jueves, junio 13, 2024
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    Control coercitivo: El primer paso de la violencia doméstica

    Hay señales que no debemos dejar pasar y que son una ventana a una vida bajo peligro.

    Un concepto logra identificar y enmarcar las pequeñas acciones que suelen indicar una consecuente violencia de género en el hogar. Según varios expertos, este concepto podría revolucionar la comprensión y el abordaje de la lucha de las mujeres.

    El concepto de control coercitivo emerge como una dolorosa verdad en el contexto de la violencia doméstica de género, una de las batallas sociales más importantes que enfrentan países de Latinoamérica desde hace décadas. Pero más allá de una simple cuestión de poder, este revela un oscuro entramado de juegos psicológicos y manipulaciones que logran oprimir a las víctimas hasta el punto de hacerlas rehenes de sus propias vidas.

    Las cicatrices del control atraviesan los hogares sin necesidad de dejar un ojo morado por su paso, pero desencadenando enfermedades neurológicas, baja autoestima, depresión y, en su peor caso, suicidio femicida.

    Preguntarnos a quién mandamos mensajes, controlar la manera en que nos vestimos, prohibirnos la salida con nuestros amigos, son acciones peligrosas. 

    Según Betina Cabrera Fasolis, Directora del Observatorio Nacional Mumala: «Las primeras redes que se pierden son las de contención entre los pares, los amigos, y luego la familia. Una vez producido el total aislamiento, comienza la pérdida de autonomía, el no poder salir solas a la calle o a turnos con el doctor; lo que desemboca en una total pérdida de la autoestima que esquilma permanentemente esa subjetividad en términos de menospreciar y convencer a la víctima de que sin el victimario no sería nadie, o capaz de hacer nada«.

    El control coercitivo refiere a un sistema de dominación que puede extenderse durante años, e incluso décadas después de la separación física de los pares que no necesariamente deben estar activamente en un vínculo afectivo. Si bien lo más usual es que el victimario se presente como la pareja o la ex pareja, en sus diferentes niveles (marido, ex marido, novio, ex novio, amante o ex amante), existen otros núcleos afectos que propagan la valoración desigual de las mujeres y estos se pueden encontrar directamente en ambientes laborales, parentales, es decir desde los progenitores a sus hijas, o desde el abusador a su víctima.

    Los agresores utilizan el acoso, el control de las relaciones sociales, las amenazas, la apropiación de los recursos financieros, la vigilancia, el acecho e incluso a los niños de la familia para controlar el comportamiento de las víctimas, ya sea en el trabajo, en la escuela o en las redes sociales.

    Según Andreea Gruev-Vintila, profesora de psicología social en la Universidad de París Nanterre y autora del primer libro de referencia sobre este tema en Francia, las víctimas de estas violencias y sus hijos están inducidos a vivir en «un temor constante, donde se ven afectados muchos de sus derechos, comenzando por la dignidad y la autodeterminación». 

    Ante el fracaso de los enfoques que definen la violencia doméstica a partir de actos episódicos, los legisladores, los magistrados, las fuerzas del orden y las asociaciones francesas comenzaron a abordar la noción del control coercitivo en su país; hecho que podría revolucionar la comprensión y el tratamiento de las violencias intrafamiliares en Francia; pero diferente es la situación en otros países.

    Según los datos, estadísticas y conocimientos de la asociación federal Mumala, en Argentina, el índice de personas que denuncian un acto de violencia de género es el triple en relación a los casos que terminan en homicidio. Es decir, estas mujeres han invocado a las instituciones para tomar cartas en el asunto, pero la vacancia sigue presente dentro de los estados y los gobiernos que han tenido el poder de hacer algo al respecto.

    Entender la complejidad de la violencia de género y sobre todo de violencias como estas que parecieran ser más leves por ser invisibles físicamente, exige una mayor atención por parte de la civilización, del gobierno, y de la víctima en sí misma para reconocerlo y rastrear el «continuum» antes de que la espiral comience a ascender sin parar. 

    Pero sobre todo, hay que aprender a rastrearlos en el marco de un vínculo afectivo, ya que según Cabrera Fasolis: «Ahí es donde se mezclan las cosas. Una rápidamente se da cuenta cuando la violencia viene de un desconocido, me gritan algo en la calle y se me defiende. Ahora, qué difícil se pone entender que mi pareja ejerce un control coercitivo hacia mí porque me pide casualmente que no use algún top«.

    . La responsabilidad de informar con sensibilidad y empatizar se vuelve aún más importante en un contexto donde la voz de las víctimas a menudo queda silenciada, y los presupuestos nacionales que en algún momento fueron brindados por el gobierno quedaron recortados.

    El desafío de erradicar la violencia de género y el control coercitivo es uno que nos concierne a todos y requiere un compromiso colectivo para desafiar las normas sociales arraigadas y promover una cultura de respeto y equidad. Solo entonces, podremos construir un futuro donde todas las personas, independientemente de su género, puedan vivir libres de miedo y violencia.

    Pexels

    Texto original: Mélanie Read
    Artículo originalmente publicado por Marie Claire Argentina

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