Después de años construyendo una carrera dentro de una industria obsesionada con la imagen, Ana Uribe ha descubierto que su verdadero lenguaje vive en la conexión. Su historia también habla de disciplina, perseverancia y de esa capacidad tan particular de continuar incluso los días en los que la motivación no aparece.
Makeup artist, empresaria y mujer detrás de su propio camino, entiende el éxito desde la constancia y la belleza desde un lugar inesperadamente sencillo: de adentro hacia afuera.
¿Quién es Ana Uribe?
Antes de convertirse en profesión, el maquillaje fue para Ana Uribe una fascinación que comenzó desde pequeña. Pero cuando recuerda qué fue exactamente lo que la hizo enamorarse del mundo de la belleza, no habla primero de productos, colores o técnicas. Habla de algo mucho menos tangible: un sentimiento.
‘Es algo que siempre me gustó muchísimo desde chiquita. ¿Sabes qué me gusta mucho? El sentimiento que produces en la gente cuando la arreglas, cuando la maquillas; cómo se sienten las personas y cómo automáticamente cambia hasta su forma de ser. Esa es una parte que me encanta de la belleza. Puede parecer algo muy superficial, pero realmente no lo es: viene desde adentro‘, explica.

Ahí aparece una de las ideas que atraviesa prácticamente toda su manera de trabajar. Sí, el resultado importa. Sí, existe un rostro que maquillar y una imagen que construir. Pero limitar el beauty a lo que sucede visualmente sería quedarse únicamente con la superficie.
Para Ana, hay un instante mucho más poderoso: cuando alguien se mira después de maquillarse y algo cambia en la manera en la que se percibe. No porque de pronto sea otra persona, sino porque quizá se siente un poquito más segura de ser quien ya era.
El proceso de Ana Uribe: No se trata de maquillar por maquillar
Ese principio también determina cómo trabaja. Cuando una clienta se sienta frente a ella, Ana no piensa únicamente en conseguir un acabado perfecto y pasar inmediatamente a la siguiente persona. Intenta entender qué está ocurriendo alrededor: cuál es el evento, cómo quiere sentirse, qué necesita y qué significa ese momento para ella.
‘Siempre que voy con una clienta no es nada más llegar y maquillarla. Generalmente me preocupo por cómo se va a ver, por su evento y por todo lo que hay alrededor de ella. Ya sea que tenga un evento, un shooting o cualquier otra cosa, para mí todo se queda afuera. Yo solamente me enfoco en la persona que tengo enfrente», cuenta.
Puede parecer un detalle pequeño, pero probablemente ahí se encuentre la diferencia entre prestar un servicio y construir una relación. Ana ha desarrollado su carrera entendiendo que la confianza también forma parte de su herramienta de trabajo. Durante el tiempo que alguien pasa en su silla, el maquillaje se convierte casi en una conversación privada.
Se habla, se escucha y, eventualmente, se crea una complicidad: ‘Yo creo que es un tema que va más allá de nada más dejar a la persona bonita y ya. Sí, claro que eso forma parte, pero no es únicamente eso. Siempre trato de crear una conexión con las personas’, asegura.
Y tiene sentido. Algunas de las ocasiones para las que alguien decide maquillarse profesionalmente son también algunos de los momentos que más recuerda: una boda, una alfombra roja, una sesión de fotos, una celebración.
Ana entra durante unas horas en esas historias y su trabajo consiste tanto en construir una imagen como en acompañar el momento. Quizá por eso su visión se siente especialmente pertinente ahora. Hemos pasado años hablando de perfección, filtros y transformación, pero el beauty contemporáneo parece estar regresando hacia una idea mucho más humana: sentirse bien antes que verse irreconocible.

La disciplina que caracteriza el trabajo de Ana Uribe
Pero detrás de esa sensibilidad existe otra Ana, la empresaria. La mujer que tuvo que transformar aquello que amaba en una carrera y entender que tener pasión por algo no significa que todos los días vayan a sentirse apasionantes. Cuando piensa en aquello que tienen en común las mujeres capaces de construir y dirigir sus propios proyectos, su respuesta llega sin demasiadas vueltas: disciplina.
‘Yo creo que un factor en común es la disciplina. Aunque a veces tengas ganas de no hacer algo, de no levantarte o simplemente no tengas el ánimo, lo haces porque tienes esa disciplina. Y también están las ganas, obviamente: las ganas de hacer las cosas’, explica.
La frase rompe ligeramente con esa narrativa extremadamente romantizada del emprendimiento en la que basta con manifest it para conseguirlo. Ana habla desde un lugar mucho más cotidiano. Hay días buenos y días malos. Días de inspiración y otros en los que simplemente hay que presentarse y hacer el trabajo. La motivación cambia; la disciplina permanece. A esa ecuación agrega una segunda palabra: perseverancia.
Porque construir un nombre dentro de una industria tan competida como la belleza significa también aprender a sobrevivir al tiempo. No todos los proyectos van a cambiar una carrera, no todas las oportunidades llegan cuando uno quiere y no todos los objetivos se cumplen inmediatamente. Hay algo casi invisible detrás de cualquier trayectoria que parece consolidada desde afuera: la cantidad de veces que esa persona decidió continuar.
Could you build it all again?
Hay una pregunta particularmente reveladora cuando alguien ya ha construido una carrera: ¿qué pasaría si mañana desapareciera todo? Sin nombre, contactos o reconocimiento, ¿qué quedaría? Para Ana, la respuesta vuelve a estar en su carácter. ‘Yo creo que soy una persona muy perseverante. Siempre trato de lograr lo que me propongo, de hacer aquello que decido hacer’, responde.
Puede parecer una respuesta sencilla, pero dice bastante sobre cómo entiende su propio recorrido. Su seguridad no está depositada exclusivamente en lo que ya consiguió, sino en aquello que le permitió conseguirlo. El nombre puede desaparecer. Los contactos pueden cambiar. Una industria puede transformarse completamente. La capacidad de levantarse y volver a intentarlo pertenece a la persona.

