lunes, abril 15, 2024
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    Natasha Pérez vive el sueño americano

    Natasha Pérez tiene una voz melodiosa que atrapa con sus sonidos, esa voz la ha llevado a navegar entre dos mundos que le han dado para vivir, la actuación y la música.

    Para esta nativa de Venezuela que llegó a Estados Unidos con el firme propósito de seguir el legado de sus ancestros, está cumpliendo su propósito y esto se presentó de la manera más inesperada, dándole vida a una de las mujeres más odiadas, Yolanda Saldívar, la asesina de Selena.

    Natasha la interpretó en la serie de Netflix sobre la vida de este símbolo hispano y platicamos con ella para que nos contara un poco más de su camino y este reto.  

    ¿Cómo fue comenzar en este país donde, normalmente, la gente viene a buscar sus sueños y abrirse paso? 

    Es muy duro todo comienzo, emigrar es muy difícil. Yo conté con mucha suerte con todo y que llegué a dormir en el sofá en casa de mi hermana, básicamente me quedé como plan temporal, pero por fortuna mi mamá es norteamericana. Ya contaba con una serie de ventajas. Pero, cuando decidí quedarme, me tocó trabajar y hacer de todo. También tuve la suerte que mi mamá pudo darme una educación en Ciencias en la Comunicación, gracias a eso pude trabajar como periodista y hacer transcripciones. Hice muchísimos trabajos pequeños: comerciales, novelas, películas independientes, pero también dirigía en el teatro, manejaban dos teatros en los eventos de La Campiña en Venezuela, por lo cual, tuve oportunidad de exponerme no sólo a ver teatros, sino a participar con ellos. Mi mamá no quería que fuese actriz, pero su mejor amigo, que trabajaba en el área publicitaria, era productor y él estaba encantado conmigo y decía que era muy carismática, él siempre averiguaba sobre los castings y me avisaba y en muchos quedé.

    Cuando estaba en los castings, me dio la oportunidad de estar expuesta a las cámaras, aunque cuando trabajas en publicidad, sabes que eventualmente la producción va a terminar en tu casa. “Necesitamos la locación de la cocina, para comercial ‘tal’”, pues, llegaba del colegio y ahí había toda una filmación en mi casa y decía: “Permiso, es que tengo que hacer la tarea” (risas). Así que siempre estuve rodeada de cámaras, de tablas y a nivel musical, mi mamá hizo las primeras letras para las canciones de María Conchita Alonso, por su parte mi papá también tocaba en una de las bandas venezolanas que más discos sacó durante los 60 y 70, se podría decir que la música está en mí sangre. La gracia está en dedicarse y disciplinarse, además, tener una inclinación, una pasión por lo que uno hace en lo que sea que va a hacer. 

    ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que llegaste y empezaste lo que fuera hasta ahora?

    Bueno, nosotros llegamos a Estados Unidos hace 20 años. Fuimos y vinimos hasta el 2014 y claro, pude estudiar la carrera, estudiar actuación, también en The Lee Strasberg Institute, pero de comenzar firmemente, 20 años. 

    Con más spotlight… 

    ¡Claro! Y mira, uno nunca sabe, de esas cosas budistas que dicen que uno nunca debe juzgar. Entonces, ahorita digo que estoy abierta a lo que me quiera enviar el universo con respecto a que vaya acorde a mis metas, a mi integridad y todo. Me encanta y quiero, estoy muy emocionada por lo que viene, pero no lo quiero juzgar como “eso es lo mejor que me pudo haber pasado en la vida” porque uno nunca sabe. 

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