En una casa donde el espectáculo siempre ha sido parte del ADN, la expectativa es inevitablemente alta. Y esta vez, el segundo capítulo de Duran Lantink para Jean‑Paul Gaultier logró lo que parecía difícil: transformar las dudas iniciales en curiosidad colectiva.
La propuesta (sensual, cerebral y deliberadamente extraña) recuperó algo esencial: la capacidad de provocar conversación. Entre sastrería surrealista, efectos visuales inesperados y guiños a los códigos históricos de la maison, el diseñador firmó un desfile que se sintió más sólido, más confiado y mucho más suyo.
¿Cómo reinterpreta Lantink el ADN de Jean-Paul Gaultier?
Uno de los guiños más evidentes aparece en las mallas integrales estampadas con siluetas anatómicas (una referencia directa a los icónicos trompe-l’œil de Gaultier) reinterpretadas con el dibujo de maniquíes de artista articulados. El resultado: un juego entre cuerpo real y cuerpo dibujado que añade una dimensión casi escultórica.
El gesto provocador llega después (braguetas, suspensorios y detalles utilitarios colocados sobre esas segundas pieles) creando una tensión entre lo sensual y lo absurdo.


¿Qué tendencias propone la colección de Jean-Paul Gaultier?
La propuesta se mueve en un territorio híbrido donde lo deportivo se encuentra con lo experimental. Duran Lantink introduce una lectura inesperada del activewear, con prendas técnicas inspiradas en el esquí (nailon, tops estructurados y bloques de color) que se combinan con faldas y trajes de cuadros de textura casi couture.
A esto se suma una reinterpretación del universo de la lencería, trasladado a materiales como la lana y construido con una estética gráfica que juega con la silueta del cuerpo.
El resultado es una mezcla entre sastrería surrealista, funcionalidad deportiva y sensualidad reinterpretada, una fórmula que redefine el espíritu contemporáneo de Jean-Paul Gaultier.

¿Qué colores dominan la colección de Jean-Paul Gaultier AW26?
La paleta se mueve entre contrastes marcados y matices más sofisticados. Predominan el blanco y negro, trabajados en cortes gráficos que acentúan la sastrería experimental, junto a cuadros grises y tonos neutros que aportan una elegancia estructurada. A estos se suman bloques de color vibrantes (azules, amarillos y toques intensos propios del universo deportivo) que evocan la estética del skiwear.
El resultado es una combinación equilibrada entre lo técnico y lo refinado, una paleta que refuerza la visión contemporánea que Duran Lantink propone para Jean-Paul Gaultier.


¿Cuáles fueron los looks más memorables del desfile de Jean-Paul Gaultier?
Entre los momentos más impactantes del desfile destacaron los vestidos de cóctel de cuadros hiperplisados, que parecían moverse como esculturas textiles sobre la pasarela, y los trajes gráficos en blanco y negro, recortados con precisión casi arquitectónica. También captó miradas un mono de lana con escote estructural en forma de asa de ánfora, una pieza tan inesperada como elegante.
El cierre llegó con una serie de dramáticos vestidos negros, muy lejos del clásico ‘little black dress’, que aportaron una intensidad teatral al final del desfile y consolidaron la visión audaz de Duran Lantink para Jean-Paul Gaultier.
Puede que el humor irreverente que caracterizaba los espectáculos de Jean‑Paul Gaultier no aparezca todavía con la misma fuerza; pero lo que sí regresa es algo igualmente importante: la conversación. Y en una ciudad como París, volver a ser tema de debate es, en sí mismo, una victoria.

