Esmeralda Pimentel y Osvaldo Benavides llevan su conexión al escenario como los nuevos protagonistas de ‘Siete Veces Adiós’, una obra que explora las despedidas, los encuentros y todo lo que sucede entre ellos.
Protagonizando nuestra edición de abril 2026, ambos actores reflexionan sobre su relación con la actuación, el significado de compartir escena y lo que implica entrelazar la vida personal con el arte.

Osvaldo Benavides en Marie Claire México
Estar presente en la historia
Para Osvaldo Benavides, entrar en ‘Siete veces adiós’ no significa únicamente interpretar una historia de amor: implica comprender cómo funciona la memoria y la emoción dentro del trabajo actoral.
Durante los ensayos y el trabajo previo —dice— la memoria emocional puede servir como herramienta para comprender al personaje y sus circunstancias. Sin embargo, cuando llega el momento de actuar frente al público, el objetivo es dejar que todo ese trabajo fluya de forma natural.

‘La memoria y la emoción son el trabajo previo’, explica. Pero en escena, añade, lo importante es algo más simple y a la vez más complejo: ‘Lo ideal, lo que uno siempre está buscando es estar presente’.
Para él, el proceso consiste en confiar en que todo lo explorado durante los ensayos encontrará su lugar sin necesidad de forzar sentimientos o recrear imágenes internas: ‘Que todo el trabajo de mesa y de ensayos fluya a través de la presencia, sin necesidad de estar evocando o forzando las emociones’.
Ese enfoque también permea la manera en que se aproxima al amor en la obra, donde los personajes revisitan su pasado intentando comprender qué ocurrió con su relación. Para Osvaldo, sin embargo, el amor no se aborda como un análisis técnico del sentimiento, sino como algo que simplemente existe.
Cuando se le pregunta si el amor necesita madurez o valentía, su respuesta desmonta cualquier intento de racionalizarlo: ‘El amor no necesita nada. El amor es’. Para él, cualidades como la madurez o la valentía pueden fortalecer un vínculo, pero no lo definen: ‘Aquel que es maduro ama con más madurez, y aquel que es valiente ama con valentía’.


La confianza como punto de partida
La dinámica de ‘Siete Veces Adiós’ plantea un viaje emocional en el que dos personas revisitan su historia para intentar rescatar lo que alguna vez los unió. No obstante, para Osvaldo, el proceso de construir ese recorrido no se basa en largas elaboraciones psicológicas del personaje, sino en algo más inmediato: las situaciones.
En este montaje, explica, el tiempo de ensayo es breve porque la obra ya existe y los actores llegan a integrarse en una estructura ya establecida. ‘No estamos creando una obra de cero, estamos entrando nosotros a una obra’, señala.
Eso cambia la manera de trabajar el personaje. Más que diseñar una biografía detallada o desarrollar un proceso largo de construcción interna, el actor prefiere dejar que cada momento dramático marque el camino. ‘La situación es la que manda’, dice.

Añade que las circunstancias de la obra son tan claras y específicas que definen cómo reaccionan los personajes: ‘Lo que define al personaje es la situación y cómo reaccionan los personajes, no tanto la construcción‘.
En ese contexto, compartir escenario con Esmeralda Pimentel añade una dimensión particular al proceso. La confianza previa, reconoce, facilita muchas cosas: ‘Sin duda, la confianza que existe aporta mucho y ahorra tiempo, porque podemos llegar más rápido a establecer acuerdos’, explica.
Entre él y ella existe una cercanía consolidada, una química que no necesita ser construida desde cero. ‘Hay una parte del trabajo actoral que ya está hecho por el simple hecho de conocernos‘, dice.
Más que simular la intensidad emocional, lo que esa relación aporta es una base real sobre la cual apoyarse. Los actores no tienen que imaginar un pasado compartido para los personajes, porque ya existe uno en la vida real: ‘Hay confianza, hay una historia’, afirma.

Ese pasado común se convierte en un recurso creativo que puede alimentar la escena y darle profundidad: ‘En vez de que cada quien se invente un pasado, aquí existe un pasado real en el que te puedes apoyar o del que puedes partir para crear’.
Esmeralda Pimentel en Marie Claire México
Amar con el corazón abierto
Para Esmeralda Pimentel, llegar a ‘Siete Veces Adiós’ no fue solo aceptar un nuevo papel, sino reencontrarse con una historia que ya la había atravesado mucho antes de subir al escenario.
Su vínculo con la obra comenzó incluso antes de imaginarse como parte del elenco: ‘Me atrevo a decir que mi proceso creativo comenzó hace más de un año cuando fui a ver la obra por primera vez’, recuerda.
Aquella experiencia como espectadora bastó para marcarla profundamente. ‘Quedé profundamente enamorada y conmovida‘, dice, y ese vínculo emocional con la historia se convirtió en el punto de partida de su interpretación.
La actriz habla de la obra con una mezcla de respeto y admiración. Después de más de mil funciones y varios años en cartelera, ‘Siete Veces Adiós’ se ha convertido en un fenómeno teatral que conecta con el público de manera entrañable.
Para Esmeralda, esa conexión tiene una razón clara: la historia toca algo universal. ‘Creo que es una obra que nos habla y que nos atraviesa a todas y a todos’, explica. Después de todo, pocas experiencias humanas son tan compartidas como el amor y la pérdida. ‘A todos se nos ha roto el corazón y todos hemos roto un corazón en algún momento’, afirma.

