En los últimos meses, una palabra que solía estar reservada para centros de meditación o libros de esoterismo ha invadido las pantallas de millones de jóvenes y el mundo. Seguramente has navegado por TikTok o Instagram y te has topado con comentarios como ‘+1,000 puntos de aura’ o ‘perdió todo el aura’.
Más allá de ser una simple tendencia pasajera, el concepto ha mutado desde una visión espiritual profunda hasta convertirse en el termómetro de la ‘buena vibra’ y el carisma en la era digital.

¿Qué es el aura?
El aura es el campo de energía que rodea a todo ser vivo y objeto en el planeta, manifestada en diferentes niveles de vibración. Según explica el místico y yogui Sadhguru, el aura es una forma de energía que no se manifiesta físicamente, pero que mantiene una estructura.
‘El estado físico, mental, emocional y energético de quien eres en este momento es representado por tu aura’, señala el guía espiritual. No es una entidad estática; puede variar en una escala de colores y matices, desde el negro total hasta el blanco puro, reflejando la naturaleza interna de la persona.
Sin embargo, Sadhguru advierte que el aura es apenas la ‘periferia’ del ser. Es una capa incluso más superficial que la piel. Por ello, para un buscador espiritual, el aura no debería ser el foco de atención, sino una consecuencia natural de trabajar en lo más profundo del interior.
¿Qué significa tener aura?
El concepto de aura se divide hoy en dos vertientes: la espiritual, donde es un reflejo del equilibrio interno y la paz mental, y la digital, popularizada en redes sociales como TikTok.
Mientras la primera busca la introspección, la segunda funciona como un sistema de ‘puntos’ para medir el carisma, la confianza y el estilo de una persona ante situaciones cotidianas o de éxito.
En resumen, el aura ha pasado de ser un campo energético invisible a un indicador de validación social que premia la autenticidad y el temple de los creadores de contenido.
¿Cómo ganar aura?
Para ganar aura, el secreto reside en la congruencia entre el bienestar interno y la proyección externa. Mientras que el crecimiento espiritual se logra mediante el equilibrio emocional y la introspección, el éxito en la cultura digital demanda autenticidad y resiliencia, premiando a quienes mantienen la calma bajo presión y actúan con propósito sin esforzarse por encajar.
En síntesis, el aura no se fabrica, se irradia: surge de forma espontánea cuando dejas de intentar impresionar y te enfocas en tu propia seguridad y en actos de bondad genuina.
¿De dónde surgió el término aura?
El término aura ha evolucionado desde su raíz griega, que significa ‘soplo’, a través de tres etapas: comenzó como un símbolo místico de iluminación en la antigüedad, se transformó en un concepto de sanación energética con la corriente New Age, y finalmente se convirtió en una unidad de medida del carisma para las nuevas generaciones.
En la era digital, el aura dejó de ser una emanación espiritual invisible para transformarse en un sistema de reputación social que se gana o se pierde según la autenticidad de nuestras acciones.

En conclusión, pasó de los templos antiguos hasta los algoritmos de las redes sociales. Lo que comenzó como un soplo divino y una manifestación de la energía espiritual, hoy se ha consolidado como un lenguaje de identidad para las nuevas generaciones, quienes lo utilizan para celebrar la confianza y la integridad en un mundo digital cada vez más saturado.

