Guadalajara no solo abrió una semana de desfiles, sino una conversación sobre lo que significa vestir desde el territorio, desde la memoria y desde el presente, es por eso que por cuarta ocasión la Semana de la Moda de México aterrizó en esta ciudad llena de historia.
La nueva edición de Volvo Fashion Week México llegó a Guadalajara, una ciudad en la que la energía que se mueve entre lo institucional y lo íntimo: una conferencia de prensa que marca el pulso oficial del evento y, casi de inmediato, una transición hacia la calle, la alfombra roja y el encuentro social donde la moda deja de explicarse para simplemente ocurrir.
Entre cócteles, invitados clave y una escena local que se reafirma con fuerza, la edición comienza con un mensaje claro: el talento mexicano no solo se muestra, se afirma.
Día 1: Cuando la moda se vuelve ciudad
La apertura en Guadalajara se construye como una narrativa en dos tiempos. Primero, el discurso: autoridades, representantes de la plataforma y Volvo se reúnen para posicionar la ciudad como un epicentro creativo en expansión —no como promesa, sino como realidad en movimiento.
Después, el cambio de atmósfera. La conferencia se disuelve en una red carpet que transforma el protocolo en presencia. La moda baja del escenario y se instala en el cuerpo de los invitados, en los gestos, en el networking silencioso que también define una semana de la moda.
Calderoni
La nueva colección de Calderoni tomó como punto de partida los uniformes oficiales de la Selección Nacional de México, reinterpretando la sastrería masculina desde una visión contemporánea, precisa y profundamente identitaria.
A partir de estas piezas centrales, la marca construyó un universo que equilibra la sofisticación de la sastrería italiana con la energía del fútbol, proponiendo una elegancia versátil y actual.
Las siluetas limpias, los materiales refinados y una paleta dominada por neutros con acentos tricolores sutiles construyen una idea de elegancia contenida. No hay exceso, hay intención.

Julia y Renata
El lenguaje de Julia y Renata se traduce en forma con la colección ‘Nombrar’. Las prendas exploran variaciones de ritmo, como si el textil pudiera hablar en distintos volúmenes: del susurro al silencio. Cortes precisos, curvas suaves y tensiones controladas construyen una morfología que no busca imponerse, sino sugerir.
La experiencia se expandió más allá de la ropa con la intervención sonora de Ely Guerra (reinterpretando Zion) para introducir una capa emocional que vuelve la presentación casi performativa.


Día 2: La moda como raíz, estructura y legado
El segundo día en Guadalajara confirmó lo que ya se intuía, esta edición no solo presentaba colecciones, construye relatos. Desde lo íntimo hasta lo monumental, la jornada avanza como una narrativa que se despliega en capas: memoria, identidad, territorio.
Olmos y Flores
Con la colección, ‘Barro’, Olmos y Flores entiende la tierra como origen y transformación. No como estética, sino como proceso: moldear, romper, reconstruir. La colección se mueve en ese ciclo constante, traduciendo la fragilidad y la resistencia en prendas que respiran historia.
Las texturas orgánicas, los acabados imperfectos y el énfasis en lo artesanal construyen una narrativa que no busca pulirse, prefiere sentirse real. Aquí, la moda no aspira a la perfección, sino a la memoria a todo aquello que permanece incluso después de haber cambiado.


Abel López
Inspirada en la presencia imponente de La Minerva, la colección Autumn/Winter 26 de Abel López traduce la monumentalidad en siluetas firmes y volúmenes definidos. No hay rigidez, pero sí una construcción precisa que evoca la solidez de la piedra desde una mirada contemporánea.
La paleta sobria (grises, blancos, negros y ocres) funciona como un lienzo donde los materiales, con apariencia mineral, toman protagonismo. Las lentejuelas irrumpen como destellos inesperados, mientras los accesorios geométricos aportan un equilibrio entre fuerza y dinamismo.

Alfredo Martínez
‘Tapatía’ es una carta de amor de Alfredo Martínez a Guadalajara. Una colección que toma el imaginario del mariachi y lo reinterpreta desde la sutileza, evitando lo evidente para quedarse con lo esencial.
Los detalles hablan: botonaduras, moños, bordados. Elementos que no decoran, significan.

ARRE
‘Hijo del Rey’ es una declaración de linaje. Desde ese punto de partida, la propuesta de la marca de Alejandro Fernández construye un relato donde la moda se entrelaza con la música, la herencia y la identidad.
Las piezas funcionan como símbolos de continuidad: un puente entre generaciones, entre lo íntimo y lo público. Hay una carga emocional evidente, pero también una intención clara de proyectar esa herencia hacia el presente y hacia lo que viene.


Día 3: La elegancia que nace del recorrido
La moda deja de ser solo visual para convertirse en ritmo, en trayectoria, en una secuencia que conecta herencia y presente. Entre tradición reinterpretada y elegancia contemporánea, la jornada se construye como una partitura donde cada colección tiene su propio tempo.
Benito Santos
’12 Sones’ de Benito Santos está inspirada en los sones jaliscienses y la esencia del mariachi, la propuesta construye un relato donde la música se transforma en silueta, textura y movimiento.
Los textiles juegan un papel clave: ricos, envolventes, con carácter. La paleta cromática (rosa viejo, malva, terracota, azul acero, gris humo y verde petróleo) crea una atmósfera profunda, mientras los acentos en champagne y marfil bordado aportan luz y sofisticación.
Cada pieza parece seguir un compás propio, una cadencia que equilibra tradición y contemporaneidad sin caer en lo evidente.

En pocas palabras, Guadalajara no solo fue sede, fue lenguaje. A lo largo de tres días, la ciudad se convirtió en un territorio donde la moda dejó de ser únicamente imagen para transformarse en experiencia: algo que se construye desde la memoria, se estructura desde la forma y se proyecta desde la identidad.

