Desde su publicación hace casi seis décadas, ‘Cien años de soledad’ se convirtió en una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana y especialmente de la literatura mexicana, y es que, fue en México, donde Gabriel García Márquez escribió la novela entre agosto de 1965 y septiembre de 1966 en su casa al sur del entonces Distrito Federal.
Su universo de realismo mágico, memoria e identidad no solo conquistó, sino que también influyó a múltiples generaciones de lectores, escritores y artistas mexicanos, consolidándose como un puente cultural que sigue vigente hasta nuestros días.
Es por lo anterior que su llegada a Netflix en 2024 generó miles de expectativas… convirtiendo las letras de Gabriel García Márquez en un universo visual que promete ampliarse con la segunda entrega y un gran final, que llegó en este 2026 a la plataforma de streaming con un estilo cinematográfico que amplía lo ya antes visto.
A propósito del estreno de la segunda entrega, conversé con la Diseñadora de Vestuario, Catherine Rodríguez, así como con la Diseñadora de Maquillaje y Peinados, Ana del Río, para conocer y descubrir qué hay más allá de la pantalla, indagando en la creación de elementos fundamentales que no solo acompañan la narrativa sino que también la protagonizan.

Catherine Rodríguez sobre el Diseño de vestuario en ‘Cien Años de Soledad’
Una entrega tan ambiciosa con tintes cinematográficos requiere más investigación e implica una ardua responsabilidad que Catherine Rodríguez supo asumir a la perfección, luego de su experiencia en la primera entrega.
La segunda parte de la serie se sitúa en un momento de transformación profunda para Colombia y América Latina a principios del siglo XX (donde se contextualiza), una época marcada por la industrialización, el surgimiento de los movimientos obreros y las tensiones sociales.
Es por eso que menciona: ‘Yo siento que la investigación deriva del momento histórico de Colombia, por lo tanto hay muchas referencias, en este momento histórico ya hay mucha más fotografía, hay más crónicas y a la vez es un momento complejo para Latinoamérica derivado de la industrialización’.

Por esa razón, la investigación es la piedra angular de la diseñadora y eso se nota en la pantalla, además su experiencia en cine fue clave para adaptar esa documentación histórica a las necesidades narrativas de la serie y dialogar con la propuesta cinematográfica de los directores.
‘Los directores sabían muy bien que querían hacerlo cinematográfico, y esa es la forma en la que yo trabajo, porque he hecho mucho cine, digamos que ese es mi mayor skill. Fue readaptar lo que se lo que venía y organizarlo a la narración’.
Uno de los elementos más poderosos de esta nueva entrega de ‘Cien años de soledad’ es la sensación de desgaste que atraviesa a los personajes y al propio Macondo. Las prendas hablan de trabajo, calor, pobreza y supervivencia, ¿cómo fue lograrlo? Ella menciona que tal como en la primera temporada, lo primero fue desarrollar la moldería y hacer sus propias confecciones en talleres de Colombia.

‘En la primera temporada hacíamos un aging, que es como el proceso de envejecer la ropa y esta vez añadimos capas también pensando en la situación social de las personas, era mucho más específico en los grupos poblacionales’. El proceso artesanal permitió que cada grupo social tuviera una identidad visual propia, reforzando la dimensión humana de la historia.
De la literatura a la pantalla
Traducir a José Arcadio, Aureliano o Úrsula a imágenes concretas implica enfrentarse a décadas de imaginación colectiva. Rodríguez asume esa responsabilidad desde una mirada profundamente humana: ‘Como en la primera temporada siento que es una responsabilidad inmensa porque al final la representación no es solo mía, sino es un conjunto de humanos que decide que la caracterización es correcta al personal’.
‘También me parece importante entender que es muy difícil que yo llegue a la a la interpretación que cada humano tiene sobre su José Arcadio, su Aureliano, su Úrsula porque al final cada humano está atravesado por vivencias o historias’. De hecho, me comparte el cómo Úrsula de cierta manera le recordaba a su abuela, por ejemplo.

‘El juntar los universos de muchas personas es lo que da lugar a los personajes que vemos en la serie. Creo que es una responsabilidad muy grande que yo asumí como históricamente’, afirma. Ante ello, diseñadora también revela que encontró referencias en figuras reales de la historia colombiana, como Soledad Román de Núñez, esposa del ex-presidente Rafael Núñez, cuyas fotografías le hacían pensar en Úrsula.
‘Construir esos universos con personajes reales es lo que me da a mí la tranquilidad de que le entrego al público una una persona que, si no es exactamente como se la imaginaron, en el mundo caminó una persona que se vio como se están viendo estas personas en en la serie’, comparte.
Visualizar el trabajo que hay detrás
Desde una perspectiva más humana, ¿Catherine tiene algún personaje favorito? Ella admite: ‘Yo no tengo un personaje favorito porque yo siento que el universo de Macondo es mi favorito. Sí siento que disfruté mucho la creación de Macondo desde el vestuario, los personajes y los grupos poblacionales’.
‘Toda la gente que venía con Petra, toda la gente que apareció, las matronas francesas, los gringos que vinieron en las bananeras, los trabajadores de las bananeras, incluso Amaranta, Úrsula, todo lo que pasa al final, Fernanda del Carpio en todos sus momentos. Creo que todo el universo es muy encantador‘.

