¿Qué le preguntarías a las personas que admiras por su obra que ya no están en el plano terrenal si pudieras encontrarte con ellos? Eso es algo que pasa en ‘La Ausencia’ de Mónica Lavín en el que la ficción se fusiona con la realidad y los secretos del pasado toman forma en el presente.
La novela publicada en septiembre de 2025 por Editorial Planeta es una obra que nos hace hace viajar en el tiempo, encontrarnos con el pasado, valorar la escritura, la memoria y la identidad, así como nos hace reflexionar sobre la realidad en la que vivimos como mujeres.
Es por eso, que tuve la oportunidad de conversar con Mónica Lavín para indagar más en ‘La Ausencia’, quien me contó sobre el proceso de crear una obra tan peculiar y el trasfondo que existe en las letras.

¿De qué trata ‘La Ausencia’ de Mónica Lavín?
Nos remontamos al año 1941, cuando tres figuras icónicas de la literatura estadounidense (Carson McCullers, Katherine Anne Porter y Eudora Welty), coinciden con una escritora que se ha quedado sin ideas (Lavinia Melín, personaje de la ficción). A partir de ese punto comienza esta historia.
‘Me interesaba mucho acercarme a estas autoras que existieron en la vida real. Cuando uno lee, se acerca ellas por su obra’, confiesa Mónica Lavín, sin embargo, ella quería indagar más allá de sus mentes.

Para retratarlas con tanto respeto y conocerlas más, Mónica Lavín tuvo que hacer un arduo trabajo de investigación, más allá de su obra. Explica: ‘Ellas nacieron en el sur de Estados Unidos, pero desde que empezaron a publicar en los años 20, 30, 40 encontraron un espacio, un reconocimiento y una forma de tener una voz’.
‘Ahorita podríamos decir que son autoras clásicas, quizás no las leemos tanto en México porque se necesita la traducción y porque hay tanto que leer, pero para mí son autoras que me entusiasman y recomiendo su lectura’, añade.
Así comenzó ‘La Ausencia’
Mónica Lavín comparte cómo fue que inició esta novela: ‘Todo nació porque yo quería hacerles preguntas, quería entrevistarlas, saber cosas de ellas y se me ocurrió que una novela sería el vehículo ideal para darme un permiso’.
Es por esa razón que ‘La Ausencia’ tiene un sesgo fantástico: el permiso de viajar en el tiempo. Y de tal manera, la autora se sintió identificada con la premisa de la obra, cuando el personaje principal, una escritora se quedó sin ideas.
Al tanto Lavín comparte: ‘Lavinia Melín, que es el personaje principal, es una escritora que no sabe de qué escribir y ese es mi gran fantasma, que un día estés seco de ideas, que no haya un motivo suficientemente poderoso para que te sientes a fraguar un mundo de palabras que no sabes si lo vas a terminar, cómo va a quedar’.
Agrega: ‘Es tan incierto el camino de la escritura, tan experimental, exploratorio y pide mucho de emoción, intelecto, energía, cuerpo, postura. Lavinia Melín no sabe de qué escribir y va a tener permiso de viajar en el tiempo y hacer las preguntas a estas mujeres que admira porque se abrieron un espacio contra lo que en su época se esperaba’.
Mujeres que rompieron paradigmas en la escritura
En ‘La Ausencia’, Mónica Lavín se permite más conocer a Carson McCullers, Eudora Welty, Katherine Anne Porter, tres mujeres que fueron en contra de la corriente: Eran mujeres del sur de Estados Unidos: ‘No eran neoyorquinas, no eran chicas de la gran ciudad, sí se mudaron a Nueva York porque era necesario para el trabajo que ellas hacían, no quedarse en su pequeño lugar’.

En aquella época se esperaba que se casaran, que tuvieras hijos y que formaran un hogar feliz, sin embargo ‘lo que las movió fue la pasión por la escritura. No quiere decir que no tuvieran interés en temas de amor, pero yo quería preguntarles eso. Y lo hice a través de la novela’, admite Mónica Lavín.
En la mente de la autora había muchas preguntas para ellas, las cuales respondió a través de la investigación: ‘¿Cómo negocian con el amor, con la economía, con ganarse el sustento, con ser vistas en su escritura, con la maternidad, el deseo de la maternidad o el no ser madres en una época en la que no se esperaba más que que fueran madres y que siguieran con esa tradición’.
A la par, confiesa: ‘Lavinia les quiere preguntar también qué hicieron cuando no sabían de qué escribir, ¿cómo lograron encontrar los temas?’. Por lo tanto es una novela que explora la escritura en sí misma y la vida de las escritoras.
‘La Ausencia’ entre la realidad y la ficción
La ficción siempre va a tener algo de realidad, eso es inevitable, en esta novela, Mónica Lavín lo experimenta de una manera más directa, de lo cual conversa: ‘Yo creo que escribir ficción no necesariamente está despegado de la realidad, pero hay una cierta libertad para el juego, para el artificio, porque una novela es un artificio, no es una vida de verdad’.
¿Es complejo hacerlo? Responde: ‘Es una vida que estás esculpiendo con palabras para que tu lector se la crea y a la hora de leer, la sienta y la padezca o la goce como si fuera su vida propia. Esa es la dificultad, pero por otro lado, es la libertad de que lo imposible sea posible, como viajar en el tiempo, como hablar, inventarles escenas, porque yo tomo características, que es la parte documentada’.

