viernes, febrero 27, 2026
More

    Sologamia: El ritual de compromiso personal que está redefiniendo el romance

    En tiempos de vínculos líquidos, agendas saturadas y expectativas románticas heredadas, cada vez más personas están convirtiendo el 'amor propio' en un acto público: ceremonias simbólicas donde la protagonista es una sola. ¿Empoderamiento real, performance contemporáneo o un gesto necesario para volver a elegirte?

    ¿Qué es la sologamia? Durante décadas, la idea del matrimonio funcionó como una promesa social: estabilidad, pertenencia, validación. Y aunque muchas personas siguen deseándolo, también es cierto que la vida afectiva se ha vuelto más compleja. No necesariamente más triste, sino más consciente.

    Por un lado, hoy se habla con menos culpa de la soltería elegida, del divorcio sin drama y de la posibilidad de amar sin encajar en moldes. Por otro, crece una conversación que antes era casi invisible: ¿qué pasa cuando la relación más determinante no es la de pareja, sino la que tengo conmigo misma?

    En ese cruce aparece la ‘sologamia’, un término que se usa para nombrar lo que popularmente se conoce como ‘casarse con una misma’: un ritual personal, sin implicaciones legales, que busca marcar un compromiso interno.

    La palabra puede sonar provocadora —y lo es, un poco—. Pero el fondo suele ser menos escandaloso de lo que parece: se trata de formalizar, a través de símbolos, una decisión íntima. No es ‘renunciar al amor’, sino dejar de postergar el propio bienestar a la espera de otra persona.

    Sologamia
    Se trata de formalizar, a través de símbolos, una decisión íntima. Foto: Unsplash.

    ¿Qué es exactamente la sologamia, y qué no es?

    Primero, lo básico: la sologamia no es un matrimonio reconocido por la ley. Es una ceremonia simbólica que algunas personas realizan para celebrar una etapa, cerrar un ciclo, sanar una ruptura, honrar un duelo o simplemente declarar un ‘aquí estoy’ con intención.

    Puede parecer un gesto moderno, pero en realidad se inscribe en algo profundamente humano: los ritos existen para dar significado a los cambios.

    Lo que sí es:

    • Un acto de afirmación personal, con un componente ritual y emocional. Un momento de pausa consciente: elegirte como prioridad, sin pedir permiso.

    • Una narrativa alternativa: el amor no es únicamente vivir o estar con una pareja; también es cuidado, límites, respeto, placer, calma.

    Lo que no es:

    • Una sentencia contra las relaciones. Muchas personas que realizan esta ceremonia siguen abiertas a vínculos compartidos.

    *Una solución mágica. No reemplaza terapia, red de apoyo, trabajo emocional ni procesos de sanación.

    • Un ‘capricho superficial’ por definición. Puede serlo, claro, pero también puede ser una experiencia genuina y transformadora.

    Febrero: el mes para resignificar el romance

    Febrero siempre nos invita a hablar de pareja, detalles, planes, ‘esa persona especial’. Pero quizá el gesto más contemporáneo de esta temporada sea ampliar el significado de esta palabra.

    Porque el romance también es: levantarte de una etapa que te rompió; aprender a habitar tu cuerpo sin juicio; sostenerte cuando nadie más sabe cómo; dejar de elegir desde la carencia. Y también es permitirte celebrar sin esperar una validación externa.

    Sologamia
    La sologamia es una ceremonia simbólica. Foto: Unsplash.

    En un país donde todavía pesan ciertas ideas sobre ‘cómo debería ser’ la vida —la pareja como meta, el anillo como final feliz—, casarte contigo misma funciona como una pregunta abierta: ¿qué pasa si mi final feliz no depende de llegar a alguien, sino de volver a mí?

    Sologamia: ¿empoderamiento o performance?

    Una crítica frecuente a esta tendencia es que se ha vuelto instagrameable: vestidos blancos, sesiones de fotos, votos escritos con caligrafía perfecta, playlists y flores. Y sí: vivimos en una cultura donde la estética cuenta, y donde lo íntimo se convierte fácilmente en contenido.

    Pero reducirlo todo a un performance es quedarse a la mitad. Lo simbólico necesita forma: velas, música, palabras, un objeto que recuerde. El problema no es que se vea bonito; el problema sería usar la forma para evitar el fondo. Un ritual vacío se siente. Y uno honesto, también.

    La pregunta útil no es ‘¿está de moda?’, sino ‘¿qué necesidad está nombrando?’. Y la respuesta suele apuntar a una carencia colectiva: nos enseñaron a comprometernos con los demás, pero muy poco a comprometernos con nuestro propio bienestar.

    Lo que puede sanar un ‘sí, acepto’ contigo misma

    No todas las personas necesitan este tipo de ceremonia. Pero para quienes conectan con la idea, puede ser una herramienta poderosa por tres razones:

    1. Marca un antes y un después. Una ruptura, una enfermedad, una mudanza, un cambio laboral, un duelo: las transformaciones exigen cierre. Y el cierre, muchas veces, no llega solo.
    2. Te devuelve la agencia. En lugar de esperar a que algo suceda —que llegue alguien, que se arregle todo, que el tiempo cure—, se declara una elección: ‘me tomo en serio’.
    3. Te obliga a poner en palabras lo esencial. Prometerte límites, descanso, honestidad, cuidado, placer, disciplina emocional… Suena distinto cuando lo dices en voz alta, aunque sea frente al espejo.

    Ahora bien, un ritual no sustituye las decisiones cotidianas. El compromiso real se demuestra en acciones diarias: dormir, comer, moverte, pedir ayuda, decir ‘no’, alejarte de lo que te apaga, volver a lo que te enciende.

    El amor propio no se promete, se practica

    ‘Casarte contigo misma’ puede parecer extraño si lo miramos con lentes antiguos. Pero si lo leemos como un síntoma de época, es revelador: estamos buscando nuevas formas de pertenencia, nuevas narrativas para el romance, nuevos ritos para los cambios.

    En febrero, cuando todo empuja hacia el amor como pareja, esta tendencia abre una puerta distinta: la del amor como refugio interno. No para encerrarte, sino para sostenerte mejor.

    Porque cuando te eliges de verdad, el amor —si llega— ya no viene a completarte, sino a acompañarte. Y eso, quizá, es lo más romántico que puede pasar.

    El compromiso real se demuestra en microacciones: dormir, comer, moverte, pedir ayuda, decir no, alejarte de lo que te apaga, volver a lo que te enciende.

    Por: Nancy Estrada.

    Otros artículos