La historia de Ere Pérez comenzó con una máscara de pestañas creada para una piel sensible y evolucionó hacia una filosofía que cuestiona los ingredientes, los empaques, la manufactura y hasta la manera en que entendemos el consumo.
Si pensamos en historias de belleza que comienzan con una necesidad, entonces, tendríamos que hablar de Ere Pérez, cuya propuesta comenzó con una pregunta: ¿por qué no podía encontrar un producto que funcionara para ella?
La historia de Ere Pérez
Antes de convertirse en el nombre detrás de una marca de cosmética presente en 44 países, Ere Pérez llegó a Australia desde México con una Licenciatura en Nutrición, una profunda curiosidad por la ciencia y una educación familiar en la que el cuidado de la salud, la alimentación y el respeto por el entorno formaban parte de la vida cotidiana. Ella misma me comparte: ‘La historia, curiosamente no inició como una marca de belleza’.
Su propio nombre también tiene una historia ligada a su llegada a Australia. Eréndira, su nombre de nacimiento, se transformó en Ere cuando comenzó a vivir en un país donde su nombre resultaba poco familiar. Después llegó Pérez, el apellido de su esposo mexicano, y con él comenzó a tomar forma el nombre que eventualmente se convertiría en una marca.

Pero mucho antes de pensar en crear productos de belleza, Ere estudió Nutrición y se acercó a diferentes disciplinas relacionadas con la ciencia. Su curiosidad, explica, también venía de casa: su abuelo materno era curandero, mientras que sus abuelos paternos tenían un laboratorio científico.
Sus padres, una antropóloga y un economista, también alimentaron ese interés por entender cómo funcionan las cosas: ‘Traigo mucho lo que es el descubrimiento y la curiosidad dentro de la personalidad’.
Su relación con la belleza, además, siempre había sido sutil. En casa, recuerda cómo su madre recurría a ingredientes como miel, avena y aguacate, y esa idea de que menos podía ser más terminó acompañándola hasta Australia.
‘En cuanto a la química, mi belleza era muy simple porque mi madre no utilizaba nada, se ponía miel, avena y aguacate en el cabello y betabel en las mejillas y así fue que como yo pasé mi adolescencia’, explica.
Todo comenzó con una máscara de pestañas
Cuando llegó a Australia, Ere tuvo que adaptarse a un nuevo país, aprender mejor el idioma y encontrar la manera de sostenerse económicamente, mientras buscaba validar su licenciatura y comenzaba a trabajar, vendió diferentes productos y descubrió que el comercio también podía ser una herramienta para construir su propia independencia.
En ese momento, su relación con el maquillaje seguía siendo mínima. Incluso el día de su boda, después de que una amiga maquillista intentara arreglarla, Ere decidió lavarse el rostro y maquillarse ella misma.
Recuerda: ‘Por primera vez alguien me tocó la cara y yo me la lavé, no era yo, dije: No, no, no, yo me quiero parecer a mí misma. Entonces me bañé, me lavé la cara y me lo hice yo como hago siempre’.
Su rutina era sencilla: mejillas, máscara, un poco de polvo en los labios y manteca labial. El problema llegó cuando comenzó a buscar una máscara que pudiera acompañarla a la playa y que, al mismo tiempo, fuera compatible con su piel sensible.
‘Empecé a ir a nadar y me sentía como que apagada, me hacía falta una buena máscara’, expresa. La búsqueda no fue sencilla. En aquella época, el mercado australiano ofrecía pocas alternativas que respondieran a lo que ella buscaba. Su piel sensible también la hacía cuestionar algunos de los ingredientes presentes en los productos disponibles. Fue entonces cuando comenzó a investigar…