‘Exploro quiénes son, leo sus biografías, sé cómo son, veo sus fotos, ya sé que una es muy alta, que Katherine Anne Porter tuvo el pelo platino desde que tenía como 30 años, porque le dio la influencia de 1918, por ejemplo’.
‘Voy descubriendo quiénes son y después veo cómo las meto al escenario de la novela y trato de que actúen con una lógica que tiene que ver con quiénes fueron en la vida, pero en una escena que es de novela y que es ficticia‘, añade la escritora.
Mónica Lavín reflexiona: ‘Seguramente si vivieran, a lo mejor me reclaman o a lo mejor me dicen: ‘Sí, fíjate cómo supiste que a mí no me gustaba tal o que a mí me gustaba estaba tal, lo que a mí me afligía tal’, tengo el permiso de hacer posible lo imposible cuando escribo una novela’.
En 341 páginas, la autora juega con lo ficticio y lo real, algo que la vuelve aún más fascinante. Todo con una intención: ‘Cuando tú lo leas, sientas que estás incursionando en ese mundo donde sería imposible viajar, como cuando viajamos con la imaginación porque leemos, porque vemos una película, eso es algo que me permite y que me permití en esta novela porque no lo había hecho’.
Detrás de Carson McCullers, Katherine Anne Porter y Eudora Welty
En lo personal, algo que me ayudó a apreciar más ‘La Ausencia’ fue conocer un poco más sobre las tres autoras que aparecen entre las páginas y la explicación de Mónica Lavín contribuyó a eso.
¿Estamos hablando de mujeres que silenció la historia? En realidad no. La autora me explica: ‘Fíjate que a diferencia de nuestra tradición hispanoamericana, las autoras anglófonas tanto las inglesas, estadounidenses, australianas, salieron a la luz pública antes, porque tuvieron movimientos feministas anteriores’.
Por lo tanto, ‘ellas tuvieron una voz y la capacidad de votar incluso para la vida pública anterior a nosotros y eso les dio una ventaja’. Antes de los libros, fueron publicadas en revistas. ‘En Estados Unidos los escritores se dan a conocer primero en revistas femeninas, estas autoras dieron sus primeros pasos ahí, les pagaban sus cuentos y entonces empezaron a tener visibilidad’.
Otro punto a favor de ellas es que se sus biografías se conservan, algo que ayudó aún más a Mónica Lavín en su trabajo de exploración e investigación, comenta: ‘Nosotros tenemos menos cultura de biografía y de autobiografía’.
Ejemplifica: ‘Carson McCullers murió a los 50 porque le daban constantemente parálisis y dictó su autobiografía, entonces tenemos su experiencia en primera persona. Hay cartas, en las bibliotecas de Estados Unidos están sus escritos, ha habido eso que tendríamos que cuidar en nuestro país’.
Más que crítica, una reflexión: ‘Hay varias biografías y cartas, cosa que ya no hay en esta época. En esta época nadie va a poder registrarnos por la carta que le escribíamos al editor, al amiga, al amor, pero ellas sí. Ahí están sus cartas archivadas’.
Y a través de esas cartas las pudo ver, conocer su esencia y parte de ellas: ‘Ha sido un recurso muy interesante esta posibilidad de acercarme a ellas, no solo, por estos documentos que sí existen’. Desde su experiencia: ‘Escribir es eso, es hacer, a mí me gusta eso, por lo menos, entrar en la intimidad de las vidas de mis personajes’.
Eso es lo que hace Mónica Lavín en ‘La Ausencia’ y expresa: ‘Así es la vida de un escritor o una escritora, la vida ocurre y hay que encontrar el espacio de concentración porque es otro tipo de concentración para meterte en el mundo virtual que es la escritura, es interesante ver esos sus procesos también de escritura’.