Encarnar a su personaje ha sido, en sus palabras, una experiencia profundamente generosa. La actriz describe su proceso como un acto de entrega hacia una historia que ya ha demostrado su capacidad de resonar con el público:
‘Ha sido arrojarme y ponerme al servicio de un personaje tan complejo, tan bello y tan generoso como lo es Ella. Y sobre todo estando bajo la dirección de Alan Estrada. Ha sido un proceso muy pleno para mí como actriz’.
Parte de esa experiencia también está marcada por el contexto creativo en el que se desarrolla la obra: un proyecto creado íntegramente por talento mexicano y que refleja con autenticidad la forma en que amamos, hablamos y sentimos. ‘Es una obra que nos habla en nuestras propias palabras, en nuestros propios códigos‘, afirma.
Esa exploración emocional también la llevó a reflexionar sobre su forma de vivir el amor. Más que descubrir algo nuevo, dice, el personaje reafirmó una decisión que ya había tomado en su vida personal: seguir amando con apertura.
‘Reafirmo la decisión de vivir con el corazón abierto y de hacerme responsable de todo lo que eso implica. Por un lado es recibir toda la belleza, toda la magia y la expansión que conlleva vivir atravesada por el amor y al mismo tiempo aceptar también lo que conforma el espectro del amor que también son duelos, son despedidas, a veces es incertidumbre, pero, sobre todo, es transformación’, comparte.
Crear juntos, dentro y fuera del escenario
Compartir escenario con Osvaldo añade otra capa emocional al proceso. Más allá del vínculo personal que comparten, Esmeralda describe su dinámica creativa como una colaboración donde las diferencias se convierten en fortaleza.
‘Los dos somos un gran equipo creativo. Creo que abordamos el proceso con el mismo rigor, con la misma disciplina, con el mismo compromiso y entrega, pero de maneras completamente únicas’.

La actriz también reconoce que existe algo especial en llevar una historia de amor al escenario junto a quien amas en la vida real. Para ella, el teatro se convierte en un lugar donde la vida personal y la ficción pueden dialogar de maneras inesperadas.
‘¡Qué mayor alquimia que poner nuestra historia y nuestro proceso personal, como pareja, al servicio de la ficción. Y qué mejor que hacer lo que más amas con la persona que más amas, contando una historia que precisamente habla de amor!’.
Ensayar, hablar sobre la obra y explorar juntos la historia ha suscitado nuevos diálogos y ha reforzado la admiración profesional que sienten el uno por el otro. ‘Nos estamos divirtiendo muchísimo, estamos reconectando con la admiración que sentimos el uno hacia el otro profesionalmente’.
‘Estamos teniendo conversaciones maravillosas y creo que no hay manera de fortalecer más un vínculo que compartir una pasión y un propósito de vida que es tu vocación y sobre todo esta vocación tan generosa que tenemos nosotros que nos permite poder alquimizar la vida misma y ponerla al servicio del arte. Yo creo que no hay nada más bonito que una pareja pueda compartir’.
Al final, para Esmeralda, el amor no se trata de evitar los conflictos, sino de aprender a atravesarlos juntos. ‘De las conversaciones incómodas pueden emerger muchos regalos para el vínculo, porque creo que no hay nada más hermoso que expresarte con toda tu honestidad y sobre todo abrir el espacio para que la otra persona se exprese con toda su honestidad’.
‘Creo que las conversaciones incómodas pueden fortalecer, enriquecer y elevar el nivel de los vínculos y de la vida’, afirma. Y quizá ahí reside una de las verdades más profundas de ‘Siete Veces Adiós’: que amar, en todas sus formas, siempre implica transformación.
#EsmeraldayOsvaldoSonMarieClaire
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Créditos:
Director editorial y realización: Gerard Angulo
Fotografía: Carlos Ruizc
Makeup: Roberto Sierra
Hair: Carlos Morales
Entrevista: Emilio Gala
Asistentes de moda: Michelle Ortiz y Ángela Tolosa
Producción: Yuliet Delgado

