En un mundo que constantemente exige velocidad, exposición y definición, Zuria Vega ha aprendido a habitar la vida desde otro lugar: uno más consciente, más íntimo y profundamente honesto.
En esta etapa, el presente se vuelve protagonista y la pausa, una forma de resistencia. En sintonía con el universo de Tous, Zuria construye una narrativa donde la belleza no se impone, se siente. Una historia que se vive desde la calma, la intención y la certeza de que lo más valioso no siempre se ve, pero siempre permanece

A través de los años, su mirada sobre el tiempo, la maternidad, la identidad y el trabajo se ha transformado en una búsqueda constante de equilibrio, en la que lo importante ya no es hacerlo todo, sino estar realmente presente en lo que sí importa.
Cómo Zuria Vega aprendió a vivir el presente con conciencia
Hay algo en Zuria Vega que no responde a la urgencia. En una industria en la que todo se mueve rápido y en la que muchas veces la identidad se diluye entre personajes, expectativas y exposición constante, ella ha logrado construir una forma de estar que se siente profundamente arraigada en lo real. No hay prisa por definirse ni necesidad de encajar en una narrativa específica.
Hay, en cambio, una conciencia que se ha ido afinando con el tiempo: ‘Algo que siempre he tenido muy claro en mi vida es que el personaje se queda en el set. Creo que siempre he sido una mujer que habita, que ocupa el espacio, que habita mi piel. Me gusta vivir mi vida’.
Su manera de entender la actuación parte de esa separación clara entre lo que interpreta y lo que es. Pero lo que sí ha cambiado con los años no es esa esencia, sino la profundidad con la que la vive.


La conciencia del tiempo, de lo efímero, de lo irrepetible: ‘Sí creo que con los años uno se hace más consciente de que la vida se pasa muy rápido y que la vida es una, nada más… Entonces, lo que cambia es la conciencia de habitar el presente con mucha presencia, sea malo, bueno, regular, doloroso, increíble u horrible, pero estar’.
Esa idea de ‘estar’ no es menor. En una realidad en la que constantemente se proyecta hacia el futuro y en la que todo parece depender de lo que sigue, Zuria plantea algo más radical: quedarse.
La filosofía de vida de Zuria Vega sobre autenticidad e identidad
Hay una etapa en la vida en la que definirse a través de la mirada externa parece inevitable. Opiniones, etiquetas, expectativas que se repiten tanto que terminan instalándose como verdad.
Pero en algún punto, Zuria decidió soltar eso: ‘Hace mucho tiempo que me dejé de definir ante los ojos de los demás… Considero que cuando te defines ante la opinión pública o la de tu familia, te lo crees’.
Lo interesante es que no lo plantea como un acto inmediato, sino como un proceso: uno que implica cuestionarse, revisarse, incomodarse incluso.
Porque dejar de definirse desde fuera no es solo ignorar el ruido, sino también aprender a escucharte a ti misma con suficiente claridad para distinguir qué sí te pertenece y qué no: ‘Creo que cada vez me defino más a mí misma y eso me gusta‘. En ese reconocimiento hay algo profundamente honesto: aceptar que la identidad no es perfecta ni lineal, sino que también incluye contradicciones.

Zuria Vega habla sobre maternidad real y crianza consciente
La maternidad ocupa hoy un lugar central en la vida de Zuria, y ella la aborda no desde un lugar idealizado, sino desde uno mucho más consciente y real.
Para ella, ser mamá no significa tener todas las respuestas, sino aceptar que habrá errores, dudas y aprendizajes constantes: ‘La maternidad es un camino en el que tienes que saber que te equivocarás por más que lo quieras hacer todo bien’.
Pero quizá una de sus reflexiones más poderosas está en entender que los hijos no vienen a repetir la historia de sus padres: ‘No van a vivir tus miedos ni tu historia; no tienen que repetir lo que tú repetiste ni cumplir lo que tú no lograste; tienen su vida y es de ellos, y tú los puedes acompañar’.
Acompañar, no dirigir; estar, no controlar; amar, sin intentar evitarles la vida: ‘Esa es una de las cosas más dolorosas de la maternidad, pero no les puedes evitar la vida’.


Zuria Vega revela cómo protege su vida privada en la era digital
En una era en la que compartir se ha convertido casi en una obligación, Zuria ha encontrado valor en lo contrario: en elegir, en decidir qué se muestra y qué se resguarda.
‘Cuanto menos busco la aprobación, menos me expongo. Cada vez soy mucho más celosa con mi tiempo, con mi historia, con mis amigas, con mi pareja‘, precisa.
Esa relación con la exposición no viene desde el rechazo, sino desde la claridad; desde entender que no todo tiene que ser público para ser válido y que la intimidad también es una forma de cuidado:
‘Comparto con quien realmente quiero compartir. Hay un momento en el que te das cuenta de que nunca vas a complacer a todo el mundo. Entonces te tienes que complacer a ti‘. Y en esa decisión, hay una especie de libertad: la de dejar de explicar, de justificar, de intentar encajar en expectativas externas; la de simplemente ser.

Qué piensa Zuria Vega sobre el tiempo, la fama y la exposición pública
Si hay algo que atraviesa toda su conversación es la forma en la que entiende el tiempo: no como algo que se administra únicamente desde la productividad, sino como algo que se vive desde la intención: ‘Cada vez soy más consciente del tiempo, de lo importante que es‘.
Esa conciencia se traduce en decisiones más claras, en elegir proyectos que realmente resuenen, en no aceptar todo, en no comprometerse por validación externa:
‘El límite es que yo no voy a transgredirme por números o likes. Cada vez soy más clara en cuanto a las historias que quiero hacer, las historias que quiero contar y a lo que representa en este momento de la vida de mis hijos irme a trabajar: tiempo. Entonces, no lo voy a hacer por cualquier cosa. No voy a contar algo que no quiero‘.
Porque al final, el trabajo es solo una parte: ‘La carrera, para mí, es una parte fundamental… pero es una rama más de mi vida’. Zuria Vega no está intentando ser algo; está intentando estar. Y en esa diferencia hay una profundidad que no se puede fingir.
Su forma de ver la vida no responde a una tendencia ni a un discurso aprendido, sino a una construcción personal que se ha ido moldeando con experiencia, con errores, con decisiones conscientes.
No busca definirse desde fuera ni cumplir con una expectativa específica. Busca algo mucho más complejo y, al mismo tiempo, mucho más simple: vivir su vida con presencia.


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Créditos:
Director editorial: Gerard Angulo
Fotografía: Angel Buzo
Maquillaje: Andrea Moreno
Hair: Alero
Asistentes de moda: Sofia Escobar y Michelle
Entrevista: Emilio Gala
Producción: Yuliet Delgado

