lunes, agosto 17, 2026
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    ‘Un hijo propio’: Cuando la realidad supera a la ficción, en palabras de la directora Maite Alberdi

    Luego de cuatro años de investigación, rodaje y acompañamiento, la directora comparte la historia de Alejandra para mirar más allá del delito y preguntarse qué ocurre cuando los mandatos sociales, las pérdidas y la ausencia de redes de apoyo llevan a una mujer al límite.

    ‘Un hijo propio’, el nuevo documental de la cineasta chilena Maite Alberdi llegó a Netflix como una ventana a la realidad, que nos lleva a reflexionar sobre cómo los mandatos sociales, prejuicios y el mismo sistema nos puede orillar a actuar de una manera inimaginable.

    En 2009, el caso de Alejandra ocupó los titulares en México. Su historia, marcada por un embarazo fingido y un delito que conmocionó a la opinión pública, fue narrada durante años desde los hechos y sus consecuencias.

    Sin embargo, para la directora del documental, la historia comenzó desde un lugar distinto y humano, conociendo primero a Alejandra y descubriendo después la dimensión mediática que había adquirido su caso.

    Maite Alberdi
    ‘Un hijo propio’ fie dirigido por Maite Alberdi. Foto: Cortesía Netflix.

    Así comenzó ‘Un hijo propio’ de Maite Alberdi

    De origen chileno, Maite Alberdi no conocía la historia, en entrevista con Marie Claire México recuerda: ‘Primero la conocí a ella, mientras estaba haciendo una investigación en el penal de Santa Martha, y solo después conocí la dimensión mediática que había tenido su caso’.

    Es así como menciona: ‘Desde el comienzo me llamó mucho la atención lo extraordinario de los eventos que ella contaba, lo insólito de todo lo que le había ocurrido y esa sensación permanente de que la realidad supera a la ficción‘, explica.

    Pero detrás de esa dimensión casi inverosímil había preguntas mucho más profundas: ‘¿por qué una mujer llega a necesitar fingir un embarazo? ¿Qué hay detrás de esa necesidad? Y, sobre todo, la presión social que vivimos muchas mujeres en torno al deseo maternal y a la maternidad‘.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    ¿Cuánto tiempo llevó hacer ‘Un hijo propio’?

    Después de conocer a Alejandra, la directora comenzó inmediatamente la investigación para desarrollar el documental ‘Un hijo propio’: ‘Conecté profundamente con ella y con las preguntas que abría su caso’. Lo que siguió fue un proceso de cuatro años entre investigación, rodaje y acompañamiento.

    La intención nunca fue reconstruir únicamente qué había ocurrido. Los hechos ya habían sido ampliamente difundidos; lo que buscaba era comprender las circunstancias que habían llevado a Alejandra hasta ese punto.

    ‘Nunca me interesó hacer una película centrada solamente en qué pasó —porque los hechos están ahí—, sino intentar comprender los porqués: por qué una mujer llega a hacer lo que hizo Alejandra y qué contexto personal, familiar y social existe detrás de sus decisiones’, comparte la directora.

    Ese proceso también transformó la mirada de la propia directora sobre su protagonista. Al principio conoció solamente su versión de los hechos, pero conforme avanzó la investigación comenzó a escuchar otras voces y a observar la historia desde diferentes perspectivas.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    ‘Al principio escuché solamente su versión y me acerqué a la historia desde ahí. Después, al investigar y escuchar otras voces, pude verla desde otros lugares y entender su historia de una manera más compleja’, explica.

    Finalmente, esa mirada volvió a encontrarse con la empatía: ‘Y finalmente volví a sentir una enorme compasión por ella, cuando pude comprender con mayor profundidad el contexto social en el que había vivido y el dolor que había atravesado‘.

    ‘Un hijo propio’: De la realidad a la ficción

    Hay una frase de la jueza que aparece en el documental y que funciona también como una de las claves para entender la historia: la vida real puede superar aquello que sería posible imaginar en la ficción.

    Para la directora, esa expresión resume precisamente una de las características más desconcertantes del caso. ‘La realidad puede ser mucho más insólita. Uno ve la película y hay momentos en los que cuesta creer que todo eso realmente ocurrió; parece mentira y, sin embargo, pasó’.

    Pero si algo distingue al documental es que no busca quedarse en el impacto de lo extraordinario, tiene la intención es mirar qué existe detrás de una historia que, en apariencia, podría reducirse a un delito.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    Alejandra necesitaba contar su historia desde otro lugar, lejos de la narrativa mediática que la había reducido a los hechos. ‘Ella necesitaba contar su historia desde otro lugar, no solamente desde el lugar en que había sido contada por los medios, que era el de los hechos y el delito. Necesitaba volver a mirar su propia historia con perspectiva’.

    El otro lado de la historia

    Para comprender lo sucedido, también era necesario escuchar a Mayra, la otra cara de la historia. Su participación implicaba volver a un episodio doloroso, pero su testimonio resultaba fundamental para ampliar la mirada sobre lo ocurrido.

