Conocemos perfectamente las botas vaqueras y la propuesta western de Montserrat Messeguer, aquella que se adapta perfectamente a nuestro día a día en la ciudad, pero, en realidad, ¿sabemos que hay detrás de la marca mexicana que nació para reconectarnos con nuestras raíces?
Desde muy pequeña, la diseñadora mexicana Montserrat Messeguer siempre tuvo una fascinación por las cosas vaqueras, un gusto que con el tiempo fue incrementando hasta crear su propia marca, recuerda: ‘Al lanzarla fue como pues a ver a quién le hace sentido esto’.
Aunque al principio la respuesta para ella era incierta, lo cierto es que su incertidumbre comenzó a visualizarse en las calles: ‘Fue accidental que fui encontrando una audiencia y fue permeando en la gente, creando como un fenómeno en las calles. Yo veía gente con mis botas y fue un sentimiento especial’.

Ese fenómeno también confirmó algo que para Montserrat resulta fundamental y es que, su propuesta no dependía únicamente de una tendencia porque como ella bien menciona en esta entrevista, el imaginario vaquero ha existido siempre y continuará transformándose a través de distintas expresiones culturales, desde el rock and roll y el country hasta el folk y la música regional mexicana.
Es por eso que admite: ‘Me da mucho alivio saber que esto es como quiénes somos, quiénes vamos a ser independientemente de la moda y que este estilo de vida va transicionando a diferentes expresiones’.
Montserrat Messeguer cambió las reglas de una industria
Hace tiempo, las botas vaqueras dejaron de pertenecer exclusivamente al campo. Hoy pueden acompañar un día de oficina, una cena, un viaje, andar en caballo o incluso una boda. Para Montserrat, convertirlas en una pieza cotidiana sin perder su esencia ha sido uno de los grandes retos y, al mismo tiempo, una de las mayores satisfacciones de su marca.
La clave de Montserrat Messeguer es que la marca respeta el origen y la manera en que tradicionalmente se construye el calzado, sus botas, por ejemplo, se elaboran mediante la técnica Goodyear welt, un proceso utilizado en botas de trabajo y de alta resistencia que requiere alrededor de 250 pasos y la intervención de numerosos artesanos especializados.

Es por eso que se han involucrado demasiado en la industria del calzado, que suele ser un territorio dominado por hombres, lo cual significó enfrentarse a una industria acostumbrada a producir bajo códigos muy específicos. Pero, Montserrat llegó con otra mirada, ella no buscaba simplemente decorar las botas para hacerlas femeninas, sino entender realmente qué quieren las mujeres y cómo quieren vivir con ellas.
‘Como ellos no entienden a las mujeres, lo que nosotras queremos, como la comodidad, versátilidad, trabajar en una industria tan tradicional y venir con nuevas ideas, ser la chilanga, ha sido súper complejo, que me acepten, que me hagan parte y sobre todo que nos cumplan’, confiesa.
Y, sin embargo, esa complejidad también se convirtió en parte de la identidad de la marca, porque la artesanía no es un accesorio dentro de la propuesta, sino que es su fundamento. Cada bota pasa por numerosas manos y conserva pequeñas particularidades que hablan precisamente de su carácter hecho a mano, como bien lo dice: ‘La belleza es que son artesanales’.

Quizá esa es la razón por la que resulta tan significativo ver cómo las mujeres hacen suyo el producto, algunas agregan charms, otras boot belts, otras pintan sus iniciales o modifican las plantillas para hacerlas todavía más cómodas, cada una encuentra una manera distinta de convertirlas en parte de su propia historia.
La propuesta de Montserrat Messeguer en el mundo
Si algo es cierto es que, el universo de Montserrat no se limita a una estética, detrás existe una investigación constante sobre una cultura que, para ella, es mucho más amplia de lo que imaginaba cuando comenzó a acercarse a ella.
La cultura vaquera, explica, es resultado de una mezcla de tradiciones españolas, culturas del desierto, pueblos originarios e inmigrantes europeos; es un territorio que atraviesa fronteras y que se expresa en la gastronomía, la música, la ganadería, la arquitectura y las formas de entender la vida.
Es por eso que confiesa: ‘Ese estilo de vida del campo, la ganadería, la carne asada, hasta la música con acordeones, es inmensa, es más grande de lo que yo me imaginaba’.
Pero eso mismo la llevó a explorar desde una mirada femenina: ‘Creo que también tiene que ver con reivindicar como la figura femenina en todo este territorio’, asegura.
Y esa búsqueda se traduce en cada colección, Montserrat parte de ese imaginario, pero no pretende repetirlo. Viaja, investiga, lee y observa para encontrar nuevas posibilidades: colores, texturas, formas y narrativas que después convierte en prendas y accesorios.
‘Siempre estoy viajando, conociendo, investigando, leyendo. Entonces, de ahí como que sale una chispa nueva y pues de ahí se genera como un colorido, un lenguaje de textura, de formas, de colores que vamos aterrizando en nuestra propuesta’, señala.

