En un Nueva York cubierto de nieve (con ese silencio blanco que vuelve todo más cinematográfico) Carolina Herrera demostró por qué el Upper East Side sigue rindiéndose ante su elegancia. Pero esta vez no se trató solo de sofisticación: fue una declaración artística.
Wes Gordon presentó para Otoño-Invierno 2026 una colección que entiende la moda como lenguaje visual (como manifiesto) y que rinde tributo a mujeres que no solo han habitado el arte, sino que lo han transformado.
¿Qué inspira esta colección de Carolina Herrera?
La leyenda dice que Carolina Herrera comenzó a diseñar porque otra mujer creyó en ella. Diana Vreeland vio algo (ese ‘algo’ imposible de enseñar) y la impulsó a continuar. Esa genealogía femenina atraviesa esta colección.
Gordon construye un homenaje a artistas, musas, galeristas, coleccionistas y creadoras cuya mirada ha redefinido el panorama cultural. Desde la potencia pictórica de Amy Sherald hasta la sensibilidad fotográfica de Ming Smith, la colección no ilustra el arte: lo interpreta.
Aquí la pasarela no es solo moda es narrativa visual.

¿Cómo se traduce el arte en silueta de Carolina Herrera?
La respuesta está en el volumen. Hombreras esculturales, mangas abullonadas que expanden la figura, chaquetas cropped de proporciones dramáticas y faldas midi que se mueven como instalaciones cinéticas. La sastrería (impecable, precisa) se combina con piezas de teatralidad controlada.
El primer look lo deja claro: una chaqueta de leopardo en tonos ocre y chocolate, de mangas redondeadas casi arquitectónicas, dialoga con una falda de textura tridimensional compuesta por láminas superpuestas que vibran con el movimiento. Es fuerza y disciplina, pero también fantasía.

¿Qué texturas dominan la temporada de Carolina Herrera?
La tridimensionalidad se convierte en lenguaje. Vestidos cubiertos por cintas negras que simulan plumaje, superficies orgánicas que rompen la pulcritud clásica de la casa, flecos que generan profundidad y jacquards florales que aportan riqueza táctil. La colección explora lo matérico sin perder el rigor.
Para la noche, lentejuelas que capturan la luz neoyorquina y vestidos dorados luminosos conviven con propuestas monocolor, sobrias, seguras, absolutamente elegantes.


¿Cuáles son los colores clave según Wes Gordon?
El icónico Rojo Herrera vuelve a imponerse (con esa intensidad reconocible) pero esta vez dialoga con burdeos profundos, verde azulado, blanco invierno y nude cerámico.
La paleta se siente pensada como una galería cromática: contrastes altos, monocromías potentes y acentos ciruela o azul celeste que aportan frescura. No es un otoño oscuro, es un otoño con carácter.


¿Cómo se reinterpreta el ADN de la casa?
La camisa blanca (símbolo Herrera) aparece transformada en bata de artista, en blanco y negro. Las capas de seda evocan a Peggy Guggenheim y su excéntrica sofisticación. Los vestidos palabra de honor con faldas voluminosas regresan con una construcción más modular: colas desmontables, estructuras adaptables, glamour flexible.
¿Qué papel juegan los accesorios en Carolina Herrera AW26?
Wes Gordon continúa su exploración con una propuesta más enfática en joyería que en bolsos. Broches de cala (escultóricos, casi fetiche) capaces de transformar un look entero. Pendientes contundentes, collares rígidos con guiños animal print y guantes de piel negra que devuelven dramatismo.

¿Qué mensaje transmite esta colección de Gordon?
Carolina Herrera Fall 2026 habla de mujeres que ocupan espacio: en el arte, en la cultura, en la ciudad. Mujeres que entienden la elegancia no como discreción, sino como presencia.
En una industria que a menudo acelera hacia lo efímero, Wes Gordon apuesta por algo más sólido: estructura, técnica y una feminidad que no pide permiso. El glamour aquí no es nostalgia, es evolución.
Y mientras la nieve cae sobre Manhattan, queda claro por qué las mujeres más elegantes del Upper East Side siguen eligiendo Herrera: porque en sus prendas encuentran algo más que estilo, encuentran identidad.

