viernes, junio 21, 2024
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    Sandra Cisneros y la liberación femenina en «Mujeres sin vergüenza»

    La escritora estadounidense es una mujer sin filtros que plasma su autoconocimiento en páginas…

    Sandra Cisneros, la multi galardonada escritora de “The house on mango street”, vuelve a la poesía después de varios años de ausencia en el género. Aprovechamos para hablar del rompimiento de paradigmas, liberación de tabúes, status quo. De su relación con la lectura, la escritura y cómo se encontró a sí misma en medio de la soledad.

    Sandra Cisneros es estadounidense de nacimiento, pero sus raíces son mucho más mexicanas de las que cualquiera podría imaginar. Se fue de Estados Unidos, para reencontrarse consigo misma en México.

    «Mujeres Sin Vergüenza» es un libro dedicado a la liberación femenina, al constante reencuentro interno, redescubrir formas de expresión, dejar a un lado los miedos heredados, atreverse a expresar su naturaleza, cortar patrones familiares, la autoexpresión femenina, de la mujer empoderada.

    Cisneros estará presentándose en la Feria del Libro de Miami este 19 de Noviembre.

    ¿Sientes que la escritura te ha dado todo lo que le has dado a ella?

    Yo siento que la escritura me ha dado mucho más, de lo que yo esperaba recibir en esta vida. Porque mis aspiraciones eran recibir las buenas recomendaciones de mis colegas, de los escritores que yo aprecio. Empecé como poeta, dije bueno: “lo máximo sería que Eduardo Galeano, Elena Poniatoska me escribieran un prólogo de mis escritos”. Eso es lo que esperaba. Y sentía que ya con eso podía morir. (Risas).

    Elena Poniatoska tradujo el libro “La Casa en Mango Street”, la primera versión

    Ahora está traducida por Fernanda Melchor, la nueva edición. Y este libro fue traducido por una poeta mexicana fantástica, Liliana Valenzuela.

    Sandra, dicen que si uno tiene 500 libros, ya es considerado librería. ¿Tú ya calificas para tener una librería privada en tu casa o no tanto?

    Oh, tuve que regalar el 80% de mis libros, cuando me vine a vivir acá porque yo vivía en una casa y con otro edificio que era mi biblioteca oficina, y ahora donde estoy, no tengo dónde poner mis libros y se ve que los tengo por todas partes.

    Y siempre cuando llego con libros, a fuerza, tengo que regalar algunos para que quepan en mi casa. Aún así, tengo torres de libros en cada cuarto, incluso el baño.

    Los libros siempre son como otros universos ¿qué te han dado?

    Sí, sí. Y para mí, como hija única, me ayudaron mucho a aguantar y sobrevivir, estar tan sola, porque viví con muchos hermanos, pero uno puede estar sola en una casa con mucha gente.

    Sandra, la sensualidad de la mujer es un tema que siempre traigo porque a nosotras nos enseñan a controlar o suprimir toda esa forma. Eso está palpable en tus escritos. ¿Cómo fue el proceso de recuperar ese camino hacia tu esencia?

    Yo creo que empecé joven. Como a los 30 años decidí que tenía que vivir para mis propios deseos. Decidí a los 30 años no tener hijos; tener libros y decidí que quizá, no me iba a casar, no porque quise. Mis amantes eran muy «chiquitos». No he hallado a alguien que tenga mi nivel de poder espiritual, de creatividad. Y no me siento triste, pero no me tocó. Y ojalá, pero si me muero, estoy feliz. Y, por eso, es que decidí vivir por mí misma.

    Cuando estuve con mi pareja, siempre me sentí muy infeliz y ahora me siento más completa. Vivo sola y no me siento sola. Porque siento mucho amor del universo, de los animalitos, de la naturaleza, de mis alumnos, de mis amigos. Así que, nunca me tocó vivir la vida de la mayoría de mujeres. Siempre supe desde muy joven que tenía que complacerme a mí misma.

    ¿En qué momento te acercas al budismo? Porque también tiene influencia en tu escritura

    Sí, bueno, he empezado desde muy joven a buscar mi camino espiritual. Desde los 20 años, cuando tuve un accidente que me atropelló un coche en la universidad. Me pregunté: «¿cómo es que estoy viva?» Y empecé desde ahí esa investigación, que me llevó 40 años encontrando el budismo.

    Además, me dio mucha oportunidad de regresar a mis raíces culturales. Así que, siento que soy bud-lopista, creo mucho en la divinidad femenina y para mí, la Virgen de Guadalupe es parte de una trayectoria de las diosas pre-conquistas. Así la veo yo. Muy poderosa. No como la ve la Iglesia Católica, si no como un símbolo del poder femenino. Ella es amor puro y puro amor. Así veo a Dios.

    ¿Qué es una mujer sin vergüenza?

