Por: Mónica Mendoza
Durante décadas, a las mujeres se nos enseñó a callar, a bajar la voz cuando menstruábamos por primera vez, a esconder las toallas sanitarias en el supermercado, a no hablar demasiado del embarazo, del posparto, de la depresión, del cansancio. Y, por supuesto, a atravesar la perimenopausia y la menopausia como si fueran un secreto vergonzoso, algo que había que ‘aguantar’ en silencio.
Por eso esta conversación con Tamsen Fadal no es solo una entrevista: es un acto político. Hablamos con ella sobre su best seller: ‘Cómo afrontar la menopausia, recuperar tu salud, tomar las riendas de tu vida y sentirte aún mejor que antes’ en el marco de la Feria del Libro de Miami, un espacio que celebra las ideas, las palabras y las historias que incomodan y transforman. No pudo haber un mejor lugar para hablar de un tema que durante años fue relegado al susurro.
Tamsen fue durante más de 30 años una periodista reconocida en la televisión estadounidense, sabía perfectamente cuál era la primera regla del oficio: tú no eres la noticia. Y, sin embargo, la menopausia la obligó a romper esa norma, la sacó de su zona de confort, la puso bajo el reflector y le cambió la vida.
‘Como periodista, lo más difícil fue deshacerme de esa mentalidad’, me dice. ‘No quería ser el centro de la historia. Pero escuchar a tantas mujeres con relatos idénticos al mío me permitió contar lo que pasó de manera factual: qué ocurrió y qué hice después. El quién, el qué, el cuándo y el cómo. Eso me ayudó a narrarlo sin perder rigor’.

La menopausia en una industria profundamente edadista
Hablar de edad en los medios nunca ha sido fácil, y menos para una mujer. La industria periodística —como tantas otras— ha sido históricamente edadista. La juventud se premia, la experiencia se esconde. Para las mujeres, el cuerpo que cambia suele vivirse casi como una traición profesional.
‘Durante mucho tiempo me costó hablar de mi edad y de mi cuerpo cambiando’, reconoce. ‘Pero hacerlo fue lo que lo cambió todo’. Hoy, esa decisión tiene impacto medible.
Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, para 2030 más de 1 millón 300 de mujeres en el mundo estarán en menopausia o posmenopausia. Sin embargo, diversos estudios señalan que menos del 20% se siente bien informada sobre lo que ocurre en esta etapa.
En Estados Unidos, los síntomas relacionados con la menopausia generan pérdidas estimadas en más de 26 mil millones de dólares anuales en productividad laboral, debido al ausentismo, la reducción de horas y el abandono forzado de carreras. No es un tema ‘íntimo’. Es un asunto de salud pública, económico y social.
Cuando el cuerpo cambia, todo cambia
Hay un punto —y muchas mujeres lo reconocen con alivio— en el que lo que antes parecía urgente deja de serlo. ‘Las pequeñas cosas que antes me sacaban de quicio dejaron de importar’, dice Tamsen. ‘De repente entendí que había algo mucho más grande pasando: primero tenía que entender qué le ocurría a mi cuerpo y luego qué le estaba pasando a mi mente’.
Durante la perimenopausia, muchas mujeres atraviesan síntomas durante años sin saber nombrarlos: reglas abundantes, aumento de peso inexplicable, insomnio, agotamiento extremo, cambios de humor, ansiedad, niebla mental. Hoy tenemos palabras para eso. Antes, solo teníamos culpa.
‘No sabía qué era la brain fog’, recuerda. ‘Solo sabía que perdía el hilo de lo que estaba diciendo, y eso afectaba directamente mi confianza. Empezaba a dudar de mí misma’.
Nombrar lo que sucede es un acto profundamente liberador. Ponerle nombre al síntoma le quita poder al miedo. Y también desmonta esa narrativa tan arraigada de que ‘algo está mal conmigo’.
Romper el silencio como acto de salud
Por eso su primer documental se llamó ‘Shredding the Silence on Menopause (Rompiendo el silencio sobre la menopausia)’. El objetivo no era solo educar sobre los síntomas, sino devolverle la voz a las mujeres dentro de su propio recorrido de salud.
‘Claro que queríamos enseñar qué síntomas observar, pero más que nada queríamos que las mujeres se sintieran dueñas de su proceso, capaces de hablar con sus médicos, de hacer preguntas, de tomar decisiones’, explica.
