Con millones de seguidores y una vida expuesta frente a la pantalla, Vale Aguilar entiende mejor que nadie el precio —y el privilegio— de vivir en internet. Entre la presión constante, la pérdida de privacidad y los sueños que jamás imaginó alcanzar, la creadora de contenido habla de autenticidad, de la cultura de cancelación y de la responsabilidad de influir en toda una generación.
En plena pandemia, casi sin pretenderlo, Vale Aguilar encontró en las redes sociales una forma de escapar del caos. Lo que comenzó como una distracción acabó convirtiéndose en el inicio de una comunidad —y de una carrera— que, seis años después, sigue creciendo.

‘Creo que muchos encontramos en las redes un pequeño escape en ese momento… y en mi caso, poco a poco se fue convirtiendo en algo que realmente disfrutaba. Empecé a conectar con la gente, a ver cómo reaccionaban a mis videos y cómo se iba formando una comunidad. Es un sentimiento muy difícil de explicar, pero definitivamente fue lo que me motivó a seguir, crecer y llegar a donde estoy hoy’, recuerda.
Detrás de los video virales de Vale Aguilar
Aunque hoy vive de lo que más le apasiona, Vale no subestima el privilegio que implica trabajar en internet ni el esfuerzo que existe detrás de una pantalla. ‘Claro que hay trabajos mucho más duros, y siempre lo voy a reconocer. Trabajar en redes sociales es un privilegio: es flexible, bien pagado y desde fuera parece relativamente sencillo’.
‘Pero, como en todo, también existe la parte no tan bonita. Poco a poco vas perdiendo privacidad, te conviertes en un espacio abierto a la opinión de todos y aprendes a leer comentarios que no siempre vienen desde la empatía. Y aun así tienes que seguir adelante porque, de cierta forma, eso también se vuelve ‘parte del trabajo».

Detrás de la estética cuidada, los viajes y los videos virales, las redes sociales pueden convertirse también en un terreno hostil, y basta con asomarse a la conversación digital actual para comprender cómo internet puede transformarse rápidamente en una cacería de brujas.
‘Existe una presión constante por cuidar cada palabra, cada acción y cada cosa que compartes, porque sabes que en internet todo se amplifica y poco se perdona. Y emocionalmente también pesa: la exposición constante, la comparación, el sentir que siempre tienes que estar creando, presente y siendo relevante’.

En un entorno donde muchas veces se asume que las figuras públicas deben soportarlo todo, Vale cuestiona la normalización del odio digital. ‘Hemos normalizado la idea de que, por el simple hecho de subir un video, automáticamente pierdes tu privacidad y te conviertes en blanco de críticas y odio porque ‘es parte del trabajo».
‘Pero yo creo que ningún trabajo debería costarte tu integridad ni tu bienestar emocional. A veces se nos olvida que detrás de cada video hay una persona real que siente exactamente igual que cualquiera. Subir contenido no te da un superpoder que te vuelve inmune a los comentarios hirientes’.
Los sueños de Vale Aguilar
Por supuesto, también existe el otro lado de la historia: el de los sueños que parecen imposibles hasta que se cumplen. Desde construir una comunidad hasta conocer a algunos de sus ídolos, Vale ha vivido experiencias que jamás imaginó.

‘Todavía me cuesta creer hasta dónde me ha llevado este mundo. Cada vez que siento que nada puede superar lo anterior, llega algo que vuelve a sorprenderme. Pero recientemente hubo un momento en el que realmente tuve que detenerme a asimilarlo todo:
Cuando no solo conocí a Selena Gomez, sino que grabé con ella. No podía dejar de pensar en esa ‘baby Vale’, viéndola en Disney Channel y soñando con sus conciertos. Esa versión de mí jamás hubiera imaginado que algo así podía pasar. Y creo que eso es de lo más bonito que me ha regalado este mundo: entender que los sueños, incluso los que parecían imposibles, pueden sentirse mucho más cercanos y reales‘.

El éxito de Vale Aguilar
Hoy suma más de 3.5 millones de seguidores en TikTok y más de 850,000 en Instagram. Pero con esa visibilidad también llega una responsabilidad que asume con seriedad. ‘Sé que lo que comparto tiene un impacto real en cómo otras personas piensan, consumen o incluso se perciben’.
‘Para mí todo se resume en ser coherente: cuidar lo que digo, trabajar con marcas en las que realmente creo y no olvidar que hay personas del otro lado que confían en mi criterio. Más que influenciar por influenciar, se trata de entender el peso de lo que digo y hago, y de aportar algo positivo, aunque sea en pequeños detalles‘.
¿La clave para triunfar en redes sociales? Para ella, la respuesta es contundente: autenticidad. ‘Ser auténtica, ser tú misma. Porque cuando lo eres, la gente termina enamorándose de ti, no de un personaje. Entonces todo lo que haces, dices y compartes tiene coherencia, y eso conecta muchísimo’.

‘Aunque no lo parezca, las personas saben perfectamente cuándo alguien es real. Yo siempre he tratado de mantenerme fiel a lo que creo, a mi estilo y a mis valores. Claro que sigo tendencias, pero intento que siempre tengan mi esencia’.
Y aunque pareciera que ya lo ha vivido todo, aún le quedan sueños por cumplir. ‘Desde que tengo memoria sueño con tener mi propia marca de ropa. Es algo que quiero hacer porque no me gustaría quedarme con la duda del ‘qué hubiera pasado’. Aún no tengo un proyecto en marcha, pero definitivamente es algo que sucederá en un futuro no tan lejano… Cuando menos lo vean venir‘.
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CRÉDITOS
Director editorial y realización: Gerard Angulo
Fotografía: Frances Rou
Entrevista: Luis Téllez
Maquillaje: Gerardo Lanuza
Hair: Alex Arizmendy
Asistentes de moda: Michelle Ortiz y Sofía Escobar
Asistente de hair: Ángel Guerra
Producción: Yuliet Delgado
Look de portada: Falda a modo de top de Krystal Paniagua; short de Nin Studio; botas de Christian Louboutin; joyería de Pandora

