viernes, octubre 16, 2026
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    Más es Más: Cómo habitar tu cuerpo en la era de Ozempic, una epidemia que ataca más allá del cuerpo

    ¿Qué significa culturalmente que, justo cuando empezábamos a cuestionar la idea de que nuestros cuerpos necesitaban ser modificados para ser dignos, deseables o exitosos, aparezcan 'medicamentos milagro' que faciliten esa modificación, promoviendo de nuevo la idealización de un mismo tipo de cuerpo?

    No me interesa discutir si una persona debería o no utilizar Ozempic, un medicamento para perder peso. Hay personas para quienes estos tratamientos representan una herramienta médica importante y sería absurdo reducir una conversación compleja a un juicio moral.

    Lo que me interesa es otra cosa: ¿Qué significa culturalmente que, justo cuando empezábamos a cuestionar la idea de que nuestros cuerpos necesitaban ser modificados para ser dignos, deseables o exitosos, aparezcan ‘medicamentos milagro’ que faciliten esa modificación, promoviendo de nuevo la idealización de un mismo tipo de cuerpo?

    ‘Menos es más’ suele estar relacionada con cierta idea de clase, de refinamiento, de elegancia. Honestamente, esa frase siempre me incomodó un poco, porque mi personalidad tiende a pensar que más es más: más libros, más cuadros, más risas, más palabras, más opiniones, más accesorios, más amor, más emociones, etc.

    Por lo que, en muchas ocasiones, sentía que tenía que podarme, ocultar partes de mí para encajar en ese molde que me habían asignado. Recuerdo llegar de entrevistas y castings y hacer anotaciones sobre lo que sentía que había salido mal: ‘No hables tanto’, ‘menos risas’, ‘menos preguntas’, ‘quédate quieta’. Siempre parecía que tenía que ser menos. Sentir menos.

    Ozempic
    Foto: Pexels.

    Y, claro, esto también incluía el cuerpo. Desde niña quería ser menos, desde mi talla hasta mi personalidad (siempre me regañaban por hablar mucho). ‘Pareces licenciada’, me decían. Cuando comencé a modelar, me ‘sugerían’ modificar mi mente, mi voz y, al final, también mi cuerpo.

    Me decían que no hablara tanto de causas sociales. ‘Es incómodo para los clientes’. ‘Luego no te van a querer contratar’. Al final era el mismo mensaje. ‘Hacerme chiquita’.

    Cuando el cuestionamiento pasa del cuerpo hacia la identidad: Pero ¿Por qué nos quieren más chiquitas? ¿Más débiles? ¿Más delicadas? ¿Más distraídas? ¿Qué estábamos construyendo? ¿Por qué estábamos luchando? ¿Quién se beneficia de que cedamos el control?

    La presión social va mucho más allá del cuerpo

    Esta presión social va mucho más allá del cuerpo. Porque el uso de Ozempic comienza ahí, con la promesa de que la vida de tus sueños está del otro lado de la báscula. Pero si haces un zoom out, siento que esta era promueve que seamos más chicas; no solo en la etiqueta del pantalón, sino en la mente, en nuestra voz.

    Porque si estamos demasiado ocupadas preocupándonos por lo que vemos en el espejo, por las críticas hacia nuestra personalidad y expectativas, hay poco tiempo para mirar hacia otros lados. Y hacia otras luchas.

    Quizá la pregunta no debería ser solamente qué está pasando con nuestros cuerpos, sino qué está pasando con nuestra idea de quiénes debemos ser.

    En los últimos años hemos tenido otro despertar, uno que va más allá del cuerpo. El body positivity nos abrió los ojos de muchas maneras, enseñándonos que no necesitábamos encajar en un estándar para encontrar esa felicidad que nos habían prometido que vendría con la delgadez.

    Ozempic
    Foto: Pexels.

    La perspectiva de las mujeres en la actualidad

    Y esa conversación fue migrando hacia otras áreas de nuestra vida. En los últimos años hemos visto a  más mujeres cuestionarse ya no solo si debemos ser talla 0, sino si debemos casarnos, tener hijos o ser quienes nos han dicho que debemos ser. Hemos visto una ola de mujeres que eligen una vida muy diferente a la tradicional, poniéndose a sí mismas como prioridad antes de alguien más.

