jueves, junio 13, 2024
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    Megalópolis: Los sentimientos de Coppola sobre el mundo de hoy en una utopía de género

    Un proyecto que nos recuerda el gran poder que tiene el director para crear historias diferentes.

    Fue en Cannes, hace 45 años, donde Francis Ford Coppola presentó “Apocalypse Now” con un trabajo en progreso y la meta a la vista. Su esposa, Eleanor inmortalizado la conferencia de prensa en “Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse”, el entretenido documental de 1991 en el que se ve al director de “El Padrino” declarar: “Mi película no es una película sobre Vietnam; es Vietnam”.

    Es un momento casi mitológico para el cine, que abarca la reivindicación (“Apocalypse Now” ganaría la Palma de Oro), también se da a entender que es el final de la gran carrera de Coppola que empezo durante la década de 1970 y la consolidación de una reputación que lo perseguiría como el mítico de la grandilocuencia, del riesgo artístico, los excesos e indulgencia.

    Dicho esto quiénes somos para criticarlo. 

    Megalópolis, el reciente trabajo de Francis Ford Coppola

    Ahora con “Megalópolis”, la tremendamente ambiciosa y superpoblada epopeya urbana financiada con 120 millones de dólares de su propio dinero, que tuvo su estreno mundial en el festival, quien ha sido bueno con el cineasta

    La primera película de Coppola, de 85 años, desde su película de terror de 2011 “Twixt”; “Megalopolis”, una obsesión personal del director desde al menos la década de 1980. 

    Es una utopía de género, está situada en un universo propio y podemos verlo como algo casual e impresionista, un conflicto interno con el descontento que el cineaste siente por su país y una fantasía desordenada. 

    Nada  se refiere en la película a Nueva York,  más bien es una Nueva Roma decadente imperial (algo que si tiene sentido en la confusión). Una ciudad con su propio edificio Chrysler, su Grand Central Terminal y florituras Art Déco, pero reformulada a través de un lente antiguo (y los tonos narrativos estentóreos de Laurence Fishburne) como una variación de una ciudad en declive.

    Es un punto de discusión cuánta información se puede extraer realmente del reenfoque falso romano de Coppola. La decadencia en su ciudad todavía se parece a lo que uno esperaría en otros lugares, sin mencionar un toque retrógrado: mujeres jóvenes retorciéndose y consumiendo drogas en clubes de baile , periodistas sonrientes que todavía usan sombreros con tarjetas de prensa. Los aspectos decadentes del ayer, del hoy y del mañana.

    Y si el enfrentamiento central es técnicamente la historia romana repensada como un drama urbano de ciencia ficción (les ahorraré una cantidad de detalles que pueden ser confusos de leer tal como es verlos ), básicamente estamos ante el triángulo de poder entre César Catilina (Adam Driver, confuso en otro papel visionario críptico que no le conviene), un inventor imperioso en el molde del maestro constructor de Robert Moses; Franklyn Cicero (Giancarlo Esposito), el asediado alcalde de la ciudad al estilo David Dinkins; y la hija de Cicero, Julia (Nathalie Emmanuel), y las lealtades que se alternan entre todos. 

    Megalópolis” no funciona como un conflicto de poder pre-entendido. Sus detalles están demasiado divorciados de la realidad para cualquier maquinación de entendimiento. El guión original de Coppola, producto de años de revisión y aún sujeto a mucha improvisación, oscila maniáticamente entre diálogos torpes y citas clásicas. En un momento estaba viendo a Driver pronunciar el soliloquio completo de “ser o no ser” de “Hamlet”, una referencia nunca reconocida por ninguno de los otros personajes. Mucho se pierde, sobretodo en este mundo tan poco cultural. 

    La película carece de la confianza de un director de fotografía que podría organizar sus ideas en un formato más amplio.Se va a presentar en iMax pero la mayoría de las escenas son planos cerca que se verían bien hasta con un tlf. 

    Sin embargo, una vez que dejas de lado el incomprensible sueño de que Coppola regrese con otra obra maestra, hay mucho que disfrutar en “Megalopolis”, especialmente los miembros del elenco, que aprovechan sus momentos con un abandono que probablemente era un requisito laboral. Aubrey Plaza no solo interpreta a un personaje llamado Wow Platinum, una periodista que busca casarse con alguien rico y es libre de vergüenza al hacerlo. Las notas picantes de Talia Shire y Jon Voight se entremezclan con la sobreactuación atlética de Shia LaBeouf y Dustin Hoffman.

    Al final Coppola hizo una película que para entenderla tienes que poseer un nivel cultural amplio, histórico algo que hoy en día es un lujo. Es más casi un esnobismo! Puede que la película tenga un desorden, pero sigue siendo Coppola y nos rendimos ante su inquebrantable aspiración. Esta es una historia recargada, vigorosa y hirviente sobre las raíces del fascismo! Y para un espectador cuya base cultural proviene de TikTok y no la importancia educativa llamaría a esta historia una catástrofe. 

    Está puede qué sea la película más radical que jamás haya hecho. Es un testamento al “anti-hoy”. Se lo dedica a su difunta esposa, quien habría sonreído ante la evidencia de que su marido sigue haciendo lo suyo 45 años después. Y así como el Imperio Romano es el principio de nuestro principio, Nueva Roma es el fin de nuestro fin.

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