En un momento en el que su carrera atraviesa una nueva cima —entre temporadas agotadas de ‘Juicio a una zorra’, el éxito de obras como ‘Cabaret’, ‘Testosterona’ y ‘Mentiras’, además de proyectos internacionales y campañas de gran alcance—, Itatí Cantoral ha encontrado algo más valioso que la fama: profundidad.
Es por eso que hablamos con ella sobre vulnerabilidad, poder femenino, el paso del tiempo y por qué, después de décadas frente al público, el escenario sigue siendo el lugar donde se siente más auténtica que nunca.

Itatí Cantoral en el imaginario mexicano
Existen pocas figuras en el entretenimiento mexicano tan reconocidas como Itatí Cantoral. Durante décadas, el público la ha visto encarnar personajes icónicos, memorables y muy complejos. Aun así, cuando se le pregunta sobre la diferencia entre la mujer real y las múltiples versiones de sí misma que el público ha construido a lo largo de los años, su respuesta sorprende por su serenidad.
Lejos de sentir que ha tenido que luchar contra las percepciones externas, Itatí habla de una convivencia natural entre su identidad y los personajes que interpreta. Para ella, nunca ha existido una separación dolorosa entre ambas.
‘Siempre ha sido un proceso muy natural para mí porque entiendo que el público conoce distintas facetas de mi trabajo, pero yo nunca he dejado de reconocer quién soy. A lo largo de mi carrera he tenido la fortuna de reinventarme constantemente y descubrir nuevas dimensiones de mí misma a través de los personajes que interpreto.

Hoy, especialmente en el teatro, estoy explorando facetas como actriz que quizá antes no había tenido la oportunidad de desarrollar con tanta profundidad. Más que separar a Itatí de sus personajes, he aprendido a crecer junto a ellos y a disfrutar cada nueva etapa con curiosidad y libertad’, describe.
La vulnerabilidad como fuerza de Itatí Cantoral
Si existe un lugar donde esa evolución se hace evidente es sobre un escenario. A diferencia del cine o la televisión, el teatro elimina cualquier posibilidad de refugio. No existen cortes, repeticiones ni segundas oportunidades. Todo ocurre en tiempo real. Y precisamente por eso se ha vuelto uno de los espacios más transformadores para la actriz.
‘El teatro te desnuda emocionalmente de una forma que ningún otro medio consigue. Te obliga a estar presente, a escuchar, a sentir. Me ha enfrentado a mis miedos, a mis inseguridades y también a mi necesidad de perfección. Sobre el escenario aprendí que la fuerza no está en controlar todo, sino en entregarte completamente, incluso cuando eso significa mostrar tus fragilidades’, señala.

Resulta significativo escucharla hablar de vulnerabilidad como una conquista y no como una debilidad. En una industria en la que durante años se premió la perfección y la imagen de control absoluto, Itatí ha hallado su fuerza precisamente en aquello que antes podía resultar incómodo: mostrarse humana. Quizá por eso ‘Juicio a una zorra’ ha conectado tan hondamente con ella.
Itatí Cantoral, una mujer no piden permiso
A lo largo de su carrera, Itatí ha dado vida a personajes que desafían expectativas. Mujeres que sienten demasiado, desean demasiado, hablan demasiado o se niegan a encajar en los moldes que la tradición les asignó. Y eso no ha sido casualidad. ‘Siempre me han atraído los personajes que rompen moldes. Las mujeres reales son complejas, contradictorias, apasionadas, luminosas y oscuras al mismo tiempo’.
‘Durante mucho tiempo se esperaba que las mujeres fueran complacientes o ejemplares. A mí me interesa interpretar mujeres que sienten profundamente, que se equivocan, que luchan, que desean. Creo que en esa complejidad hay una enorme verdad y también una forma de libertad’, afirma.

En ese sentido, la obra ‘Juicio a una zorra’ representa mucho más que un éxito en taquilla. La pieza recrea la historia de Helena de Troya desde una perspectiva femenina que cuestiona siglos de narrativas construidas por ellos. Es una obra sobre la voz, la identidad y la posibilidad de contar la propia historia: temas que, de alguna manera, también atraviesan la trayectoria de Itatí.
Lo que los personajes le enseñaron a Itatí
Cuando habla de Helena, Sally Bowles o Lupita, no lo hace desde la distancia. Habla como alguien que convivió íntimamente con ellas. Cada personaje —dice— acaba por revelar algo sobre quien lo interpreta. ‘Me han enseñado a aceptar mis contradicciones:
Helena me recordó la importancia de defender mi voz; Sally Bowles me confrontó con la libertad y con el precio que a veces tiene vivir de acuerdo con tus propios deseos, y Lupita me enseñó que incluso detrás de la fuerza más evidente existe una enorme necesidad de amor y de reconocimiento. Cada personaje deja una huella porque inevitablemente encuentras algo de ti en él’, reflexiona.
El privilegio del tiempo
En una industria obsesionada con la juventud, Itatí atraviesa una etapa en la que el reconocimiento llega desde otro lugar: la experiencia. Y lejos de vivirlo con nostalgia, lo abraza con gratitud. ‘Hoy veo el tiempo como un privilegio. Entiendo que el verdadero poder está en conocerte, en aceptar quién eres y en trabajar desde esa autenticidad’.

La experiencia te da algo invaluable: profundidad. Y para una actriz, esa profundidad se convierte en una herramienta extraordinaria para conectar con el público’, asegura.
Sus palabras cobran especial eco en un momento en el que muchas mujeres están redefiniendo el debate sobre la edad: no como una pérdida, sino como una acumulación de herramientas, aprendizajes y perspectivas. La trascendencia de la que habla Itatí no puede improvisarse; se construye y se nota.
El lugar al que siempre regresa Itatí
Aunque recientemente ha participado en campañas internacionales, grandes producciones y proyectos que amplían constantemente su alcance profesional, existe un espacio al que sigue regresando una y otra vez: el teatro. No por costumbre, sino por necesidad.

‘El teatro tiene algo irrepetible: sucede aquí y ahora. No existe la posibilidad de repetir una toma ni de corregir después. Cada función es única y está viva. Esa energía que se crea entre los actores y el público es casi sagrada.
El escenario me recuerda por qué me enamoré de esta profesión: porque es un acto de verdad, de entrega y de encuentro humano. Y después de tantos años de carrera, sigue siendo el lugar donde me siento más libre, más vulnerable y, paradójicamente, más fuerte‘, comparte.
Y quizá esa es la clave de todo, porque mientras el mundo observa a la actriz, a la celebridad o al personaje, Itatí sigue encontrando en el escenario un espacio donde ninguna de esas etiquetas importa demasiado.
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CRÉDITOS
Director Editorial y Realización: Gerard Angulo
Fotografía: Frances Rou
Maquillaje: Andrea Moreno
Hair: Paco Felix
Asistentes de moda: Michelle Ortiz, Sofía Escobar y Vanessa López
Producción: Yuliet Delgado
Entrevista: Emilio Gala
En la foto de portada: Vestido de Marika Vera; blazer de Golden Goose; y medias de Calzedonia.

