Entre personajes que no se sueltan fácilmente y una industria en constante cambio, Andrea Chaparro ha aprendido a moverse desde la intuición y la introspección. Hoy, entiende que la verdadera fuerza no está en tener certezas, sino en cuestionarlo todo y en atreverse a ser.
Hay algo profundamente honesto (y por momentos brutal) en la manera en la que Andrea Chaparro habla de sí misma. No hay guion, discurso aprendido ni respuestas que suenen a manual de actriz en ascenso.
Lo suyo parece más bien un ejercicio constante de introspección en voz alta. Una conversación consigo misma que, por accidente o por intuición, también comparte con los demás.

Cómo Andrea Chaparro construye y atraviesa sus personajes
Actuar, para ella, no es solo construir personajes; es atravesarlos. Y, muchas veces, quedarse un poco atrapada en ellos: ‘Me cuesta un poquito. No te digo que soy de método o de que tengo otra personalidad, pero me cuesta un poco recordar qué está haciendo Andrea en su vida y qué tiene que hacer mañana. Como que me quedo a veces en otro universo y hasta mi mamá misma me dice: ‘Todavía no aterrizas, ¿verdad?».
Ese ‘regresar’ no siempre es inmediato. Es en el silencio y a solas con sus hobbies en los que poco a poco vuelve a sí misma. Y no es sino hasta que llega la lección (como un eureka) que el personaje termina de despedirse:
‘Tengo que encerrarme, soy una persona muy ermitaña. Pinto, toco el piano… Necesito unos momentos de ritual personal, en mi propio espacio y a solas, y ya, regreso’.

La visión distópica y creativa de Andrea Chaparro
Cuando piensa su propia vida como narrativa, no la imagina como un drama clásico, sino como una especie de coming of age distópico: ‘Una comedia cínica, satírica… un poco como Black Mirror’.
Y justo en ese momento es cuando aparece la incomodidad, el ‘ñañara’: ese escalofrío que sacude a la hora de cuestionar lo que estamos presenciando.
Pero el miedo, en su caso, no paraliza, sino que funciona como motor. Hay algo casi adictivo en estar en el borde del acantilado: ‘Es delicioso, es increíble, es una adrenalina única. La verdad así empecé a trabajar: hice un casting a mis diecisiete años. Yo hacía teatro los veranos y ya que empiezas a firmar como actriz: “Oh, okay, esto ya es verdad’. Ya me echo aunque me dé miedo’.
Andrea Chaparro habla sobre streaming, algoritmos y narrativa
Andrea pertenece a una generación que creció (y empezó a trabajar) en medio de la transformación de la industria. El streaming, los algoritmos, la lógica del consumo inmediato… todo en una constante mutación.
Pero lejos de asumirlo como una estructura inamovible, lo cuestiona: ‘Ya no me creo eso de “tenemos que ver qué dice el algoritmo”, porque nosotros somos el algoritmo. Si nosotros que tenemos el poder de contar ciertas historias para que sean consumidas, nosotros podemos escoger qué algoritmo es. Si dejas todo en manos de qué se consume, gana el morbo, el sexo y ya sabes… Entonces, hay muchísimo poder de eso’.



