Hay directores que cuentan historias. Y hay otros, como Guillermo del Toro, que construyen universos completos donde lo extraño, lo frágil y lo monstruoso conviven con una sensibilidad profundamente humana. Desde Guadalajara al imaginario colectivo del cine mundial, su filmografía no solo se ve: se siente, se habita, se recuerda.
¿Dónde nace la imaginación de Guillermo del Toro?
Antes de los Óscar, los festivales y el reconocimiento global, hubo un adolescente en Guadalajara obsesionado con el maquillaje, las criaturas y el cine como arte total. Del Toro pasó una década perfeccionando el diseño de maquillaje y los efectos prácticos, fundó su propia compañía (Necropia) y aprendió, desde muy joven, que el cine también se construye con manos, texturas y paciencia.
¿Por qué sus películas hablan tanto de la infancia?
En el universo de Del Toro, la infancia no es ingenua: es lúcida. Niños que ven lo que los adultos prefieren ignorar, criaturas que entienden mejor el dolor que los humanos, y mundos fantásticos que funcionan como refugio ante la violencia real.
El espinazo del diablo y El laberinto del fauno son ejemplos claros: cuentos oscuros donde la fantasía no escapa de la realidad, sino que la confronta.
¿Qué tienen en común sus monstruos?
Vampiros, demonios, fantasmas, anfibios, kaijus. A simple vista, nada. Pero en el cine de Del Toro, los monstruos comparten algo esencial: son los verdaderos inocentes. Lo aterrador casi siempre es humano.
Desde Cronos hasta La forma del agua, sus criaturas encarnan la diferencia, la exclusión y el deseo de ser aceptadas.
Películas de Guillermo del Toro
- Cronos (1993)
- Mimic (1997)
- El espinazo del diablo (2001)
- Hellboy (2004)
- El laberinto del fauno (2006)
- Hellboy II: El ejército dorado (2008)
- Pacific Rim (2013)
- La cumbre escarlata (2015)
- La forma del agua (2017)
- El callejón de las almas perdidas (2021)
- Pinocho de Guillermo del Toro (2022)
- Frankenstein (2025)
Guillermo del Toro no solo hace cine: defiende la imaginación, apoya a jóvenes creadores y entiende la cultura como un espacio vivo. No es casual que la UNAM lo haya reconocido con un doctorado honoris causa.