    Enfocando su vida en su propio crecimiento personal y laboral. Y como suele suceder con los movimientos culturales, por supuesto le vino su contraparte: una nueva resistencia, una nueva generación queriendo volver a los tiempos de la abuela, sin importar las señales de alarma de las mismas personas que pasaron por ahí.

    Popularizándose en redes sociales las ‘trad wives’ y todo el universo que las acompaña, desde su estética hasta su ejecución. Por lo que no es extraño que, junto a esta ola de vuelta a los valores tradicionales y a la sumisión, también se promuevan conductas de restricción y cánones de belleza extremos. 

    Pensando tal vez que: ‘Si tenemos a las mujeres demasiado ocupadas complaciendo a los demás, ocupadas pensando en su talla y con cumplir con un rol tradicional, habrá muy poco espacio para que luchen por algo más, incluido ellas mismas’.

    Y no creo que elegir una vida tradicional sea, en sí mismo, un problema. Tampoco creo que todas las mujeres que desean casarse, tener hijos o quedarse en casa estén renunciando a sí mismas. El problema aparece cuando volvemos a convertir una opción en una obligación. Cuando una manera de vivir vuelve a presentarse como la manera correcta de ser mujer.

    Por lo que la era de Ozempic se trata de mucho más que el medicamento en sí, creo que puede haber también un guión detrás. Quizá sí existe una coordinación deliberada, una sociedad que premia, una y otra vez, a las mujeres que ocupan menos espacio. Menos cuerpo, menos voz, menos incomodidad, menos poder.

    Donde miles de mujeres han perdido sus derechos en los últimos años. Debería alarmarnos que la conversación mundial esté más enfocada en la nueva celebrity que bajó de peso que en las 22 millones de mujeres en Afganistán que cada día viven sin el derecho siquiera de hablar en público.

    Puede sonar extrema esta comparación, pero creo que estamos tan distraídas en conversaciones superficiales que las mujeres con menos voz cada vez tienen más dificultades para ser escuchadas. Hay menos espacio para ellas. 

    Ozempic
    Foto: Pexels.

    Y es aquí donde creo que debemos mirar con atención el regreso de los cuerpos extremadamente delgados. Porque quizá no estamos viendo únicamente el regreso de la idealización de una talla, sino que estamos viendo el regreso de todo un mundo esperado alrededor de ella. De una expectativa, y reglas que se nos imponen. 

    El problema tampoco es un tipo de personalidad o un estilo de vida. El problema es un sistema que insiste en dictarnos cuál es la manera correcta de ser nosotras mismas, de existir. Nuestra misión en la vida va mucho más allá de correr hacia el nuevo ideal. Creo que debemos cuestionarnos qué es lo ideal para nosotras, qué nos funciona, qué deseamos, más allá de que nos están diciendo que deberíamos de desear.

    Y no creo que tengamos que demonizar las decisiones de los demás. Creo que tenemos que hacer algo mucho más difícil: deconstruirnos.

    Reconocer nuestros cambios

    Así aprendemos a distinguir entre elección y presión. Por lo que, antes de tomar cualquier decisión de cambio físico o mental, pregúntate desde dónde lo haces. ¿Lo haces porque de verdad es algo que tú quieres? ¿Estás consciente de las consecuencias de todo lo que conlleva? ¿Lo haces por agradar, por encajar? La pregunta más importante no es qué estás eligiendo, sino desde dónde estás eligiendo.

    Y para eso necesitamos conocernos a profundidad, porque nadie puede amar a alguien que no conoce. ¿Cómo vas a tener la certeza de que estás eligiendo lo mejor para ti, si no sabes quién eres? Por lo que de nuevo esto nos lleva al principio: al amor propio. 

    El antídoto para protegernos ante estas olas de cambios sociales que incluye, claro, el autoconocimiento. Entre más fortalezcamos la relación con nosotras mismas, con nuestro cuerpo y nuestra mente, más difícil será que tomemos decisiones que nos hagan daño basadas en expectativas sociales.

    Cuando estamos en paz con quienes somos, no hay vergüenza ni miedo en ocupar espacios, alzar la voz o estar orgullosas de nuestro cuerpo y nuestra mente. Porque en esta era de obsesión y en medio de una epidemia de tradicionalidad, ser una misma en su maximalismo, abrazar lo que somos sin reducirnos para caber en las expectativas de otros, puede ser uno de los mayores actos de resistencia. 

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