Primero preguntó a su abuelo sobre los ingredientes que podían estar irritando sus ojos. Después comenzó a experimentar con aceites, miel, carbón activado y diferentes fórmulas. Entonces, lo que comenzó como una mezcla casera terminó convirtiéndose en un proyecto que tardaría dos años en tomar forma, menciona: ‘Así fue como nació en este caso mi primer máscara’.
Crear sin seguir las reglas de la industria
En 2012 nació oficialmente Ere Pérez y de acuerdo a su fundadora, el comienzo estuvo lejos de ser perfecto. La primera máscara que desarrolló contenía aceite mineral, algo que ella misma descubrió al comenzar a profundizar en la química de los ingredientes. ‘A la primera tienda que fui les llevé la cajita y me dijeron: No, este producto no es natural. Y a mí nadie me había dicho eso’, recuerda.
Ese momento se convirtió en un punto de inflexión. Ere comenzó a comprender que detrás de la palabra natural existía toda una industria que todavía estaba por descubrir y, sobre todo, una enorme cantidad de decisiones relacionadas con ingredientes, formulaciones y procesos.
La marca empezó entonces desde lo más pequeño. Ere comenzó visitando tiendas una por una, llevando cajas con sus productos y explicando qué había detrás de ellos. Primero fueron las máscaras; después llegaron los bálsamos labiales y el maquillaje.
‘Empecé a tocar con una docena de máscaras, tienda por tienda, yo solita, hasta que hice 50 tiendas con una docena, una cajita y luego después la gente me decía: ¿No tienes otra cosa?’, comenta.

De hecho, su filosofía también se construyó a partir de decir que no: No a lo que no necesitaba, no a aquello que no representaba su manera de entender la belleza, no a reproducir productos simplemente porque el mercado los pedía.
La belleza también puede cuestionar al empaque
Ese principio y filosofía continúa siendo parte de la identidad de Ere Pérez. Con el paso de los años, la conversación de Ere dejó de concentrarse únicamente en los ingredientes porque el empaque se convirtió en otra parte fundamental de la ecuación.
En la conversación, aparece una palabra que parece definir perfectamente su propuesta, se trata de ‘ecolusión’, quien ella misma explica, es ese proceso de buscar maneras de hacer que un producto sea más ecológico sin sacrificar aquello que necesita para funcionar.
Y es que, para Ere, la sustentabilidad no consiste únicamente en eliminar el plástico, también implica entender cuándo un material puede ser más eficiente, qué sucede con él después de utilizarse y qué impacto tiene transportarlo.
Actualmente, asegura que la marca es 85% libre de plástico hasta donde es posible, aunque su postura está lejos de demonizar un material por sí mismo. Ella misma, señala: ‘El plástico no es nuestro enemigo, lo necesitamos en los hospitales, obviamente y en muchas partes’.
Ese argumento se extiende a la manufactura, un producto no puede considerarse verdaderamente responsable únicamente por tener una fórmula limpia si su producción y su empaque generan otros problemas: ‘Esa transición que la manufactura se agavaba en ser clean es más allá de hacer una fórmula clean’.
Lo que significa ‘clean beauty’ para Ere Pérez
La palabra clean también es algo que Ere cuestiona, y es que, para ella, no basta con que un producto se presente como limpio si no existe una revisión profunda de aquello que contiene. ‘Para mí clean, va más allá de healthy makeup o productos healthy products, es sobre fórmulas saludables’.
Por eso, la marca ha comenzado a hablar de ‘Beyond Clean Beauty’, una idea que busca llevar la conversación hacia la integridad detrás de cada producto. Esta filosofía también explica por qué hay productos que Ere Pérez decide no fabricar, uno de sus ejemplos más claros es el delineador líquido: ‘No lo tengo porque no lo puedo hacer clean’, explica.
Para ella, la integridad también consiste en reconocer los límites de una fórmula y no crear algo únicamente porque el mercado lo demanda.
Una marca mexicana nacida en Australia
Aunque la historia de Ere Pérez comenzó en Australia, México siempre ha permanecido en el centro de su identidad. De hecho, México fue el primer mercado al que llegó la marca después de Australia, hace 15 años.
La experiencia de comercializar la marca en diferentes países también transformó su perspectiva. Singapur, por ejemplo, le permitió entender de una manera distinta la importancia de la regulación y la manufactura.
‘Entonces a mí me abrió los ojos de la realidad de la manufactura de cosmética, donde realmente no puedes confiar mucho porque a veces tú puedes tener un producto que afuera dice esto, lo otro y no es lo que tiene adentro’.
Ese aprendizaje terminó reforzando una idea que ya estaba presente desde sus primeros años, el hecho de saber exactamente qué hay detrás de aquello que una persona coloca sobre su piel.