Después de terminar ‘La Ausencia’, ¿con qué se quedó Mónica Lavín?
‘De las tres, su pasión de escribir porque la llevaron hasta el final. Claro, cada una tiene una historia de vida distinta’, afirma. Y a la par, reflexiona: ‘Me gusta también reconocer que nunca nadie es heroína de su vida y aunque sean figuras públicas que la escritura las muestre como alguien que está dispuesto a exponerse’.
Añade: ‘Porque cuando tú sales a la luz pública en un texto te puede ir bien o mal, puedes ser comprendida o rechazada, la crítica te puede desbaratar y sobre todo en países como Estados Unidos, entonces yo admiro que entendieron que escribir era una forma de estar en el mundo y yo también lo pienso así‘. Desde su propia perspectiva:
‘Para mí escribir, narrar, contar historias es una forma de estar en el mundo porque quiero comprender cosas’.
Indagar y explorar en la vida más allá de la obra de las tres autoras, impactó y marcó de alguna manera a Mónica Lavín, a propósito, ¿qué le dejó cada una?
‘Carson McCullers me parece la de un talento deslumbrante. Era alcohólica, se casó y le dieron tres infartos cerebrales. Era bisexual o con una ambigüedad sexual. Se casó, se divorció y se volvió a casar con el mismo hombre, tuvo la vida más intensa de todas. Y tuvo la obra más interesante para mí y a vida más corta’, comparte.
‘De ella admiro sobre todo su manera de mirar, de entrar en la zona oscura de las personas, viendo gente común y corriente su manera de encontrarse como verdades íntimas. Hay una sinceridad en su escritura’, añade.
‘De Eudora Welty me llamó mucho la atención su apego a la tradición, es la que vivió más, 80 y tantos años. No tuvo hijos, pero tuvo que regresar a cuidar a su madre, que se quedó viuda’, apunta.
‘De Katherine Anne Porter me quedo con su vida aventurera. Vino a México después de la Revolución, después de que le dijeron que era aquí donde estaban pasando cosas. Se vino a México a trabajar para una revista, tenía amigos como Miguel Covarrubias. Aquí la conectaron con gente, vino cuatro veces, amaba México’.
‘De ella me quedo con cómo tuvo que luchar con sus propios demonios. Porque ella recibía dinero y se quería gastar todo en ropa, a ella le interesaba verse guapa la ropa, fiestas, pero luego se torturaba porque no había escrito y así es la vida, ¿no?’uvo cinco maridos. Ella sí quería ser madre, pero no fue. Admiro de ella sus tribulaciones y su estar ahí a pesar de ello’.
En conclusión, reflexiona: ‘Sí, tuvieron que irse a Nueva York un rato porque en sus pequeños lugares no resultaban muy comprendidas. Eran como extrañas para la época. Pero aparte tenían que alimentarse de un mundo mucho más abierto, más rico y tuvieron la disposición de hacerlo. De todos modos, escribían de su lugar de procedencia, porque era tan fuerte la marca en ellas y porque ahí estaban las historias’, explica.
Mónica Lavín después de ‘La Ausencia’
Escribir ‘La Ausencia’ fue como un rompecabezas para Mónica Lavín, de hecho, fui afortunada en ver su pared con las piezas que formaron la novela. Ella misma asume: ‘Hay una parte mía que está armando las pequeñas escenas y luego hay otra parte como de ingeniero, constructor o de arquitecto que está tratando de que el edificio esté equilibrado’.

‘Para mí, la estructura importa mucho en la novela. A pesar de que me tenía que ceñir a las biografías, me sentí con mucha capacidad de jugar, de permitirme ciertas cosas, de divertirme, de reírme un poco de mí misma junto con ellas y junto con Lavinia Melín, de tratar de entender qué me unía con ellas, el reconocer porqué la escritura nos es tan importante’, me comparte.
‘Me sentí acompañada y entendí cómo igual que ellas la vida va acompañando y es paralela a tu propio proceso de escritura que tiene su orden’. De hecho, la novela impactó en su propio presente: ‘Hubo una consideración importante que no había hecho en otros momentos de escritura de otros libros míos, porque ahora soy abuela, tengo tres nietos’.
‘No es que hable de mis nietos en la novela, sino que la idea de la continuidad nunca la había pensado con tanta claridad. Entonces, me preguntaba, bueno, no tuvieron hijos, ¿qué onda con la continuidad? Pero me di cuenta que está en los libros‘.
Otra consideración fue la edad: ‘Ahora me intereso mucho en el paso del tiempo en cómo uno va haciendo a las diferentes edades y también entonces me vuelvo camaleónica porque en la escritura como mi personaje vuelvo a tener tener 30, 40 o 60 y tantos, eso me permite tratar de exprimir una sabiduría de la vida’.
Por último, Mónica Lavín concluye que ‘La Ausencia’ le permitió ver la vida como mujer y como escritora de otra manera: ‘Con mi vida sosegada o con mi vida en un estado de menos responsabilidades hacia otros, porque ya mis padres murieron, ya no los cuido, mis hijas son madres, ya no las cuido. Fue una oportunidad de mucha entrega a la escritura, así me sentí’.
‘Fue un homenaje a mis lecturas. También era mi oportunidad de hacer ciertas reverencias, porque uno está hecho de libros. Uno por eso es escritor’, finaliza.
‘La Ausencia’ es esa novela que te mete en un mundo fantástico que te hace reflexionar sobre lo que haces, te responde muchas preguntas y te da respuestas. Es una obra que revela secretos y te lleva al pasado, a través de unos guantes de época.