Esa misma filosofía aparece cuando se le pide definir qué significa ser una businesswoman. No menciona puestos, oficinas o cifras. Su definición tiene mucho más que ver con acción: ‘Para mí, una businesswoman es una mujer que se levanta con ganas, hace las cosas, es disciplinada y se propone lograr sus objetivos’.
Hay algo poderoso en quitarle complejidad al concepto. Ser empresaria no necesita convertirse en una personalidad que alguien adopta cuando entra a trabajar. Para Ana se parece mucho más a una práctica diaria: decidir hacia dónde quieres ir y hacer constantemente aquello que te acerque.
La mujer detrás del artista
También resulta interesante que, cuando se le pregunta si alguna vez tuvo que elegir entre ser aceptada o ser escuchada dentro de su carrera, Ana responde que no. No intenta construir retrospectivamente una narrativa de obstáculos que no siente como propia. Su historia no necesita convertirse en una batalla para tener valor.
Y eso también habla de seguridad. En ocasiones existe una presión por explicar el éxito femenino únicamente desde aquello contra lo que una mujer tuvo que luchar. Ana prefiere hablar desde lo que sí reconoce como motor de su trayectoria: trabajo, constancia y la forma en la que se relaciona con las personas.
Su liderazgo tampoco parece vivir en la necesidad de ocupar constantemente el centro de la conversación. Está en llegar, hacer el trabajo, cuidar a quien está frente a ella y repetir el proceso una y otra vez. Esa combinación entre sensibilidad y disciplina termina definiendo una carrera que comenzó desde una fascinación muy personal por el maquillaje y eventualmente se convirtió en una manera de relacionarse con otras mujeres.
Porque hay algo especialmente íntimo en trabajar con el rostro de otra persona. Estás a centímetros de ella, entrando en un espacio que normalmente reservamos para quienes conocemos. Saber leer ese momento probablemente sea tan importante como dominar cualquier técnica.
Más allá de la maquillista
Después de hablar sobre maquillaje, liderazgo, trabajo y perseverancia, queda una pregunta inevitable para alguien que ha dedicado buena parte de su vida profesional a la belleza: ¿qué significa realmente ser bella?
La respuesta de Ana regresa exactamente al lugar donde comenzó nuestra conversación. ‘Para mí, realmente, la belleza interior es lo más importante. Siento que la belleza viene de adentro hacia afuera. Eso, para mí, es la belleza’. Y quizá esa frase explica por qué aquello que más le fascinó del maquillaje nunca fue únicamente el maquillaje.
Ana trabaja en una industria construida alrededor de lo visible, pero parece haber encontrado su propósito en aquello que no necesariamente aparece en una fotografía. En la confianza que cambia después de verse al espejo. En la tranquilidad de sentirse cuidada antes de un momento importante.
En una conversación durante un shooting. En la relación que continúa después de guardar las brochas. El maquillaje puede cambiar un rostro durante algunas horas. Pero hacer que alguien se sienta diferente consigo mismo puede permanecer muchísimo más tiempo.
El verdadero brillo
Tal vez el gran aprendizaje detrás de la carrera de Ana Uribe sea que la belleza y la profundidad nunca tuvieron por qué ser opuestas. Una brocha puede parecer algo pequeño; un labial puede parecer superficial; arreglarse puede parecer simplemente parte de una rutina. Pero el significado cambia dependiendo de lo que ocurre alrededor. Para Ana, todo comienza y termina en las personas.
La disciplina le permitió construir una carrera. La perseverancia le dio herramientas para mantenerla. Pero la conexión parece ser aquello que terminó dándole sentido.
Porque después de tantos rostros, eventos y momentos frente al espejo, su definición de belleza sigue siendo sorprendentemente simple: lo verdaderamente importante comienza adentro. Y quizá ahí está el beauty trick que ningún tutorial puede enseñar.
CRÉDITOS
Fotografía: Santos Fons
Realización: Vanessa López
Entrevista: Emilio Gala
Asistente de moda: Sofía Escobar
Producción: Yuliet Delgado
Foto de portada: Total look de Alfredo Martínez

