Dejar atrás un país nunca significa únicamente cambiar de geografía, también implica comprender otra cultura y reconstruir una identidad profesional desde un lugar completamente distinto.
Para Yare Santana, mudarse de Cuba a México representó mucho más que una oportunidad laboral: fue el comienzo de una transformación que la obligó a ampliar su manera de mirar el mundo sin perder aquello que siempre la ha definido.
Yare Santana y su llegada a México
A pesar de los años y de la distancia, asegura que existe una parte de ella que permanece intacta. ‘Lo que sigue intacto es esa niña interior, sus sueños y esa manera de ver la vida que nació desde mi infancia’.
‘Mi personalidad, mi carácter y muchas de las cosas con las que miro el mundo siguen siendo las mismas. Lo que cambió fue que esa visión se amplió muchísimo. Las experiencias te dan nuevos criterios y nuevas formas de entender la vida‘.

La adaptación también significó comprender una industria completamente diferente. Desde la forma de producir hasta el funcionamiento de los equipos, los representantes y las audiciones, México le presentó un universo mucho más amplio que terminó convirtiéndose en una segunda casa.
‘Tuve que entender cómo funciona la industria aquí, aprender otro lenguaje profesional e incluso trabajar mi acento como actriz. México me abrazó como mi segunda casa y eso, inevitablemente, también transforma quién eres’, confiesa.

Los personajes que han transformado a Yare Santana
Hay historias que se interpretan y otras que permanecen mucho después de escuchar el último ‘corte’. Para Yare, cada personaje representa un intercambio constante donde ella también termina descubriendo nuevas versiones de sí misma.
Sin embargo, hubo uno que modificó por completo su manera de entender el bien, el mal y los límites del ser humano: ‘Mujeres Asesinas’. ‘Para mí fue un viaje completamente recíproco. Como actriz siempre agradezco esos personajes que te obligan a buscar en lugares donde ni siquiera sabías que existían ciertas emociones’.
‘Con Mujeres Asesinas me preguntaba constantemente: ¿yo sería capaz de hacer lo mismo para salvar mi vida o la de alguien que amo? Cuando conoces estas historias desde dentro dejas de juzgar tan fácilmente y entiendes que los límites entre el bien y el mal son mucho más complejos de lo que parecen’.

Interpretar historias inspiradas en hechos reales implicó una responsabilidad aún mayor. ‘Más que como actriz, lo viví como mujer. Evidenciar historias tan cercanas y tan reales implica una enorme responsabilidad. Creo que también es parte de nuestro trabajo plantear conversaciones sobre situaciones sociales que siguen ocurriendo y hacerlo siempre con el mayor respeto y la mayor verdad posible’.
La importancia de recordar quién eres
En una profesión donde la opinión pública puede cambiar de un día para otro, Yare ha aprendido que la estabilidad no puede depender de los aplausos ni de las redes sociales.
Su mayor refugio siguen siendo las personas que la conocen fuera de los personajes. ‘Mi mayor recurso es mi familia, mis amigos y las personas que realmente conocen a la Yare real. Esa es la validación que más me importa’.


‘Las redes sociales pueden ser maravillosas porque crean una conexión muy bonita con la gente, pero también pueden convertirse en un espacio donde personas que no te conocen forman una opinión sobre ti. Por eso trato de ser siempre muy auténtica cuando tengo la oportunidad de hablar con alguien o conocer a quienes siguen mi trabajo’.
Esa autenticidad también es la emoción que espera provocar en quienes ven sus proyectos. No busca únicamente entretener; espera generar conversaciones capaces de permanecer mucho después de que aparecen los créditos.
‘Me gustaría que la gente hablara de lo que sintió al ver la historia. Que alguien pudiera decir: ‘Yo estoy viviendo algo parecido y ya no me siento solo’, o simplemente que una historia les regalara una sonrisa después de un día difícil. Creo que esa pequeña transformación que puede provocar el arte es parte de nuestra misión’.

Cuando el cuerpo también actúa
Existe una idea muy extendida de que los actores dejan a sus personajes al salir del set. Para Yare, la realidad es mucho más compleja. Aunque racionalmente siempre ha sabido separar la ficción de su vida cotidiana, descubrió que el cuerpo conserva emociones incluso cuando la mente ya logró soltarlas.
Durante las grabaciones de ‘Pasión de Gavilanes’, donde su personaje vivía constantemente situaciones de acoso, comenzó a experimentar ansiedad fuera del trabajo: ‘Yo sabía perfectamente que estaba haciendo ficción. Terminaba mi jornada, hablaba con mi familia, salía con mis amigos y todo parecía normal’.

‘Pero el cuerpo tiene memoria. Llegaba al hotel y sentía taquicardia o una angustia que no entendía. Incluso cuando regresé a México recuerdo que una vez me subí a un taxi y pensé que me iban a secuestrar. Ahí entendí que el cuerpo había absorbido todas esas emociones’.
Fue entonces cuando comenzó a construir sus propios rituales para despedirse de cada personaje. ‘Empecé a escribir un diario donde separaba mis emociones de las del personaje. Ese fue mi cierre. Hay actores que escriben cartas o tienen otros rituales. Yo entendí que, dependiendo de la historia, también hay que aprender a despedirse de ella. Y, por supuesto, la terapia también ha sido una herramienta maravillosa’.

Cuando le preguntan qué emoción le gustaría dejar al mirar toda su carrera dentro de veinte años, Yare no habla de premios, éxitos o reconocimientos. Habla de paz, de plenitud y de la tranquilidad de saber que cada personaje fue contado con honestidad.
Quizá esa sea la mejor manera de definir también su camino como actriz. Más que interpretar vidas ajenas, Yare Santana ha aprendido que cada historia deja una huella en quien la cuenta. Y que el verdadero reto no está únicamente en convertirse en alguien más frente a la cámara, sino en encontrar siempre el camino de regreso hacia uno mismo.
CRÉDITOS
Fotografía: Juan David
Realización: Sofia Escobar
Entrevista: Emilio Gala
Asistente de moda: Irene Gonzalez
Makeup & Hair: Kariana Martinez
Producción: Yuliet Delgado

