A través de personajes incómodos, vulnerables y profundamente humanos, Paulina Dávila ha construido una de las trayectorias más interesantes del streaming latinoamericano actual.
En ‘Santita’ interpreta a una mujer que rompe por completo con las expectativas tradicionales sobre cómo debe verse, sentirse o comportarse una protagonista femenina.
En esta conversación, la actriz habla sobre memoria corporal, contradicción, deseo, mirada pública y la importancia de seguir creando desde un lugar íntimo y honestamente imperfecto.

Paulia Dávila y la manera de construir sus personajes
Hay algo muy particular en la manera en que Paulina Dávila habita un personaje. Incluso cuando no está diciendo nada, parece que siempre ocurre algo detrás de la mirada: una emoción suspendida, un pensamiento escondido, una tensión silenciosa.
Y quizá eso tiene que ver con cómo entiende la actuación: no como una ejecución técnica, sino como un espacio profundamente interno. ‘Para mí, construir un personaje tiene mucho más que ver con escuchar que con hacer’.
‘Antes de decir una línea, hay un proceso de construcción de un mundo, de una identidad, de entender qué le duele, qué desea profundamente y qué está tratando de esconder’, dice.
Esa sensibilidad atraviesa completamente ‘Santita’, la nueva serie en la que Dávila interpreta a uno de los personajes femeninos más complejos y emocionalmente incómodos que han aparecido recientemente en el streaming latinoamericano. Y probablemente eso es lo que vuelve tan poderosa a la serie: nunca intenta suavizar a su protagonista para volverla ‘agradable’.

El cuerpo también recuerda
Cuando Paulina habla sobre ‘Santita’, la conversación pronto deja de girar únicamente alrededor de la actuación. Habla del cuerpo, de memoria emocional, de heridas invisibles y de todas las cosas que una persona carga físicamente incluso cuando intenta ocultarlas.
‘Una de las cosas más profundas que reafirmé interpretándola fue entender que el cuerpo guarda memoria. En el cuerpo hay cicatrices, dolor, deseo, rabia, frustración, placer, herencia, historia entera. Muchas veces creemos que lo físico está separado de lo emocional, cuando en realidad están completamente entrelazados’, explica.
Y probablemente ahí está una de las razones por las que Santita se siente tan distinta a otras protagonistas femeninas contemporáneas: el personaje no está construido desde la perfección ni desde la complacencia emocional; existe desde la contradicción.
‘Me permitió acercarme a ella desde un lugar mucho más visceral, menos complaciente y más honesto. Y desde ella pude explorar el mundo desde una perspectiva completamente distinta a la mía’, dice Paulina.
La incomodidad de las mujeres reales
Hay una frase que atraviesa gran parte de la conversación: todavía incomoda ver mujeres complejas en pantalla. Y Paulina lo sabe de sobra: ‘Estamos acostumbrados a que las mujeres respondan a ciertas expectativas del deber ser. Por eso incluso tuve miedo de cómo iba a ser recibida Santita’.
Porque la protagonista no intenta ser moralmente correcta: puede ser dura, egoísta, vulnerable, sensual, irónica y amorosa al mismo tiempo. Y ahí vive su humanidad.
‘Lo interesante es que se equivoca. Y creo que en ese punto un personaje puede convertirse realmente en espejo para quien lo ve’, señala. La actriz habla con frecuencia sobre la necesidad de abrir espacio para representaciones femeninas más amplias dentro del cine y la televisión latinoamericanos: mujeres imperfectas, contradictorias, deseantes, incómodas.

‘Todavía seguimos viendo muchísimas representaciones atravesadas por estereotipos. Por eso me emociona formar parte de historias donde las mujeres pueden ser complejas, sexuales, vulnerables, imperfectas, más reales’, explica. En el caso de Santita, esa complejidad también abre conversaciones mucho más profundas sobre discapacidad, autonomía, deseo y la forma en que las mujeres habitan el cuerpo.
La mirada ajena de Paulina Dávila
Hablar con Paulina inevitablemente lleva a otro tema central: la idea de ser observada. Porque dentro de una industria profundamente visual, las mujeres son reducidas muchas veces: primero a imagen y después a voz. Aun así, ella percibe un cambio paulatino dentro de la industria:
‘Cada vez hay más espacio para voces creadoras‘, explica. ‘Cada vez somos más mujeres que nos involucramos desde nuestra visión como actrices, directoras, productoras… y eso me parece fundamental’.
También reconoce algo inquietante: hoy todos vivimos permanentemente bajo observación. ‘Más allá de ser figura pública, siento que cada vez vivimos más pensando en la mirada ajena, como si existiéramos frente a una audiencia constante que nos valida o no’, comparte.
Y quizá por eso habla tanto de la importancia del mundo interior, de los espacios que no se muestran, de lo que permanece privado, de cultivar algo lejos de internet y de la opinión pública:
‘Ahí hay muchísima riqueza. He ido encontrando mi lugar en todo esto desde un espacio más libre y más mío. Entender que mi valor no está únicamente en cómo me veo o cómo soy percibida, sino en lo que puedo expresar y construir’.
Proteger el mundo interno de Paulina Dávila
En una industria donde todo parece acelerarse sin pausa, Paulina cuida la sensibilidad con determinación. ‘Trato de cuidar espacios de silencio e intimidad‘, cuenta. ‘Estar cerca de la naturaleza, escribir, leer, viajar, pasar tiempo con la gente que amo… Todo eso me ayuda a volver a mí y a no perderme en el ruido’.
Y quizá esa inclinación hacia la introspección es lo que vuelve tan genuino su trabajo, porque incluso cuando habla sobre procesos creativos, insiste en algo: todo lo que vivimos termina conectándose con lo que hacemos como artistas.
‘Crear desde un lugar honesto requiere tiempo, escucha y mucha conexión con una misma. Los espacios que no se ven ni se muestran son muy importantes para mí’, explica.

Una imagen incompleta
Hacia el final de la conversación aparece una de las respuestas más reveladoras de toda la entrevista. Cuando le preguntan cómo se vería la imagen exacta del momento en que sintió haberse convertido en la mujer que es hoy, Paulina no habla de una fotografía específica, sino de un collage:
‘Sería algo surrealista’, dice entre risas. ‘Como una pintura de Dalí’ o ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco: con humor, caos, iluminación, abstracción, pero también con una parte inacabada’. Y esa descripción parece capturar perfectamente todo lo que ella transmite: una mujer profundamente sensible, compleja y todavía en construcción.
En una industria que sin cesar intenta simplificar a las mujeres en categorías fáciles de consumir, Paulina Dávila avanza exactamente en la dirección contraria. Sus personajes incomodan, contradicen y cuestionan.
Y quizá por eso permanecen, porque más allá de la estética, del streaming o del reconocimiento internacional, lo más interesante de Paulina está en otra parte: en cómo insiste en habitar la vulnerabilidad sin intentar suavizarla.
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CRÉDITOS
Director editorial y realización: Gerard Angulo
Fotografía: Frances Rou
Entrevista: Emilio Gala
Asistente de moda: Michelle Ortiz
Maquillaje: Carlos Morales
Peinado: Gabriela Montes de Oca
Producción: Yuliet Delgado
En portada: Total look de Ferragamo; medias de Calzedonia.