    La mujer sin vergüenza es una mujer que no se deja juzgar por otros. Ella no espera que le juzguen. Ella vive su vida escuchando a su intuición, a su corazón. Y, para mí, eso lo estoy logrando, intentando aún a mis 67 años, porque puedes superar una vergüenza, pero surge otra. Y yo, a estas alturas, ahora me siento con un poco de vergüenza, de decir: «te amo», por ejemplo. Me cuesta decirlo, porque no me criaron así en mi casa, pero lo estoy intentando.

    Sandra, ¿”La Casa en Mango Street” cambió tu vida?

    La verdad que no. Al principio, no. Cuando lo escribí, yo no tenía absolutamente ni idea de que iba a tener éxito, de ganar dinero, de que iba a estar traducido a tantos idiomas. Más de 25 idiomas. Más de 100.000 copias vendidas.

    Yo nunca tuve esa idea, porque fui una maestra de secundaria en una escuela en Chicago. Y sólo quise deshacerme del dolor de ser la maestra de estos alumnos que estaban viviendo vidas muy fuertes. Y empecé a tejer sus historias sobre las mías, con las de mis parientes, tejidas sobre un barrio donde viví. La verdad nunca esperé el éxito que tiene.

    Lo hice con amor. Siempre sale bonito, sí lo haces sin ningún motivo personal, sí lo haces sin egoísmo. Tardó 10 años para florecer, tener éxito y mostrarme como escritora.

    Sandra, en el libro hay una parte donde hablas sobre ¿Para qué sirven las caderas?

    Ah, sí (risas). Lo escribí porque quería escribir y explorar. Para niñas que están fascinadas con el cambio de su cuerpo. Y al principio, quise escribir de las tetas, pero dije no, si escribe de las tetas, no me lo van a permitir en las escuelas. Así que, hay que usar más imaginación y, por eso, hablo de las caderas.

    Es tan real

    Especialmente, en nuestra cultura latina, sí tienes una amiga o prima que es tu rival. Piensas ¿a quién le toca primero los tacones altos? ¿A quién le va a tocar de primero usar un bra? Estás como una competencia constantemente con tu amiga o con tu prima.

    Sandra, ¿a qué te has atrevido? A pesar del miedo

    Volar en aviones, subirme en coches para llegar a esos aviones. Enfrentarme con los fantasmas, porque soy intuitiva y ellos se acercan a mí. Y la cosa que no he superado es enfrentarme con ratones, ni conejos.

    Las historias te persiguen también, así como los fantasmas se te acercan

    Yo creo que los fantasmas y las historias son la misma cosa. Vienen, te persiguen y te buscan, y aunque intentas cerrar los ojos, surgen en el estado de vigilia y en el sueño que estamos viviendo con los ojos abiertos. Y salen en mi poesía también. Intento contestar, porque la poesía nos llama diario, pero a veces no le hacemos caso.

    Sí, aparece en lo que dicen la musa

    Hay tantos poemas que me persiguen, pero uno se distrae y luego cuando ya te enfrentas con las páginas, se te fue.

    ¿Cómo haces tú para no dejar que la rutina y la vida diaria se interponga entre tú y la poesía o la escritura?

    Bueno, yo siempre llevo una libreta conmigo o escribo notas en mi celular. Pongo una frase, para no perder la idea y cuando tengo tiempo, regreso a trabajar sobre eso. Es lo que intento de hacer. Y esa es mi forma de permitirme mucho tiempo, porque la poesía, aunque parece algo ligero y fácil; te va a mandar siquiera tres horas mínimo.

    ¿Este libro salió con un propósito o fue sin darte cuenta?

    Yo siempre escribo poesía cuando estoy trabajando en prosa y no me di cuenta que tenía un libro. Tuve que preguntarle a mis colegas, a mi agente, a mi editor. Y ellos revisaron mis poemas, pensaba que quizás ya los había acabado, los acabé. Tuve que tener mucha confianza para compartirlos, porque es mi diario, es privado. Y puedo seguir escribiendo hasta el último día.

    Tómate tu tiempo, mija. Me gustó mucho esa frase

    Sí, esa frase de mi papá de cuando me enseñó a manejar y lo escucho cuando estoy trabajando o cuando me siento muy apurada.

    ¿Qué encontraste en San Miguel?

    Sabes que yo llegué de visita primero, me invitaron a dar una lectura y luego regresé de visita y me impactó mucho, que encontré un espiritualismo o un contacto con la vida espiritual y me gustó eso. Y siento como si estuviera viviendo un constante aprendizaje.

    Acerca de los poderes que todas tenemos como mujeres. Como poetas en el mundo espiritual. Y estoy en eso, aprendiendo de mis poderes. Intentando desarrollarlos para mi próximo libro, que va a ser una novela.

    Me da un poquito miedo decir que es una novela, porque son difíciles. A veces te toma nueve años y es como aprisionarte en una cárcel. Por el tiempo que toma. Pero este próximo no va a ser así. Me va a tomar tres años y va a ser como hacer el amor.

    ¿Y cómo es hacer el amor?

    Le echas muchas ganas. Tienes que sudar, guerrear mucho, batallas, batallas. Pero que bonito cuando ya llegas.

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