Junto con la satisfacción, también hubo desafíos constantes como en toda producción, pero señala: ‘Siento que es cohesivo, yo veo la serie y me habla del mismo espacio, es verosímil. Están contando una historia en conjunto. Siento que el mayor encariñamiento para mí es Macondo y sus personas‘.
Darle visibilidad al trabajo detrás es fundamental porque una historia se cuenta a través de un trabajo en equipo, Catherine finaliza: ‘Yo siento que es muy importante entender que hay muchos procesos narrativos adicionales a los del director y el productor, todos son fundamentales para que el espectador vea lo que ve. Es muy importante que además visualicemos esas otras personas y sus procesos creativos’.
Ana del Río sobre el Diseño de maquillaje y peinados de ‘Cien Años de Soledad’
Cuando pensamos en ‘Cien años de soledad’, recordamos sus personajes, sus paisajes y el realismo mágico que convirtió a Macondo en uno de los lugares más emblemáticos de la literatura universal. Sin embargo, trasladar ese universo que creamos en nuestra mente a la pantalla implica construir una identidad visual capaz de convencer al espectador de que ese mundo realmente existe.
La Diseñadora de maquillaje y peinado, Ana del Río, se unió en esta segunda entrega y asumió el reto de integrarse a un proyecto que ya tenía una identidad consolidada. Su misión no solo consistió en continuar ese lenguaje visual, sino en enriquecerlo, respetando la historia y aportando una nueva mirada.

‘Yo cuando pienso qué significó para mí hacer ‘Cien años de soledad’, significó el trabajo en equipo, yo entré a trabajar con un equipo que ya estaba trabajando al unísono, que ya tenían un lenguaje y yo llegué a adaptarme y a conocer cómo era este lenguaje y aportar teniendo muy claro las cosas que yo quería mejorar de la primera parte, las cosas quería cambiar del resultado visual’, comparte.
Para Ana del Río esta entrega significó trabajo en equipo desde el primer momento: ‘Tanto con mis colegas de vestuario, de arte, de investigación, como el trabajo en equipo al interior del departamento. Yo tuve un equipo de más o menos 25 personas fijas y tuvimos entre cinco y siete espacios de trabajo en simultáneo’.
‘Teníamos que estar súper engranados para que el resultado sin importar de qué espacio proviniera fuera el mismo lenguaje, la misma estética. Tuvimos mucha participación también de mucha gente local de los diferentes sitios donde trabajábamos’.

Visualmente, la segunda parte de la serie amplía el universo de Macondo y presenta nuevas etapas históricas, personajes y contextos sociales. Para la diseñadora, cada episodio elevaba el nivel de complejidad. Fue mucho trabajo, pero también, grandes satisfacciones, al tanto recuerda: ‘Implicaba trabajar en simultáneo con los personajes que estaban rodando mientras estaba en preproducción de lo que venía en unas semanas’.
‘Cada episodio desbloqueaba un nuevo nivel de dificultad’, admite. A ello se sumaban los elementos históricos, como el momento cuando llegaron los franceses, ‘tenía que pensar qué tenían los franceses a nivel de maquillaje y peinado en esa época que hubiese realmente podido llegar a Macondo, qué trajeron estas matronas francesas y eso que trajeron cómo se adaptó a lo que posiblemente hubieran tenido disponible geográficamente en Macondo’, dando un ejemplo.

Borrar el presente, trasladarte a Macondo
Más allá de recrear una época, el trabajo de maquillaje y peinado también consistió en eliminar todo aquello que delatara el presente y es que como ella misma lo menciona, los actores podían llegar con ciertas características que en esa época no existían pero siempre se mencionaba: ‘Esto no funciona, pero hay que hacerlo funcionar’, considerando tanto cortes o tintes de cabello, perforaciones, tatuajes, etc.
Su trabajo también se basaba en ‘disimilar esa modernidad’: ‘Fue borrar este mundo contemporáneo y tratar de incorporar elementos muy sutiles que también generaran una separación de la actualidad’.
Ana lo ejemplifica: ‘Hoy en día casi todos los actores se hacen blanqueamiento dentales, si hablamos de una realidad en Macondo, nadie tendría los dientes así de espectaculares y de perfectos. Entonces, tuvimos que incorporar pequeños elementos que nos separaran un poquito de la actualidad para generar esa sensación de autenticidad’.

Cada detalle, por mínimo que pareciera, contribuía a que el espectador olvidara el presente y pudiera sumergirse por completo en el universo creado por Gabriel García Márquez. Entre todos los personajes, ¿hubo uno que representó un desafío especial para Ana del Río? La respuesta fue Petra Cotes por el tema del manejo de las pelucas y los tiempos de producción.
‘Por el contexto también donde grabamos que muchas veces eran temperaturas muy altas, porcentajes de humedad en el ambiente también súper elevados. Opté por usar bastantes pelucas y Petra Cotes fue uno de estos personajes donde yo dije sí o sí tengo que darle un pelazo increíble y lograr vender esta peluca a la directora, fue difícil’, pensando en qué tan natural podía verse.

Sin embargo, Ana rompió paradigmas, compró la peluca, se la puso, la mandó al set y fue un éxito, al tanto recuerda: ‘Fue como un reto también de decir: ‘O me arriesgo o no me arriesgo’. Pero pues yo sabía que era insostenible crear ese pelo todos los días en ese contexto’.
Detrás de cada escena de ‘Cien años de soledad’ hay decenas de artistas, cuyo trabajo se ve pero a la vez se desconoce, aunque resulte indispensable para construir la historia. El trabajo de Catherine Rodríguez y de Ana del Río es ejemplo de ello, por lo tanto, descubrir qué hay detrás de lo que hicieron en la ambiciosa serie de Netflix es también algo mágico que nos hace valorar y apreciar aún más lo que vemos en la pantalla.
Recuerda que la segunda temporada de ‘Cien Años de Soledad’ ya está en Netflix y el gran final se estrenará el 26 de agosto.

