Durante siglos fue apenas un nombre en un acta de matrimonio. Hoy, gracias a Hamnet (dirigida por Chloé Zhao y basada en la novela de Maggie O’Farrell) su figura vuelve al centro del relato. Pero ¿quién fue realmente Anne Hathaway? ¿Cómo vivió el duelo por su hijo? ¿Y qué tiene que ver todo esto con Hamlet?
Este es un recorrido por la mujer que acompañó a William Shakespeare y que la historia simplificó demasiado.
¿Quién fue Anne Hathaway realmente?
Anne Hathaway (a quien algunos documentos también nombran como Agnes) nació alrededor de 1556 en Shottery, un pequeño poblado cercano a Stratford-upon-Avon. Hija de un agricultor acomodado, creció en una Inglaterra isabelina vibrante en lo cultural pero restrictiva para las mujeres.
En 1582 se casó con Shakespeare. Él tenía 18 años; ella, cerca de 26. La boda fue apresurada y estuvo rodeada de murmullos. De esa unión nacieron tres hijos: Susanna y los gemelos Judith y Hamnet.

¿Por qué el nombre de Anne Hathaway fue eclipsado por el del Bardo?
La historiografía tradicional colocó a Anne en el margen: la esposa mayor, la mujer que ‘se quedó en casa’, la figura secundaria mientras el genio construía su leyenda en Londres.
Sin embargo, investigaciones recientes han cuestionado esa narrativa. Una carta redescubierta en el siglo XX y reinterpretada en 2025 por el académico Matthew Steggle sugiere que el matrimonio pudo haber convivido en Londres entre 1600 y 1610, lo que desmonta la imagen del escritor aislado de su vida familiar.
Y hay más: algunos estudios sostienen que Anne pudo haber sido una mujer letrada y con conocimientos de herboristería, saberes que resuenan en la sensibilidad botánica presente en varias obras shakesperianas.
¿Qué cuenta Hamnet sobre Hathaway y cuánto es ficción?
La película Hamnet propone una reconstrucción poderosa: Agnes como mujer intuitiva, conectada con la naturaleza, conocedora de plantas medicinales; casi una figura liminal entre lo doméstico y lo mágico.
Ese retrato nace de la imaginación literaria de O’Farrell, quien reconoce las lagunas documentales pero reivindica algo esencial: la historia ha tratado mal a la esposa de Shakespeare.
En la pantalla, Agnes no es un apéndice; es el centro emocional. El duelo por la muerte de su hijo en 1596 estructura la narrativa y convierte la maternidad en experiencia radical. El dolor no es decorado; es protagonista.

¿Por qué importa rescatar el nombre de Hathaway hoy?
Porque la historia está llena de mujeres convertidas en sombra. Porque durante siglos bastó con nombrarla solo como ‘la esposa de’. Porque el archivo fue escrito casi siempre por hombres. Y porque el cine (cuando es inteligente) puede abrir grietas en el canon.
Anne Hathaway ya no es solo una firma en un documento de 1582. Es una figura que interpela, que duele, que respira en la ficción y exige revisión en la historia.

