jueves, octubre 1, 2026
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    Desde Guadalajara, el arte mira al mundo

    Ferias, museos, estudios y proyectos independientes revelan una escena construida desde lo local en Guadalajara.

    Un recorrido por Guadalajara permite descubrir otra sede desde la cual el arte contemporáneo mexicano está dialogando con el mundo. Hay algo que sucede cuando dejamos de mirar el arte desde los lugares donde esperamos encontrarlo. Cambia la perspectiva, aparecen otras voces y entendemos que una escena no se construye únicamente desde sus grandes nombres, sino desde quienes la habitan, producen y sostienen.

    El último fin de semana de septiembre viajé a Guadalajara para recorrer uno de los momentos más activos de su calendario artístico. Llegué esperando encontrar ferias, exposiciones y nuevos artistas. Regresé con una impresión mucho más amplia: para entender lo que está sucediendo hoy en el arte contemporáneo mexicano también hay que mirar hacia el occidente del país.

    Estación Material, Estudio ACME, el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), galerías, estudios y proyectos independientes formaron parte de un recorrido que hizo visible algo especialmente interesante: la fuerza de Guadalajara no depende únicamente de los artistas y proyectos que llegan de fuera. Está, sobre todo, en aquello que ya existe dentro.

    Estudio Alejandra Gómez.
    Estudio Alejandra Gómez.

    Una escena construida desde lo propio

    Hablar de Guadalajara como otra sede del arte contemporáneo mexicano no significa pensarla como una extensión de la Ciudad de México, mucho menos como una ciudad que necesita reproducir su modelo. Su historia se ha construido de otra manera.

    Durante décadas han existido artistas, talleres, coleccionistas e iniciativas independientes que han contribuido a desarrollar una identidad propia. Este año, la misma programación de Estación Material volvió la mirada hacia esa historia:

    Conversaciones alrededor de Expo Arte —una de las primeras ferias de arte contemporáneo en México—, OPA y proyectos como Taller de Gobelinos, Cu.Mu.Lo y Arena México revisaron algunos de los modelos que transformaron la producción y circulación del arte contemporáneo en Guadalajara.

    Ese pasado importa porque permite entender que la actividad que vemos hoy no apareció de manera espontánea. Existe una genealogía detrás.

    Y al recorrer la ciudad, esa historia convive con una generación de artistas y proyectos que continúan trabajando desde Guadalajara y el occidente mexicano, al mismo tiempo que sus prácticas circulan mucho más allá de la región.

    Estación Material como punto de encuentro

    Estación Material fue uno de los puntos de partida del fin de semana. En su quinta edición, la feria reunió en Plataforma a 18 galerías y proyectos establecidos en México, con más de 70 artistas y 150 obras. Entre los espacios participantes había propuestas procedentes de Ciudad de México, Oaxaca, Mérida, Torreón y Ciudad Juárez, pero también galerías vinculadas directamente con Guadalajara como CURRO y PALMA, además de Guadalajara90210.

    Entre las presentaciones apareció también una figura fundamental para entender esa relación entre territorio y proyección internacional: Jorge Méndez Blake.

    Nacido en Guadalajara y todavía establecido en la ciudad, Méndez Blake ha construido una práctica alrededor de las relaciones entre literatura, arquitectura y arte que lo ha llevado a instituciones y exposiciones en Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y Australia.

    Durante Estación Material, Travesía Cuatro presentó Haiku para Estacionamiento, una intervención en la que un automóvil era sostenido por una pila de libros de haiku. Su trayectoria resume de alguna manera una de las ideas que atravesó mi recorrido: permanecer vinculado a Guadalajara no significa permanecer limitado por su geografía.

    La feria, además, era sólo una parte de lo que sucedía. Durante esa semana, una programación paralela extendió el recorrido hacia galerías y espacios independientes, estudios abiertos, una feria de libros de artista y proyectos como Días Feriados, dedicado a iniciativas autogestivas y nuevas generaciones.

    La experiencia del arte se desplazaba así por la ciudad.

    Blue Bisagra de Randy Schull.
    Blue Bisagra de Randy Schull.

    ACME: una exposición que se convierte en encuentro

    Otro de mis highlights fue Estudio ACME en Sala Roxy. Mientras colapsa, florece, curada por Zazil Barba y Sebastián Vizcaíno, reunió a trece artistas: Juni Aranda, Andrea Ferrero, Antoine Garnier, Julieta Gil, Diego González, Chavis Mármol, Cosa Rapozo, Gabriel Rico, Marco Rountree, Max Ruelas, Guadalupe Salgado, Cristina Umaña y Luis Alfonso Villalobos.

    La exposición imaginaba un territorio en transformación en el que lo humano dejaba de ser la medida de todas las cosas. Pero el proyecto se extendía más allá de la sala: arte, música, gastronomía, talleres y publicaciones convivían durante tres días en Roxy, recuperando también el sentido social del encuentro alrededor del arte.

    Entre los participantes estaba Gabriel Rico, nacido en Lagos de Moreno, Jalisco, y establecido en Guadalajara. Formado originalmente como arquitecto en el ITESO, su práctica combina objetos naturales y manufacturados —cerámica, taxidermia, ramas, neón y materiales encontrados— para explorar nuestra relación con el entorno.

    Su trayectoria resulta particularmente significativa dentro de esta conversación. Rico ha expuesto internacionalmente y participó en la Bienal de Venecia de 2019, pero continúa viviendo y produciendo desde Guadalajara. Y ahí aparece nuevamente una idea que atravesó el fin de semana: lo local no significa pequeño.