Una marca fiel a su espíritu
Hoy, Ere Pérez cuenta con 100 SKUs y una presencia internacional que abarca 44 países. Sus productos han llegado a espacios como Paris Fashion Week, Miami Swim Week y diferentes eventos internacionales, además de ser utilizados por celebridades y modelos.
Pero para Ere, el crecimiento no tiene sentido si implica abandonar los principios con los que comenzó. ‘Algo muy importante para mí es que no es difícil tener una marca como la que tengo yo al precio que está’, comparte.
La marca busca mantener sus productos en un rango de entre 600 y 800 pesos mexicanos, de acuerdo con lo que explica Ere, para conservarlos relativamente accesibles sin sacrificar las decisiones detrás de sus fórmulas y empaques.
Su objetivo, insiste, tampoco es construir una marca de lujo inaccesible, en realidad, su intención es demostrar que una propuesta diferente puede existir dentro de una industria masiva: ‘Los retos que he vivido me llevan hoy a estar confiada de que lo que tengo es lo mejor que puedo hacer’, añade.
¿Cuál es el futuro de Ere Pérez?
Con 24 años de historia y rumbo a celebrar su aniversario número 25, Ere observa una industria que está cambiando rápidamente. Para ella, parte de ese futuro tiene que ver con aprender a producir menos, utilizar menos y pensar más en lo que ocurre después de comprar un producto: ‘Si voy a hacer algo, tiene que ser lo más práctico posible’, comenta.
Esa filosofía incluso la llevó a reducir su oferta de productos, dejó atrás 20 lipsticks para concentrarse en ocho crayones. La razón no fue comercial, sino la necesidad de simplificar. Su visión también se refleja en productos que llevan años formando parte del catálogo.

Uno de sus ejemplos es un tono de labios elaborado a partir de betabel: ‘Tengo el rojo y el rosa nada más, porque no lo puedes hacer en otro color porque es de betabel’, comparte.
Para Ere, esa limitación no es una debilidad, de hecho, es parte de la integridad de la marca. Esa misma idea se extiende al diseño de los empaques.
La marca busca crear piezas que puedan rellenarse, reutilizarse o tener una segunda vida. En lugar de objetos concebidos únicamente para ser desechados, Ere quiere desarrollar productos que puedan permanecer en la vida de las personas. ‘Estoy tratando de hacer cosas bonitas que se puedan usar’, admite.
Belleza con propósito
Al final, la conversación con Ere Pérez regresa al lugar desde donde comenzó todo, esa idea de que la belleza puede ser sencilla, consciente y profundamente personal.
Para ella, el maquillaje no tiene que transformar a quien lo utiliza, sino acompañarla. Y aunque su historia comenzó buscando una máscara que pudiera usar en la playa, hoy su propósito es mucho más grande y tiene que ver con cuestionar la manera en que producimos, consumimos y entendemos la belleza.
‘Lo que sigue es seguir dando el ejemplo para que mejoremos porque no hay más. Lo que necesitamos es donde vivir, este es el único planeta que tenemos, es la casa donde vivimos, nuestro cuerpo, nuestro planeta y para mí la Tierra está gritando por ayuda’. señala.
Ere quiere seguir construyendo desde ahí. Desde Australia, pero con México siempre presente; desde la belleza, pero mirando hacia la ciencia, la sustentabilidad y el futuro porque como bien lo dice: ‘Todos tenemos que mejorar y eso está en la semilla de la integridad de cada cosa, qué se hace y cómo se hace’.
Esa es la verdadera esencia de Ere Pérez: No hacer más por hacer más, sino aprender qué vale la pena conservar.

