miércoles, octubre 14, 2026
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    El precio que hemos tenido que pagar por ‘la belleza’

    Hace un mes, regresé a mis clases de historia de la moda con la idea de refrescar cosas que había olvidado. Y para mi sorpresa, no solo he recordado algunos temas super interesantes, sino que he aprendido muchas cosas nuevas que no tenía ni siquiera idea. Especialmente hay algo que ha dejado dando vueltas la cabeza. 

    Mientras más aprendo sobre la historia, más descubro que la moda nunca ha sido solamente ropa. La moda habla de identidad, de religión, poder y expresión artística… y también de algo mucho más íntimo: de nuestra relación con nuestro propio cuerpo. Y esa es la parte de la historia que me resulta inquietante. 

    La cantidad de cosas que las mujeres y también algunos hombres hemos estado dispuestos a hacerle a nuestro cuerpo con tal de acercarnos al ideal de belleza de nuestro tiempo. Y la pregunta que no puedo dejar de hacerme: ¿Por qué? ¿Por qué hemos estado dispuestos a poner en riesgo nuestra salud para ser considerados bellos?

    Una lección importante de moda

    Durante mucho tiempo creí que esta obsesión por la belleza era consecuencia del impacto que tienen los medios en el condicionamiento de nuestro cerebro y que el consumo constante de imágenes de belleza idealizada que vemos Instagram y TikTok era la razón de esta lucha constante por alcanzar ideales de belleza imposibles. Pero para mi sorpresa, descubrí que esto lleva siglos.

    Por ejemplo, las mujeres durante la era victoriana, también estaban locas por verse extremadamente delgadas y tenían sus trucos. Como la ‘dieta de la tenia’, se comercializaba huevos de tenia. La idea era tan absurda como aterradora: ingerir un parásito para poder comer hasta más no poder y no engordar. 

    El parásito podía crecer dentro del cuerpo y provocar dolor abdominal, diarrea, vómitos, desnutrición y otras complicaciones graves. Imaginen el nivel de presión que tenía que existir para que alguien pensara: ‘Prefiero tener una lombriz viviendo dentro de mí antes que estar gorda’ 

    ¿Qué hemos hecho por la belleza?

    De hecho recuerdo, aun siendo niña, mi abuela me decía que estaba muy flaca, y que seguramente era por que tenía lombrices en la panza. Nunca entendí porque lo decía; hasta ahora. 

    Y si hablamos de una piel sin imperfecciones, durante siglos se utilizaron cosméticos con sustancias que hoy sabemos que eran tóxicas. La famosa cerusa veneciana, un maquillaje blanco a base de plomo, que se utilizó durante siglos para conseguir esa piel extremadamente pálida que era considerada bella y aristocrática. 

    Según historiadores afirman que la Reina Isabel I de Inglaterra, enfermó gravemente a causa del uso prolongado de la pasta blanca que usaba para que su rostro tuviera esa apariencia blanca y tersa. Se le llenó la cara de úlceras, se le cayó el pelo y destrozó su dentadura. Además de problemas neurológicos severos. Pero obviamente sabemos que ella no fue la única. 

    Sacrificios belleza
    Foto: Pexels.

    Y qué decir de los corsés que durante siglos comprimieron los cuerpos para conseguir una silueta con cintura de avispa. Médicos de la época ya advertían que la presión podría afectar las costillas y los órganos internos y dificultar la respiración y la digestión.

    Y mientras aprendía todo esto, tuve que reconocer algo incómodo: Yo tampoco estoy fuera de esta historia. Yo también he hecho cosas por belleza de las que hoy me avergüenzo.

    El precio que hemos tenido que pagar por la belleza

    Cuando era modelo en Nueva York, existía una presión enorme por ser talla 2, por tener el cuerpo que la industria consideraba ‘correcto’. Recuerdo que una vez tomé unas pastillas que supuestamente impedían que la grasa de los alimentos se absorbiera en el organismo y así no subías de peso aún cuando comieras grasas. 

    El problema era que podían producir evacuaciones involuntarias. Y aun así las tomé. Ya ni les cuento lo demás… Y lo peor es que una parte de mi sabía que no estaba bien pero en ese momento, en mi cabeza, ser delgada parecía más importante que cualquier otra cosa. Y yo quería ser como las demás chicas. 

    Años más tarde, aproximadamente seis meses después de tener a mi primer hijo, me miré al espejo y me sentí la mujer más gorda del mundo. Hoy entiendo que estaba recién parida, hormonal y transitando el cambio más importante de mi vida. Pero en ese momento lo que yo veía en el espejo, era una mujer que no reconocía. 

    Mujer viéndose al espejo
    Foto: Unsplash.

    Entonces en mi desesperación, una amiga me recomendó a un supuesto homeópata que me dio unas anfetaminas para adelgazar. Obviamente mi nivel de aceleración era ¡imposible! No podía dormir, no podía despertar, el corazón me latía a mil y me sentía enferma.

    La presión por ‘ser bonita’…

    Y de nuevo me pregunto; ¿Por qué? ¿Acaso hay una mujer en el mundo que ¡nunca!, ¡jamás!, se sienta presionada por ‘ser bonita’?. Por favor si hay alguien que no, díganme. Porque podríamos decir que todo es vanidad. Pero creo que es mucho más complejo.

    Desde pequeñas aprendemos que determinados cuerpos son más admirados que otros. Aprendemos qué significa ser bonita, delgada, joven, sensual, elegante. Aprendemos qué cuerpos aparecen en las revistas. Qué cuerpos reciben atención.

    Qué cuerpos son deseados. Y poco a poco podemos empezar a confundir algo profundamente peligroso: nuestro valor con nuestra apariencia. Quizá por eso la pregunta no debería ser simplemente: ‘¿Por qué las mujeres hacemos cosas tan extremas para ser bellas?’ sino: ‘¿Qué nos enseñaron para que llegar a ser bellas pareciera más importante que estar sanas?’.

    La presión por ser ‘bella’ a través de los años

    Porque el ideal cambia. Hubo épocas en las que la mujer ideal tenía curvas. Después tenía que ser extremadamente delgada. Después una piel extremadamente blanca. Después estar bronceadas. Después labios pequeños. Ahora labios enormes. Y ahí estamos todas corriendo detrás de un ideal que cambia constantemente. 

    Lo que me hace pensar que quizá el problema no sea que queramos vernos bonitas. Eso es humano, creo. Quizás más bien sea un tema de aceptación y de encajar en una sociedad que por siglos ha oprimido a la mujer. 

    Foto: Unsplash.

    Por suerte hoy tenemos procedimientos, medicamentos, cirugías, filtros y tecnologías que pueden transformar nuestra apariencia de maneras que las mujeres de otras épocas jamás hubieran imaginado. Y afortunadamente muchos de estos procedimientos no atentan contra la salud. Me pregunto si algún día nos dejará de importar tanto.

    Y como les dije; yo he estado ahí. He castigado a mi cuerpo por sentir que necesitaba cambiarlo. Y no lo cuento desde la culpa sino desde la honestidad. Lo que hemos cargado las mujeres a través de la historia es el peso de existir en un cuerpo que siempre ha tenido que justificarse.

    No sé si tengo todas las respuestas, de hecho no tengo ninguna y sigo preguntándome: ¿Por qué? Pero sí tengo esperanza de que al menos hablando de esto cada vez más ya sea el comienzo de un enfoque más sano.

    Quizás recuperar el cuerpo empieza, simplemente, con decidir mirarlo con un poco más de ternura y admiración simplemente porque es nuestro vehículo para experimentar la vida.

    Por: Luisa Peña.

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