Hoy, ese proyecto se ha convertido en un ecosistema completo: un segundo documental (The M Factor: Before the Pause), un libro (How to Menopause) y un podcast (The Tamson Show), donde conversa con médicos, especialistas, pensadores y mujeres reales que hacen preguntas en tiempo real. Millones de mujeres han accedido a información clara, directa y sin condescendencia.
‘La menopausia es inevitable’, suele decir la doctora Sharon Malone, una de las voces médicas que más influyeron en Tamson. ‘Pero sufrir no lo es’. Esa frase la marcó para siempre.

Posmenopausia: no es el final, es el resto de tu vida
Una de las grandes angustias aparece cuando una mujer escucha que, tras un año sin menstruación, todo lo que viene es posmenopausia. La pregunta surge casi automáticamente: ¿así me voy a sentir el resto de mi vida?
‘No’, responde Tamsen con claridad. ‘Pero sí estarás en menopausia el resto de tu vida, y eso suena fuerte cuando lo oyes por primera vez. La buena noticia es que muchos síntomas disminuyen’.
En su caso, la terapia hormonal fue una herramienta clave, pero también lo fue el tiempo y el autoconocimiento. ‘Incluso la niebla mental fue desapareciendo. Y algo más cambió: la manera en que reacciono ante las cosas. Antes, cualquier detalle se convertía en un drama. Ahora pienso: va a estar bien. Entender por qué me siento así le quitó miedo a todo’.
No tenemos fecha de vencimiento
Quizá uno de los mensajes más potentes de esta conversación es este: las mujeres no tenemos fecha de expiración.
Vivimos más que los hombres, pero paradójicamente, muchas veces con peor calidad de vida en esos años. Nunca antes habíamos tenido una hoja de ruta para esta etapa, en parte porque no existía esta expectativa de vida y en parte porque durante décadas atravesamos estos cambios en silencio.
‘Tenemos que dejar de creer que nuestros mejores años quedaron atrás’, dice Tamsen. ‘Puedes iniciar una nueva relación, reparar una existente, empezar una carrera distinta, descubrir un propósito nuevo’.
Ella misma es prueba de ello. Hace dos años dejó una carrera de tres décadas en televisión. ‘Fue aterrador. Me despertaba preguntándome si había cometido el peor error de mi vida’. Hoy sabe que fue la decisión correcta.
Menopausia y duelo: lo que también se pierde
Le pregunto qué le enseñó la menopausia sobre el duelo. Su respuesta es honesta y profunda. ‘Me obligó a detenerme y a llorar pérdidas que no había procesado’, dice. La muerte de su madre, ocurrida cuando ella tenía la misma edad que Tamsen alcanzó durante la menopausia, volvió con fuerza en ese momento.
‘También hay un duelo por quien ya no eres. Por ese cuerpo, esa energía, esa versión anterior. Y luego llega otra pregunta: ¿está bien no ser quien era? Cuando escuché dentro de mí que la respuesta era ‘sí’, algo se acomodó’.
El duelo no se supera: se integra. Como ese dibujo que muestra el dolor como un círculo fijo, alrededor del cual se va reconstruyendo la vida poco a poco.
Una conversación que incluye a los hombres
Especialmente en familias latinas, la menopausia sigue viéndose como ‘tema de mujeres’. Para Tamsen, ese es un error. ‘No se trata de que los hombres solucionen nada’, aclara. ‘Se trata de que escuchen’. Acompañar puede significar comer mejor juntos, caminar, respetar espacios, entender cambios emocionales.
Por eso creó una guía breve de menopausia para hombres. ‘No van a leer mi libro’, dice riéndose. ‘Pero algo corto y claro, sí’. Que un adolescente de 14 años entienda qué es la menopausia, como su sobrino, es un triunfo cultural. Significa que crecerá sin vergüenza ni tabúes.
Hablar salva
Mientras caminábamos entre libros, lectores y conversaciones cruzadas en la Feria del Libro de Miami, esta charla se fue transformando en algo más que una entrevista. Era el testimonio de una mujer que entendió que contar su historia podía abrir la puerta a millones de otras.
Hablar salva. Informar salva. Nombrar salva. La menopausia no nos quita valor, nos quita silencios. Nos devuelve el derecho a habitar nuestros cuerpos con información, dignidad y comunidad.
Y eso, en un mundo que nos quiso calladas durante tanto tiempo, es profundamente revolucionario.