    Una ciudad que produce, no sólo exhibe

    Quizá una de las cosas que más me interesaron de Guadalajara fue descubrir que la actividad artística no se limita a los espacios de exhibición, también existe una infraestructura de producción.

    En la colonia Morelos, por ejemplo, antiguos espacios ferroviarios han ido convirtiéndose en talleres y proyectos artísticos. Gabriel Rico abrió ahí su estudio en 2019 y, con el tiempo, otros artistas e iniciativas se han instalado en la zona, generando un pequeño núcleo creativo.

    Esa dimensión cambia la manera de entender la ciudad porque una cosa es tener una agenda de exposiciones y otra muy distinta es tener artistas produciendo, talleres trabajando, galerías acompañándolos, coleccionistas participando y proyectos independientes experimentando con nuevos modelos.

    Es ahí donde una escena comienza a adquirir profundidad.

    Desde Zapopan hacia Marsella

    El recorrido continuó en el Museo de Arte de Zapopan, la única institución pública de Jalisco dedicada exclusivamente al arte contemporáneo. Ahí acababa de inaugurar ‘Sinfonía industrial en dos tiempos’, curada por Alma Saladín y Marco Rountree.

    La exposición reúne a artistas mexicanos y franceses cuyas prácticas atraviesan las artes visuales, el sonido, la arquitectura y el performance. Daniel Buren, Tania Candiani, Frieda Toranzo Jaeger, Naomi Rincón-Gallardo, Théo Mercier, Daniel Otero Torres y Marco Rountree forman parte de una selección mucho más amplia de participantes. Pero quizá lo más interesante sea su propia estructura.

    ‘Sinfonía industrial en dos tiempos’ fue concebida en dos capítulos: el primero en el MAZ y el segundo en Friche la Belle de Mai, en Marsella. Al desplazarse de México a Francia, la exposición cambiará y activará nuevas colaboraciones locales.

    Es una conexión particularmente pertinente en 2026, año del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia. Y también una imagen muy clara de lo que Guadalajara puede representar dentro del circuito contemporáneo: no solamente un lugar al que llegan conversaciones internacionales, sino un territorio desde el cual esas conversaciones también pueden comenzar.

    Alejandro Castañeda.
    Alejandro Castañeda.

    Lo local también mira al mundo

    Durante mucho tiempo, hablar de internacionalización parecía implicar necesariamente trasladarse hacia los grandes centros culturales, Guadalajara propone otra posibilidad.

    Jorge Méndez Blake vive y trabaja en la ciudad mientras su obra circula internacionalmente. Gabriel Rico mantiene su estudio ahí después de haber participado en una Bienal de Venecia. Nuevas generaciones comparten espacios con artistas invitados, mientras galerías, museos e iniciativas independientes construyen conexiones con coleccionistas, curadores e instituciones de otros países.

    La quinta edición de Estación Material hizo todavía más visible ese intercambio. La Fundación Museo Reina Sofía de Madrid adquirió ‘Heavy Blood’ (2018) de Naomi Rincón-Gallardo, mientras el Saint Louis Art Museum incorporó dos obras de Julia Rometti a su colección.

    Más allá de las adquisiciones, lo relevante es hacia dónde comienza a dirigirse la mirada. Guadalajara puede ser también un lugar desde el cual descubrir qué está sucediendo en el arte contemporáneo mexicano.

    Desde Guadalajara, el arte mira al mundo

    Como artista, cuando recorro una escena distinta a la propia me interesa observar algo más que las obras. Me interesa entender qué permite que existan.

    ¿Quiénes producen? ¿Quiénes abren los espacios. ¿Qué artistas deciden permanecer? ¿Qué conversaciones surgen cuando una comunidad local entra en contacto con otras geografías.

    Después de recorrer Guadalajara, quizá eso fue lo que más permaneció conmigo. No la idea de una ciudad intentando convertirse en ‘el próximo’ centro del arte, sino la de un territorio que ya tiene artistas, historia, espacios y una comunidad propia, y que hoy encuentra nuevas maneras de proyectarlos hacia fuera.

    Guadalajara puede recibir a figuras internacionales mientras artistas que producen desde Jalisco dialogan en los mismos espacios. Puede reunir propuestas procedentes de todo México sin diluir su identidad local. Puede iniciar una exposición que después viajará a Marsella y, al mismo tiempo, seguir fortaleciendo talleres y proyectos que nacen desde su propia comunidad.

    Y lo mejor es que este encuentro no sucede una sola vez. Cada año, Guadalajara activa durante estos días una parte importante de su ecosistema artístico: ferias, exposiciones, estudios abiertos, museos, galerías y proyectos independientes coinciden para crear un recorrido que cambia con cada edición y ofrece nuevas razones para volver.

    Por eso, más que hablar de un fin de semana que terminó, vale la pena pensar en el siguiente. Si el arte es una de las formas en las que elegimos descubrir un destino, Guadalajara merece reservar un lugar en el calendario para su próxima edición.

    México no necesita un solo centro desde el cual proyectar su arte contemporáneo al mundo. Su riqueza está precisamente en la posibilidad de mirar desde distintos lugares.Y durante un fin de semana en Guadalajara, esa idea dejó de ser una teoría. Se podía recorrer. Y el próximo año, volverá a suceder.

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