jueves, junio 18, 2026
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    No entiendo el futbol… pero entiendo perfectamente lo que pasa

    Aunque no entiendo el futbol en la cancha, lo que sí entiendo es el sentimiento que provoca.

    Hay algo que no pretendo fingir en este Mundial: no entiendo el futbol. No sé explicar un fuera de lugar sin dudar, no podría analizar una alineación, y probablemente confundiría cualquier estrategia si alguien me la explicara con demasiada seriedad. Y, sin embargo, hay algo que sé con certeza: entiendo la energía.

    Porque el futbol —sobre todo durante un Mundial— no es solo un juego: es un estado emocional colectivo, una tensión que se respira antes de que empiece el partido, una expectativa que se instala en la mesa, en la conversación, en las miradas. Algo cambia, algo se activa, y eso, curiosamente, no necesita traducción técnica.

    El sentimiento que provoca el futbol

    Hay algo peligrosamente atractivo en esa intensidad; en la forma en la que una persona se transforma frente a una pantalla; en cómo alguien que normalmente es contenido se desborda, grita, se levanta, se le quiebra la voz.

    En esa vulnerabilidad inesperada que aparece cuando hay algo en juego —aunque no sepamos exactamente qué—. Porque no se trata solo de futbol, sino de ver a alguien sentir sin filtro. Y eso —con honestidad— es magnético.

    Inauguración Mundial 2026
    El Estadio Ciudad de México en la Inauguración del Mundial 2026. Foto: Takuya Yoshino / Yomiuri / The Yomiuri Shimbun via AFP.

    El Mundial tiene esa capacidad de exponer facetas de las personas que habitualmente permanecen ocultas: el serio se vuelve apasionado, el indiferente opina, el que nunca pierde el control lo pierde por noventa minutos; y en medio de todo eso, hay una lectura mucho más interesante que cualquier marcador: quién mira, cómo mira, desde dónde se involucra.

    ¿Cuánto necesito saber de futbol para entenderlo?

    No necesitas saber de futbol para notar quién está ahí solo por estar y quién está completamente dentro de lo que está pasando. Tampoco necesitas entender las reglas para identificar la tensión, la emoción, el ego, la ilusión.

    Todo eso se siente, todo eso se percibe. Y tal vez por eso, para muchas personas que no son aficionadas al futbol en temporadas ordinarias, el Mundial no se trata de entender el juego… sino de entender lo que provoca.

    Afición mexicana
    Afición mexicana apoyando a la Selección Mexicana. Foto: Gerardo Vieyra / NurPhoto / NurPhoto via AFP.

    Porque sí, hay goles, hay equipos, hay resultados. Pero también hay miradas que se cruzan cuando todos están viendo lo mismo, hay conversaciones que empiezan con algo tan simple como ‘¿con quién vas?’ y terminan en lugares completamente distintos.

    Hay una especie de complicidad colectiva que aparece sin pedir permiso. Como si durante un mes todos estuviéramos un poco más abiertos, más disponibles, más expuestos, más interesantes.

    La afición mexicana en el Ángel de la Independencia
    La afición mexicana en el Ángel de la Independencia. Foto: GrosbyGroup.

    Y en ese escenario, no entender el futbol deja de ser una limitación… y se convierte en una ventaja, porque mientras otros están concentrados en la jugada, tú estás leyendo todo lo demás: la energía, la tensión, las dinámicas, la atracción. Eso que no se comenta, pero se siente.

    Así que no, no entiendo el futbol, pero entiendo perfectamente lo que pasa. Y, con sinceridad, eso es mucho más interesante.

    Por: Vanessa Claudio.

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