La historia de las botas de Montserrat Messeguer que usó Dua Lipa
El crecimiento internacional llegó también a través de mujeres que ayudaron a amplificar el alcance de la marca. En este punto, hubo algo que era inevitable no preguntartle… aquel momento cuando vimos a Dua Lipa con unas botas de Montserrat Messeguer.
Montserrat me contó la historia, la cual se suscitó durante pandemia y el equipo de Dua Lipa la contactó para un proyecto audiovisual. La historia no sucedió como en un cuento perfecto y es que, las botas no llegaron a tiempo a la filmación por cuestiones ajenas a la diseñadora.
Aunque Montserrat pensó que la oportunidad había terminado, después descubrió que a la cantante le habían encantado y lo que vino después fue todavía más inesperado. Dua Lipa comenzó a utilizar las botas en distintos momentos de su vida, no solamente como parte de producciones o sesiones fotográficas.

‘(Es una emoción y orgullo) que seleccionen a una marca independiente que tiene cero push, que nadie está ahí empujando las cosas, que llegan como súper orgánicamente a esas selecciones, pues creo que es muy importante y sobre todo que las usen en su vida diaria’, comparte Montserrat.
La exposición tuvo un efecto inmediato, recuerda: ‘Fue un boom. O sea, fue irreal. Yo me iba a dormir con cierto número de followers y al día siguiente se duplicaba y nos compraba gente de todo el mundo’.
Pero el éxito también trajo consigo uno de los desafíos más complejos para una marca independiente, el hecho de responder a una demanda que todavía no estaba preparada para enfrentar.
La producción artesanal impone sus propios tiempos y, en ese sentido, Montserrat ha aprendido a crecer sin renunciar a la calidad, eso mismo que hizo que la gente se acercara a la marca.
Actualmente, después de México, su segundo mercado es Estados Unidos y sus botas han llegado a lugares tan diversos como Canadá, Europa, Kuwait, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Kosovo y Albania. Una expansión que resulta todavía más significativa cuando se recuerda que detrás de cada pieza existe una cadena artesanal que no puede acelerarse de la misma manera que una producción masiva.
Ser mujer en una industria de hombres
Hablar con Montserrat sobre su crecimiento implica inevitablemente también hablar de género y no porque ella haya construido su trayectoria desde el victimismo, sino porque trabajar al frente de una empresa dentro de una industria tan tradicional le ha hecho experimentar desigualdades que antes no dimensionaba.
En la conversación, comparte: ‘Yo no tuve conciencia de que en realidad había como una desigualdad tan grande hasta mi maestría’. Su experiencia previa había estado marcada por referentes femeninos fuertes como su mamá. Sin embargo, al entrar a otros espacios académicos y profesionales comenzó a enfrentarse a comentarios y actitudes que le hicieron evidente un sesgo que hasta entonces no había experimentado directamente.
‘Es súper difícil que te tomen en serio, que no vean como un proyecto ahí de una chavita en lo que tiene hijos o en lo que no sé qué’, comenta. Para ella, incluso la manera de comunicarse se convierte en una especie de negociación constante, encontrar el tono adecuado para defender una decisión, exigir resultados y mantener autoridad sin que esa firmeza sea interpretada de una manera diferente por el hecho de ser mujer.
Obstáculos que van más allá de las dinámicas profesionales porque también están las condiciones de seguridad y movilidad que determinan hasta dónde puede desplazarse una mujer sola para resolver un problema de negocio.
Por eso considera fundamental que los hombres que ocupan posiciones de poder no se limiten a no obstaculizar el avance de las mujeres, sino que participen activamente en la creación de oportunidades.
Señala: ‘Necesitamos también de que los hombres nos abran esos espacios, creo que no es solo ser como no es solo ser un actor pasivo y no estorbar, sino ser proactivo’.

¿Qué sigue para Montrserrat Messeguer?
Después de abrir diferentes espacios en México y consolidar su presencia en nuestro país, Montserrat tiene la mirada puesta en Estados Unidos. Uno de sus proyectos más importantes es el relanzamiento de su sitio web acompañado de un centro de distribución en ese país, con la intención de fortalecer la venta directa al consumidor.
Pero el universo de la marca seguirá creciendo también en otras direcciones, hay nuevas líneas de denim, piel y calzado, todas con la intención de mantenerse dentro de una producción hecha en México. También está en desarrollo una línea para perros y existen planes para continuar expandiéndose en Ciudad de México.
Más allá de los números, las tiendas o los mercados internacionales, hay algo que parece mantenerse intacto: la intención de construir una marca con identidad. Cuando le pregunto cómo definiría su propia marca en pocas palabras, Montserrat responde sin demasiadas vueltas: ‘Creo que es como audaz, es valiente’.
Esas palabras definen perfectamente lo que ha construido Montserrat Messeguer y es que se ha atrevido a tomar una tradición profundamente ligada a lo masculino y reinterpretarla desde la mirada de una mujer.
Ha confiado en un proceso artesanal cuando la velocidad parece ser la regla; construye una audiencia antes que perseguir el hype; y permite que cada mujer que se pone unas botas de Montserrat Messeger las convierta, en algo suyo. Si algo ha demostrado su recorrido es que la identidad también puede ser una forma de caminar.

