martes, enero 20, 2026
More

    Emily in Paris: lo que Hollywood cree que es París… y no lo es

    Emily in Paris: ¿Qué hace que choque con la vida real francesa?

    La comedia romántica de Netflix que pone a Lily Collins en el epicentro de París está en el top 10 de lo más visto, pero su encanto superficial no puede ocultar lo evidente: los clichés están por todas partes. Mientras Emily deslumbra con su estilo impecable y su ingenuidad encantadora, la realidad parisina es, francamente, otra historia.

    Por eso te revelamos qué hace Emily que las parisinas jamás harían (y no hablamos solo de modas o hábitos), sino de cómo se vive realmente París.

    ¿Por qué su estilo es tan… poco parisino?

    1. Colores y estampados a todo volumen

    Emily combina rayas con cuadros y animal print, accesorios enormes y colores que gritan ‘soy extranjera’. En París, la sofisticación es discreta; las locales prefieren tonos neutros, cortes atemporales y un enfoque de “menos es más”.

    2. Looks demasiado perfectos

    Pelo impecable, maquillaje siempre listo para la portada de revista. El je ne sais quoi francés es todo lo contrario: una belleza natural que parece effortless, como si el glamour fuera casual, no coreografiado.

    3. Tacones para conquistar la ciudad

    Tacones altos todo el día en calles adoquinadas y metro lleno… impracticable. Las parisinas saben que la comodidad también es estilo: zapatillas limpias, botines bajos y siluetas prácticas marcan la diferencia.

    ¿Cómo choca Emily con la vida diaria en París?

    1. Almuerzos exprés vs. ritual francés

    En la serie, Emily devora bocados rápidos entre reuniones. La realidad: el almuerzo es sagrado. Se toma tiempo, se disfruta, se conversa, incluso se acompaña de un buen vino. Comer rápido para ‘seguir trabajando’ no es francés, sino americano.

    2. Fumar en interiores

    Oficinas, restaurantes, cafés… todo libre de humo desde hace años. El glamour de la serie fuma sin restricciones, pero en París eso sería impensable.

    3. Una ingenuidad romántica exagerada

    Emily se rodea de amantes, flirts y romances continuos, perpetuando la idea de que la infidelidad es cultural. La realidad: la mayoría de los franceses buscan relaciones serias, y la vida amorosa no es un catálogo de clichés sexuales.

    ¿Qué ‘etiqueta social’ ignora Emily?

    1. No decir bonjour

    Entrar a una tienda, hablar inglés y saltarse las formalidades básicas es un choque cultural. En París, un saludo cordial es indispensable, y marcar respeto por las costumbres locales es la clave para encajar.

    2. Actitud de diva extranjera

    Esperar que todo se doblegue a su voluntad y tratar de imponer sus métodos estadounidenses en la oficina es un error garrafal. La profesionalidad francesa valora la puntualidad, la colaboración y el respeto mutuo, no la arrogancia.

    3. Villanas imaginarias

    Mujeres mayores conspirando contra jóvenes… en la vida real, los celos y la competencia rara vez se viven con dramatismo de serie. La idea de que las francesas maduras sean todas rivales es pura ficción.

    ¿Qué clichés turísticos deberían olvidarse?

    1. Boina obligatoria

    La clásica boina francesa ya no es un uniforme de estilo. Las extranjeras que intentan ‘parisianizarse’ con ella suelen destacar como turistas.

    2. Cafés y restaurantes sobrevalorados

    Le Café de Flore o el Ralph Lauren de París no son ‘cool spots’ modernos, sino trampas para turistas. La gastronomía local es mucho más variada, accesible y auténtica.

    3. Odio generalizado por Normandía

    Según Emily, nunca volvería a ver a Gabriel en la región. La realidad: Normandía es preciosa, cercana y perfecta para escapadas de fin de semana.

    Emily vs. París: ¿fantasía o ficción cultural?

    ‘Emily in Paris’ funciona como entretenimiento ligero, pero presenta un París caricaturesco, lleno de exageraciones de estilo, clichés sexuales y estereotipos profesionales. La realidad parisina es más sutil, sofisticada y centrada en costumbres que valoran la discreción, la cortesía y la autenticidad.

    La serie brilla por su glamour y diversión, pero falla al retratar la esencia real de la ciudad y sus habitantes. Si el objetivo era vender París como escenario romántico, cumple; si buscaba realismo cultural, hay mucho que corregir.

    Otros artículos