    ‘Mayra fue muy valiente. Para nosotros era fundamental contar con su testimonio para poder comprender realmente lo que había pasado, y para ella participar en la película significaba revivir un dolor muy grande‘, señala la directora.

    En ese encuentro entre ambas historias aparece una de las ideas centrales del documental y es que, no existen respuestas sencillas. La película no busca establecer una división absoluta entre víctimas y victimarias, entre buenos y malos, sino mostrar la complejidad de las circunstancias porque al final, somos seres humanos tan diferentes como complejos.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    ‘Para mí, es finalmente la historia de dos mujeres que sufrieron muchísimo’, afirma. ‘No hay un bueno y un malo. Hay una mujer que comete un delito y se equivoca, pero al mismo tiempo podemos comprender el dolor y el contexto que hay detrás de sus actos. Y está Mayra, que fue profundamente dañada por esos actos’.

    Es por eso que queda una conclusión clara: ‘La realidad tiene muchos matices y es mucho más compleja de lo que permiten los estereotipos’.

    Las ausencias de un sistema que no supo mirar

    Otro de los aspectos que el documental pone sobre la mesa es el papel del sistema de salud y las distintas instituciones que estuvieron presentes —o ausentes— en la vida de Alejandra.

    Después de atravesar tres pérdidas de embarazo, Alejandra nunca recibió apoyo psicológico. El primer acompañamiento de este tipo llegó cuando ingresó a prisión. Al mismo tiempo, un médico le otorgó una licencia prenatal sin que estuviera embarazada.

    Para la directora, estos hechos evidencian una cadena de fallas que no puede atribuirse a una sola persona. Al respecto, expresa: ‘Siento que aquí hay un sistema que le falló profundamente a Alejandra y que, de alguna manera, todos somos responsables’.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    Hubo una sociedad que no la miró, una familia que no la vio, una pareja que no la vio y un sistema de salud que tampoco supo verla’, añade.

    Es por eso que más que una historia construida a partir de una sola decisión, el documental muestra una acumulación de ausencias. ‘Alejandra estaba esperando que alguien la acompañara, que alguien la viera. Pero nadie lo hizo, y esa suma de ausencias y fallas es lo que finalmente termina convirtiendo la historia en un drama enorme’.

    La presión de la maternidad

    En el centro de la película aparece una pregunta que trasciende el caso de Alejandra: ¿qué ocurre cuando una decisión profundamente personal se convierte en una expectativa colectiva?

    Alejandra no quería ser madre, pero la presión de su entorno, el deseo de complacer a los demás y el temor de perder a su pareja terminaron colocándola en una situación extrema. Para la directora, aunque su historia es excepcional, las presiones que la atraviesan no lo son.

    ‘Toda la presión que vivió Alejandra resuena mucho conmigo y creo que también con muchas mujeres’, explica. ‘Su caso es extremo, por supuesto, pero todas podemos reconocer esas presiones invisibles que existen en torno al deseo de ser madre’.

    Esas presiones no siempre aparecen de manera evidente. Pueden esconderse detrás de preguntas familiares, comentarios aparentemente inocentes o juicios cotidianos sobre las decisiones de una mujer.

    ‘Una decisión que debería ser profundamente personal, privada e individual termina volviéndose colectiva: todos sienten que tienen derecho a preguntar, opinar o emitir juicios sobre el deseo de maternar o no hacerlo’, afirma.

    Y la presión no termina con la maternidad. La mirada social también determina cómo se espera que las mujeres ejerzan ese rol: cómo deben criar, qué decisiones deben tomar y qué tipo de madres deberían ser. ‘Hay pocas maternidades que estén realmente libres de la mirada y del juicio del entorno’, reflexiona.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    Una conversación que busca ir más allá del documental

    Más que ofrecer una respuesta definitiva, el documental busca abrir una conversación, una que pueda trasladarse de la pantalla a las familias y a los espacios cotidianos donde muchas veces se reproducen, sin intención, los mismos mandatos que atraviesan la historia de Alejandra, a pesar del paso del tiempo.

    Es por eso que la directora admite: ‘Me encantaría que la película generara conversaciones, incluso dentro de las familias, y que pudiéramos reconocer cómo muchas veces ejercemos presión sin darnos cuenta, a través de preguntas o comentarios que parecen inocentes, pero que pueden generar mucho daño’.

    Un hijo propio Netflix
    Foto: Cortesía Netflix.

    La historia también invita a cuestionar por qué el deseo de maternar —o la decisión de no hacerlo— continúa siendo un asunto sobre el que tantas personas sienten que tienen derecho a opinar.

    ‘El camino hacia la maternidad —y también la decisión de maternar o no— es profundamente personal y privado, y no debería estar tan expuesto a la opinión de los demás’, sostiene.

    ‘Un hijo propio’ revive una historia que alguna vez fue contada desde el escándalo para plantear preguntas sobre la empatía, la responsabilidad colectiva y los mandatos de género. Porque detrás de un caso que parecía imposible de imaginar hay algo mucho más reconocible, se trata de una sociedad que todavía tiene dificultades para aceptar que la maternidad también puede ser una elección, y que esa elección pertenece únicamente a quien decide vivirla.

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