Gertrudis y Como agua para chocolate: el personaje que marcó a Andrea Chaparro
Si hay un personaje que ha dejado huella (de las que no se borran fácilmente) es Gertrudis, de la serie Como agua para chocolate. Y no es para menos.
nterpretarla no solo implicó un reto actoral, sino una transformación personal, sobre todo, en la manera en que Andrea entiende la sensualidad:
‘Descubrí que lo más sexy es alguien que está tan consigo mismo que pueda alcanzar a verse de adentro y de afuera. Se puede confundir con el ego, con la soberbia, pero no. Hay una paz en no tener que probar que es tan sexy‘.
Andrea Chaparro reflexiona sobre feminidad, enojo y libertad
Y en ese camino, además de aprendizajes, Gertrudis también dejó preguntas incómodas: ‘Creo que como mujeres vivimos la introspección muchísimo antes [que los hombres]. Empieza a cambiar nuestro cuerpo o a pasar cosas nuevas y, automáticamente nos obliga a pensar: “okay, soy esto, así me ven y así me tengo que proteger”
Creo que lo más difícil (aparte de cómo soy, de dónde vengo, cómo me ve el mundo, qué expectativas hay de mí) ha sido el cuestionar: “¿Y por qué te mueve a ti?”’.
Pero cuando llega la pregunta acerca de qué le agradecería a este personaje, responde: ‘Gertrudis me ayudó a comunicar algunas cosas que aceptaba, pero no sabía enfrentar dentro de mi vida personal’.
‘Me ayudó a entender que mucho del enojo que siento es lo más femenino posible. Creo que, en la sociedad, entendemos que el enojo de la mujer no es permitido y no es digerible, y el enojo de Gertrudis va a cierto punto en el que ella comprende que no cabe en un sistema de hacienda’.

Cuestionarse como acto de libertad según Andrea Chaparro
Con esa poderosa premisa (cuestionar nos hará libres) avanza esta conversación: ‘Cuestionarse nunca debería terminar, y esa es la verdadera libertad. Muchos se preguntan por qué cuestionas, por qué te quejas, por qué nada es suficiente… Pero, en realidad, esa comodidad de querer dudar, de querer saber que puede ser mejor para todos y para mí es la verdadera libertad de sentir que tu lugar ya está ahí. No tienes que luchar por tu lugar, pero sí decir por qué solo yo y por qué no otra‘.
Andrea Chaparro, identidad, privilegio y representación
En términos fríos, la actriz describe a Gertrudis como una mujer hacendada, no blanca:
‘Es una mujer morena con capital blanco, ¿no? ¿Hasta qué punto ella es aceptada en una sociedad o tomada en serio? Me decían mucho ‘No, es que ella es una mariposa, vuela y es libre’. Eso es lo romantizado, de que una persona racializada no es permitida en ciertos espacios’
‘Yo, Andrea Chaparro Ruiz de la Peña, tengo un capital blanco por el nepotismo y no soy una mujer blanca. Entonces, hay diferentes espacios en los que cambia cómo soy percibida y hasta cómo soy remunerada por eso’.
‘Y era una frustración constante que yo tenía, de: “Oigan, es que esto se siente raro, pero no quiero que me vean como quejona”, “Oigan, es que aprecio esto, pero no quiero que vean que soy una privilegiada”, ¿sabes? Y Gertrudis me dijo: ‘Eres, solo eres y ya. No tienes que defenderte, solo eres. Y que el enojo organizado es lo más divertido».

Andrea Chaparro y su experiencia con la endometriosis
Nutrirse de la energía de todas las mujeres con las que compartió esta producción y entender que ella simplemente es (y que no hay por qué esconder, explicar u ofrecer una disculpa), fue la manera en que este personaje “la salvó”:
‘A principios de la segunda temporada, me diagnosticaron con endometriosis. Ya sabía que la tenía, pero me pegó muy feo: síntomas de dolores pélvicos crónicos constantes, desmayos… Me daba pena, a veces, con la producción, ¿sabes? Y yo creo que si el personaje en el que estaba trabajando, mientras estaba viviendo esta batalla con mi cuerpo, no hubiera sido Gertrudis, me hubiera rendido. Pero Gertrudis me decía ahí en el camper: ‘Fierro, güey. Te pones las cananas y en chinga y se puede’. Y pude’.

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Créditos:
Director editorial y realización: Gerard Angulo
Fotografía: Frances Rou
Maquillaje: 𝐃𝐚𝐯𝐨 𝐒𝐭𝐡𝐞𝐛𝐚𝐧𝐞
Hair: Juan Carlos Arriola
Entrevista: Emilio Gala
Adaptación: Luis Tellez
Asistentes de moda: Sofia Escobar y Ivaly Arriaga por
@myfashionacademy.mx
Asistente de maquillaje: Anna Mortera
Producción: Yuliet Delgado

