miércoles, abril 15, 2026
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    El fútbol también se lleva puesto

    El fútbol no aprendió a vestirse de moda. La moda aprendió, finalmente, a mirar al fútbol.

    La relación entre moda y balompié no es nueva, ni forzada ni oportunista. Existe desde mucho antes de que alguien hablara de colaboraciones o pasarelas. El fútbol siempre se ha llevado puesto, aunque durante años no se le haya mirado desde ese lugar.

    Una camiseta nunca ha sido solo una prenda: es memoria, pertenencia y declaración; se hereda, se cuida, se interviene y se combina; se usa para ir al estadio, pero también para salir, viajar o simplemente decir ‘esto soy’. Mucho antes de que la industria de la moda volteara a verlo, el fútbol ya construía códigos estéticos propios en la calle, en las tribunas y en los barrios.

    Con el tiempo, esa estética dejó de ser invisible. La imagen del futbolista trascendió la cancha y se convirtió en una ventana poderosa hacia otros universos: el lujo, el lifestyle y la aspiración. Ya no solo importa lo que hacen durante noventa minutos, sino todo lo que representan fuera de la cancha: su forma de vivir, de vestir, de consumir. El balompié produjo superestrellas, y las superestrellas construyen imaginarios.

    Cristiano Ronaldo
    Cristiano Ronaldo en Gucci. Fuente: Instagram.

    No es casualidad que algunos de los futbolistas más influyentes del planeta sean también las figuras más seguidas en redes sociales. Cristiano Ronaldo supera los 670 millones de seguidores en Instagram, mientras que Lionel Messi rebasa los 500 millones. Cifras que explican por qué la moda —y no solo la deportiva— encontró en ellos algo más que embajadores: referentes de estilo con alcance global.

    La relación entre la moda y el fútbol

    David Beckham fue uno de los primeros en entenderlo. Mucho antes de que se hablara de futbolistas como íconos de moda, él ya aparecía en campañas de Calvin Klein, colaboraba con H&M y conectaba el fútbol con marcas que parecían ajenas a ese universo. Abrió una puerta que nunca volvió a cerrarse.

    Otros siguieron caminos distintos. Messi —fiel a su perfil bajo— se convirtió en un referente silencioso: imagen de marcas de lujo, rostro histórico de Adidas y creador de su propia línea, The Messi Store, donde la comodidad y el diseño minimalista reflejan su personalidad.

    De las canchas a las pasarelas

    Neymar llevó el juego hacia otro territorio: campañas globales, colaboraciones con firmas de lujo y proyectos propios que expanden su identidad pública. Kylian Mbappé entendió pronto el valor de la coherencia estética al elegir pocas marcas, pero alineadas con su imagen, convirtiéndose en rostro de Dior, Nike y casas de alta relojería.

    Dior Primavera-Verano 2026
    Kylian Mbappé ha protagonizado campañas de Dior. Foto: Cortesía Dior.

    Cristiano Ronaldo, por su parte, ha construido un imperio: desde contratos vitalicios con Nike hasta colaboraciones con marcas de lujo. Su universo CR7 —que incluye moda, fragancias, calzado y hoteles— confirma que el jugador ha dejado de ser únicamente un atleta para convertirse también en una marca personal.

    Durante un Mundial, todo esto se amplifica. Las ciudades se transforman en pasarelas espontáneas donde conviven camisetas históricas, mezclas inesperadas y estilos sin reglas. Cada selección trae consigo una identidad visual que cada aficionado interpreta a su manera. La moda aparece sin pedir permiso, exactamente como en la calle.

    Mohamed Salah
    Mohamed Salah en una campaña de Adidas. Foto: Instagram.

    Tal vez por eso la relación entre moda y fútbol se siente tan natural: porque ambas hablan de identidad, cuerpo, contexto y tiempo; porque se viven de manera colectiva, pero se interpretan de forma individual; y porque, al final, ninguna se limita a lo que aparenta.

    El fútbol no aprendió a vestirse de moda. La moda aprendió, finalmente, a mirar al fútbol.

    Por: Vanessa Claudio.

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