Pili Pascual creció frente a cámaras, atravesó el fenómeno global de las series juveniles desde muy pequeña y aprendió a convivir con una industria donde todo parece moverse demasiado rápido. Pero detrás de la imagen luminosa que el público conoce, ha construido algo mucho más valioso: una relación honesta consigo misma.
Hay algo muy particular en la manera en la que Pili Pascual habla sobre sí misma. Incluso después de años frente a cámaras, millones de seguidores y una carrera que comenzó prácticamente siendo una adolescente, persiste una sensación de cercanía difícil de fabricar.
No habla desde el personaje público ni desde una versión cuidadosamente construida para redes sociales. Habla desde alguien que todavía intenta proteger pequeños espacios de norma lidad dentro de una industria donde todo suele convertirse en contenido. Y quizá eso es lo más interesante de ella.
Mientras muchas figuras públicas sienten la necesidad de compartirlo absolutamente todo, Pili parece haber entendido muy pronto el valor de guardarse ciertas cosas para sí misma: pequeños ritua les cotidianos, pasatiempos, silencios, momentos donde simplemente puede existir lejos de la expectativa constante de ser observada.

En sus palabras, puntualiza: ‘La verdad es que me gusta mucho tener mi vida privada… privada‘, dice entre risas. ‘No mostrar todo. No enseñar mi casa o lo que cociné hoy. Hay cosas muy pequeñas que para mí tienen muchísimo valor y me gusta guardármelas. Mis hobbies, mis espacios, mis momentos… son cosas que quiero que sigan siendo mías‘.
¿Cómo fue crecer mientras todos miraban?
La relación de Pili con la fama comenzó muy pronto. Era apenas una adolescente cuando protagonizó ‘Go! Vive a tu manera’, la serie juvenil de Netflix que se convirtió rápidamente en un fenómeno internacional.
Pero detrás del éxito inmediato, también apareció algo mucho más complejo: crecer emocionalmente mientras millones de personas comenzaban a observarte.
‘Cuando hice mi primera serie estaba muy chiquita, no tenía ni 500 seguidores en Instagram. Todo era nuevo: mi primer director, mis primeros compañeros, literalmente mi primer todo’, recuerda. ‘Y cuando la serie salió y fue un éxito, ahí sí fue como: ‘wow… ¿qué está pasando?’.


De pronto llegaron las fotos en la calle, el reconocimiento incesante y esa sensación extraña de dejar de ser completamente anónima. Aunque habla del tema con cariño, también reconoce que hubo momentos emocionalmente difíciles.
‘Sí me presioné mucho, porque todo avanzó demasiado rápido’, admite. Lejos de desarrollar distancia con el público, Pili encontró algo genuinamente bonito en esa conexión. Sobre todo cuando habla de las niñas que crecieron viendo sus proyectos:
‘Es de las cosas que más disfruto de mi trabajo: compartir lo que hago con la gente que me sigue; se siente increíble. Muchas personas me siguen por mis personajes, por mis series, y luego llegan niñas súper chiquitas y eso me da mucha ternura porque amo a los niños. Empatizo muchísimo con ellas’.

La responsabilidad invisible de Pili Pascual
Esa conexión también le hizo entender muy pronto que su imagen tenía un peso más grande del que imaginaba. Y aunque nunca habla desde un lugar moralista o rígido, existe una consciencia muy clara sobre el tipo de contenido que quiere mostrar:
‘Sí siento muchísima responsabilidad’. Lo interesante es que no lo vive desde la obligación, sino desde el cuidado: ‘Hay cosas normales para mi edad, claro; pero siento que no todo tiene que mostrarse’. Esa necesidad de documentar absolutamente todo parece ser una de las cosas de las que intenta escapar en su vida diaria.

Escapar del ruido de las redes
Cuando habla sobre ansiedad digital o saturación emocional, la conversación se vuelve mucho más íntima. Pili reconoce que las redes sociales pueden convertirse fácilmente en un espacio abrumador: noticias, opiniones, comentarios, comparaciones, presión estética…
Todo convive al mismo tiempo dentro de un teléfono que cargamos a todas horas: ‘Está complicado apagar el ruido porque las redes están siempre contigo. Pero intento muchísimo que mis fines de semana sean realmente míos. Salvo que tenga que subir alguna campaña, trato de no usar casi el teléfono‘.
Y entonces aparece la versión más cotidiana de ella: cocinar, caminar en pijama, sacar a sus perros, estar sin maquillaje, convivir con su familia. ‘Creo que lo que más me gusta es hacer cosas normales: salir con mis perros, estar tranquila, cocinar, estar con mi gente. Y quiero seguir manteniendo eso’.

Sus perros, además, parecen funcionar casi como un ancla emocional: ‘Ellos me regresan muchísimo al presente. Y también mi familia. Siempre me ayudan a mantenerme centrada y humilde’, añade.
La perfección como mentira
Hay una parte especialmente honesta de la conversación cuando habla sobre perfección: aunque trabaja en una industria obsesionada con la imagen, Pili mantiene una relación relajada con esa presión estética: ‘No intento ser perfecta nunca’, dice con total naturalidad.
Y quizá por eso sus redes sociales suelen sentirse mucho más cercanas que calculadas. Hay algo intencionalmente humano en cómo decide mostrarse: ‘Casi nunca me maquillo en mi día a día. Si salí mal en una foto, pues súbela. Es natural. Las redes sociales ya generan demasiada presión como para encima intentar parecer perfecta todo el tiempo‘.
Aunque sí reconoce que con su trabajo ocurre algo distinto: ‘Con mi trabajo sí soy perfeccionista. Pero conmigo, como persona, no‘.

La versión idealizada de los sueños
A medida que la conversación avanza, aparece una idea que recorre prácticamente toda la entrevista: entender que los sueños rara vez llegan de la manera en que los imaginábamos. ‘Cuando eres más chica, idealizas muchísimo el éxito. Piensas que todo tiene que pasar exactamente como lo soñaste. Y si no pasa así, se siente frustrante’, explica.
Esa fue una de las lecciones más importantes que aprendió creciendo dentro de la industria. ‘Ya pasé por esa etapa de frustración y tristeza. Y si pudiera hablar con mi yo del pasado, le diría: ‘relájate, todo llega. Tal vez no como lo imaginabas, pero llega’‘.

Esas palabras parecen trazar el momento que vive hoy: más tranquila, más consciente, menos obsesionada con cumplir expectativas imposibles. Porque, al final, mientras gran parte del mundo corre desesperadamente detrás de una versión perfecta de sí mismo, Pili Pascual parece haber encontrado algo mucho más difícil:
Mantenerse suave, natural y profundamente humana dentro del ruido de internet y la exposición pública. Y quizá ahí está su mayor fortaleza.
CRÉDITOS
Fotografía: Santos Fons.
Realización Vanessa López.
MUAH: Juan Peralta.
Asistente de Moda: Sofía Escobar.
Producción: Yuliet Delgado.

