste en ellos que conectó contigo personalmente?
‘Son personajes muy distintos entre sí y eso para mí ya es valioso. En ‘¿Quieres ser mi novia?’ mi personaje tiene un tono más caricaturesco al tratarse de una comedia: una madre que no logra aceptar que su hijo esté con una mujer mayor y eso la lleva a un lugar casi histérico.
No necesariamente conecto con ella desde lo personal, de hecho me divierte porque puedo mirarla con cierta ironía. Hay algo liberador en interpretar a una mujer que encarna prejuicios generacionales, me permite jugar, exagerar y burlarme un poco de esas posturas rígidas.
En cambio en ‘Doc’, encarno a una mujer con más capas, silencios y contradicciones. Ahí tuve una conexión más íntima que me hizo analizar mi manera de ser madre. Me interesó poder mostrar una madurez que no está definida por el juicio hacia otros, sino por su propio conflicto interno.
Esa diferencia entre ambos proyectos me parece significativa: demuestra que las mujeres podemos habitar tanto en la comedia desbordada como en la complejidad emocional profunda’.

Interpretar personajes complejos o poco complacientes siempre implica un reto. En esta etapa, ¿qué significa para ti asumir esos riesgos?
‘Asumir esos riesgos significa aceptar que no todo va a ser cómodo o popular. Pero también significa confiar en lo que sé que puedo aportar como actriz dándole matices a mis personajes. Me gusta sostener personajes incómodos, contradictorios o poco simpáticos’.
Y desde tu experiencia, ¿cómo se sostiene una carrera cuando los protagónicos para mujeres maduras no son tan frecuentes?
‘Sostener una carrera en esta etapa requiere paciencia, mucha disciplina y sobre todo no tomarse como algo personal la escasez de oportunidades. Porque el problema no es de falta de talento ni de capacidad, sino la falta de imaginación de quienes escriben las historias.
También implica diversificarse. En mi caso, me metí a un taller de guión y tengo escrito un largometraje con un personaje protagónico que me escribí a mí misma. Lo que sigue es levantar ese proyecto’.
¿Qué te ha regalado la madurez como actriz: más libertad, más conciencia, otra forma de elegir? Y en ese camino, ¿sientes que también es momento de que las actrices mayores impulsen y creen sus propias historias?
‘La madurez me ha regalado libertad y una conciencia más clara de quién soy. También me ha dado serenidad. Entiendo mejor los tiempos, los silencios, las capas de un personaje. Y eso es un privilegio del paso del tiempo.
Y sí, creo que es un momento clave para que las mujeres mayores impulsemos y generemos nuestras propias historias. No solo por necesidad laboral, sino por urgencia narrativa. No es fácil generar las propias historias, pero es una responsabilidad y también una oportunidad creativa inmensa’.
Créditos:
Foto: Alberto Hidalgo
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Moda: Roberto Verino
Texto: Fernando Santacruz
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