La Casa de los Espíritus regresa como esas historias que no terminan, solo cambian de forma. Esta vez no vuelve para repetirse, sino para abrirse: más emocional, más expansiva, más dispuesta a habitar el tiempo desde nuevas miradas. Una relectura que respira memoria, poder y herencia afectiva, pero también algo más difícil de nombrar: la forma en que lo invisible sigue insistiendo en quedarse.
En ese universo aparece Chiara Parravicini como Rosa del Valle, un personaje que no se impone, sino que flota. Su presencia es breve en la trama, pero profunda en la huella que deja, como si su existencia estuviera hecha más de energía que de tiempo. Rosa no solo se interpreta: se habita, se percibe, se sostiene desde un lugar casi físico y al mismo tiempo completamente etéreo.
Chiara describe a Rosa como una experiencia más que un papel, casi como un estado de conciencia que une cuerpo, emoción y silencio. Y ahí, entre lo terrenal y lo etéreo, la serie encuentra su nueva respiración: la de volver a sentir una historia que, en realidad, nunca dejó de latir.

Rosa tiene una cualidad casi etérea en la historia ¿Cómo trabajaste ese equilibrio entre lo terrenal y lo simbólico al momento de interpretarla?
Chiara Parravicini explica que lo que más le interesó de Rosa fue justamente esa contradicción que la sostiene desde dentro: su condición de figura casi irreal que, sin embargo, habita lo más humano de todos. ‘Es un personaje que linda entre la realidad y la fantasía… lo que me interesó fue esa contradicción de ser algo mágico, pero vivir en la tierra’, comenta, poniendo en el centro esa tensión entre lo etéreo y lo cotidiano que define su construcción.
Para llegar a ese lugar, la actriz apostó por un trabajo profundamente físico y meditativo, donde el cuerpo se convierte en un canal de percepción más que en una herramienta narrativa. ‘Hice mucho trabajo del cuerpo y de meditación… estar horas con los ojos cerrados, percibiendo el espacio con el alma’, explica, como una forma de vaciar lo externo para afinar lo interno.
‘Ella siente con el alma… sabe antes de que algo suceda’, dice Chiara, resumiendo a un personaje que no observa la vida, sino que la intuye desde una presencia absoluta.
¿Chiara qué crees que simboliza Rosa dentro de la historia de La casa de los Espíritus?
Rosa funciona como un eje emocional dentro del relato, una presencia que sostiene tensiones profundas sin necesidad de explicarlas. ‘Simboliza la entrega a la vida y a la muerte… la representación de la luz y de la oscuridad al mismo tiempo’, señala, situándola en ese lugar intermedio donde los opuestos no se enfrentan, sino que conviven.
En su interpretación, Rosa no se define por la resistencia, sino por la aceptación total de lo que llega. ‘No hay resistencia… es como un río, una entrega absoluta’, dice Chiara, describiendo a un personaje que fluye con el destino en lugar de combatirlo, y que encuentra su fuerza precisamente en esa forma de rendición luminosa.
Rosa es un personaje breve en tiempo, pero muy potente en impacto. ¿Cómo trabajaste para que su presencia se sintiera duradera en la serie?
‘Fue hecho con tanto amor, dedicación y pasión desde el minuto cero que todo eso permeó en todos los aspectos’, explica Chiara Parravicini al recordar el proceso detrás de La casa de los espíritus.
Para la actriz, la permanencia de Rosa no se construye desde el tiempo en pantalla, sino desde la energía con la que fue concebida y habitada en el rodaje. ‘Cuando me enteré de este personaje dije: requiere mucho trabajo, aunque sea corto, tiene una trascendencia muy grande’, añade, subrayando cómo la intensidad emocional y el trabajo corporal fueron claves para sostener su huella en la historia.
¿Qué fue lo que te hizo decir ‘sí’ a este proyecto y a este personaje en particular?
‘Cuando me enteré de que me querían probar para Rosa, no lo dudé ni un segundo, me pareció como un llamado del cielo’, recuerda Chiara Parravicini. ‘Fue entrega absoluta, deseo y emoción… no fue algo que se piense demasiado, fue decir sí y ya’, añade, describiendo una decisión más instintiva que racional, marcada por la conexión inmediata con el personaje.

¿Cuál fue el mayor desafío al interpretar a alguien que ya vive en el imaginario colectivo de lectores de Isabel Allende?
‘El desafío fue esto: todo el trabajo físico, corporal y de meditación que hice, y de percepción con otras partes del cuerpo. Es muy esencial el trabajo de estar en la fuente, en lo esencial, en la presencia, en la conciencia, en el registro del cuerpo… y cómo eso genera reverberancia alrededor. Mi trabajo estaba en ser esa luz pura. Ese era mi desafío. No en racionalizarlo, sino en sentirlo de la manera más profunda al personaje.’
¿Qué parte de ti encontraste en Rosa de La casa de los Espíritus?
‘Creo que puse la versión más pura de mi alma en Rosa, como encontré y me vi reflejada en ella de la manera más pura, como si pudiera quitarme todas las complejidades y simplemente ser. Creo que Rosa es la esencia pura de la belleza, del amor, de la luz… como la fuente de todo, del origen.’
Las obras de Isabel Allende están atravesadas por mujeres muy poderosas, aunque de formas muy distintas. ¿Dónde se ubica Rosa dentro de ese universo femenino?
‘Creo que ella es la representación de la hermandad entre mujeres. Es muy femenina, y su conexión con el mundo es uterina, del origen, del cuidado, de la ternura, de la belleza y de la luz. Rosa no representa la lucha (como otros personajes femeninos de Isabel Allende) , sino otra cosa: representa el portal que somos las mujeres, la intriga, la capacidad de dar vida, de albergarla. Es eso, es un portal femenino.‘
¿Qué crees que aporta esta nueva versión de La casa de los espíritus a las audiencias actuales?
‘Creo que esta nueva versión aporta algo muy importante: vuelve a conectar la historia con el presente sin perder su esencia original. Es una adaptación que no busca repetir, sino abrir el universo de la novela a nuevas miradas, a nuevas generaciones, a nuevas formas de sentir. Vivimos en un mundo muy audiovisual, y esta serie invita justamente a eso: a volver al origen, a la lectura, a la sensibilidad, a lo humano. Ojalá también despierte el deseo de ir al libro después de verla, porque es una obra que sigue siendo profundamente necesaria.’
¿Qué te gustaría que el público sintiera al ver a Rosa en pantalla?
Chiara Parravicini expresa que le gustaría que el público se acerque a Rosa desde la contemplación, casi como si la observara con la misma delicadeza con la que ella habita el mundo.
‘Que sientan una ternura profunda por su presencia y por la relación entre estas dos hermanas, donde se rompe el concepto de la edad y la madurez. Y que se queden con eso: con la conciencia del personaje, con su presencia absoluta, con ese amor que ella tiene por la vida y que traspasa la pantalla.’ finalizó Chiara Parravicini.
En la mirada de Chiara Parravicini, Rosa no es solo un personaje: es una energía que atraviesa la historia incluso cuando desaparece. Una presencia que, como ella misma define, funciona como ‘la fuente’ de todo lo que viene después en La casa de los Espíritus.

